ADICTOS AL AMOR


La adicción al amor o codependencia se refiere a la obsesión que se puede padecer hacia una persona o relación. El adicto siente que no puede vivir sin ese otro y lo lleva a tener actitudes posesivas.

Por Romina Paula Almerich

Verónica camina por Parque Centenario. Como cualquier otra persona que hace deporte, lleva puesto su equipo de gimnasia y su pelo largo y lacio juega con el viento de la tarde de invierno. Son las cinco de un jueves que en cierta forma anticipa la primavera, ella cierra los ojos por un momento mientras respira profundo. “Vengo a hacer meditación a este lugar, no sólo a ejercitarme, se formó un lindo grupo de gente con la que podes hablar de diferentes temas”, cuenta con una sonrisa grande y apura su paso para llegar antes que el instructor comience con la rutina.

Hace apenas unos meses su mundo giraba alrededor de una sóla persona, sus pensamientos estaban ocupados por Julián desde que se levantaba, hasta que terminaba el día. Vivía pendiente de su mundo, que le gustaba y que odiaba, todo para convertirse en la persona en la cual él pudiera confiar. “Pensaba que yo sabía más de sus emociones que él, quería que me viera como la única capaz de hacerlo feliz.” “No me daba cuenta que de esta forma me iba alejando de todos mis amigos, porque mi mente estaba muy ocupada por una sola persona”, dice Verónica algo avergonzada.

Respecto a la adicción al amor el doctor Rubén Ariño manifiesta que la patología comienza cuando no se puede vivir sin ese objeto, todo el pensamiento gira en torno a esa otra persona y cuando no se tiene se sufre mucho. Se entra en un juego de donde será difícil salir, los miedos comienzan a formar parte de su vida y el pánico mayor estará generado por la pérdida de ese preciado amor. Cómo con cualquier otra droga, su vida depende de esa persona y se piensa que sin él, la vida no tiene sentido.

Sin darse cuenta, Verónica, había entrado en este juego enfermizo. No podía pensar ninguna situación o momento en la vida donde su amor no estuviera incluído. “Quería convertirme en alguien esencial para su vida, que me necesitara de la misma forma que yo lo hacía, convertirme en lo más importante”, agrega. Como su caso hay muchos más, el terapeuta explica que se está en presencia de personas con baja autoestima, que sienten que su vida depende de ese otro, no hay nada más allá de ese ser, que ocupa la mayor parte de su tiempo.

Quienes sufren esta patología idealizan a su pareja hasta casi convertirla en un ser divino, no les permite ver al ser humano detrás de la imagen creada, quedando expuestos a malas relaciones. La fuerte dependencia que crean con su pareja los lleva a una pérdida de autonomía. Tampoco dan lugar a las opiniones de amigos y familiares, su vida gira en torno a la persona amada, creen que de esa forma son felices. Quieren convertirse en una parte fundamental de ese otro y para eso harán lo que sea, borrando toda autonomía”, agrega el psicólogo.

Una vez concluida la meditación grupal en el parque, Verónica camina sobre el pasto un rato inmersa en sus pensamientos. Su metro cincuenta y seis pasa desapercibido entre medio del resto de la gente, luego vuelve a sentarse para continuar la charla. “LLegué a un punto de estar obsesionada con él, hasta fui capaz de mover cielo y tierra entre mis contactos para conseguirle un trabajo”, comenta. “Creía que me hacía feliz estar ayudándolo en todo y cuando no me lo agradecia me sentía muy ofendida. Vivía pensando qué pasos seguir para que él solo pensara en mí, que era la mejor mujer para su mundo”, comenta.

Así como ella hay muchas personas que lo sufren, el doctor no arriesga un porcentaje específico de cuál sería la cantidad de hombres y mujeres que padecen este tipo de dependencia, pero sí que en su mayoría son de sexo femenino. “Para superarlo se necesita un fuerte trabajo en la autoestima de la persona, además no se trata de elegir una teoría determinada y que el paciente se el paciente la acepte, sino de ir probando diferentes técnicas y elegir la más adecuada, la idea es que se sientan cómodos”, informa.

Recostada en el parque, recuerda el día es que su amor le dijo que ella era una persona demasiado buena para él, que no se merecía una mujer así. “Son las palabras que utilizan todos los hombres cuando quieren dejarnos, no me había dado cuenta que estaba a su servicio, que él se había aburrido de mí”, exclama Verónica. “La crisis en la pareja comienza cuando el hombre se cansa, una vez que se pierde la admiración hacia el otro, porque si no aporta nada a la pareja y todo depende de su visión, esa persona se termina cansando”, expresa el psicólogo.

Verónica se levanta y camina por las calles que separan el parque del departamento donde vive con su madre. Agiliza el paso entre los deportistas que corren ajenos a su historia. Su cabellera castaña vuelve a agitarse con el viento, mira las estrellas que se multiplican en el cielo despejado y respira de forma profunda mientras entrecierra los ojos por unos segundos. Lo que más le costó asumir es el vínculo tóxico que había creado con este hombre, un amor desproporcionado donde solo una parte brindaba todo y, el otro solo se dedicaba a recibir.

“Me levanté una mañana y mire mi cara en el espejo del baño, tenía los ojos hinchados de haber llorado gran parte de la noche, miré el celular y no tenía ningún mensaje. La realidad es que me había convertido en una sombra de la mujer que había sido, todo para agradar a un hombre que no necesitaba tanto sacrificio de mi parte”, dice.

La patología se supera cuando se admite que el comportamiento no es normal, una vez que se llega a la consulta, la persona está asumiendo que tiene un problema.” “La terapia puede durar de seis meses a un año, dependiendo de cada paciente y como cualquier otra adicción, se necesita cambiar el foco del placer, no eliminarlo”, dice el psicólogo. Se trata de buscar algo que le agrade a la persona y pueda reemplazar la dependencia, se cambia un placer por otro, porque sino la terapia no será efectiva.

Ella recorre esas cuadras con pasos tranquilos pero firmes, recuerda que al llegar por primera vez a la consulta con su psiquiatra lo hizo por un tema de angustia, fue él quién la ayudó a ver que estaba dentro de una relación patológica, que no la iba a ayudar como persona. “Él sacaba lo peor de mí, ahora, cuando paso todo este tiempo me doy cuenta de que soy libre. Encontré muchas cosas que puedo hacer para mí sin depender de nadie”.

“El próximo hombre que esté a mi lado tiene que ser alguien que me acompañe y me deje evolucionar como persona, respetando mis espacios y complementandonos al mismo tiempo”, agrega. Verónica esboza una gran sonrisa y cierra la puerta de vidrio de la entrada del edificio, mientras camina tranquila por el pasillo que la separa de la puerta del ascensor.

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