AGROTÓXICOS: UN SILENCIO CON INTERESES


En los últimos años la soja fue el cultivo que más influyó en la economía Argentina. El denominado “Boom de la Soja” comenzó en los años 80’s, pero fue en 2003 cuando su valor cotizó con un record de 220 dólares la tonelada. Lo que fue una buena noticia para los sectores agropecuarios y económicos, derivó en una pesadilla para toda una población, que en silencio sufre sus consecuencias. Las zonas de cultivo de soja abarcan 19 millones de hectáreas, el 46% del total de plaguicidas utilizados en el país, son para plantaciones sojeras. De los rubros de la industria de agroquímicos, el 62% corresponde a los herbicidas.

Hoy no sólo en Argentina, sino en el mundo entero los daños causados por los efectos secundarios de éstos pesticidas son de público conocimiento. Distintos sectores luchan día a día y se manifiestan para concientizar a la población, sin embargo los medios de comunicación, e incluso los gobiernos, miran para otro lado. Según los relevamientos de estos sectores, el 95% de los alimentos expuestos en las góndolas de los supermercados, están afectados por éstos químicos.

La muestra del fotoperiodista Pablo Piovano en el Palais de Glace (“El Costo humano de los Agrotóxicos”) es contundente. Decenas de fotos reflejan las distintas malformaciones y las muertes de los habitantes de los pueblos fumigados, sin embargo, ningún medio masivo de comunicación dedicó una investigación profunda, o un informe al respecto.

Los intereses generados alrededor de éste fenómeno económico y catástrofe patológico, son notorios. La producción agropecuaria, según el Ministerio de Salud Ambiental, representa aproximadamente el 32% del PBI argentino, el 60% de las exportaciones, y el 90% de los alimentos que se consumen en el país.

Tales números justifican al gobierno hacer una vista gorda. El 26 de noviembre de 2011, el ministro de ciencia y tecnología Lino Barañao manifestaba su posición favorable respecto a las propiedades del glisfosato (el herbicida más utilizado). Concluía su exposición declarando que “el glisfosato mataba a las plantas”. En el evento se encontraba Hebe de Bonafini, que agregó “y a las personas también”. Barañao concluyó con una frase poco alegre: “No está probado. Hay gente que se ha tomado un vaso de glifosato para suicidarse y no le pasó nada. El herbicida podría ser tan dañino como ‘el agua con sal’”. Sin embargo, el 6 de mayo pasado, el ejecutivo de la empresa Monsanto (líder en el mercado de herbicidas), Patrick Moore, se negó rotundamente a tomar un vaso de esa “agua con sal”.

El caso de Fabián Tomasi, parece desconocido para Barañao. Como muchos habitantes de los pueblos rurales de Entre Rios, Tomasi estaba encargado llenar los tanques de los rociadores de herbicidas. Hoy, con 47 años, sufre raquitismo y diversas malformaciones producto de los tóxicos emanados.

Otro caso, y el primero en conseguir una condena fue el de Sofía Gatica, vecina de Ituzaingó, cuyo bebé falleció a poco de nacer. Ella hizo una denuncia que dio lugar a la primera sanción que hubo en Argentina por el uso ilegal de sustancias agroquímicas.

Tomás Steinhardt, sociólogo de UBA especializado en sociología rural, agrega que en el conurbano bonaerense, no solo en la zona de Ituzaingó, sino también en Malvinas Argentinas, y mismo en la ciudad de Córdoba, el 80%  de los chicos presentan glifosato en sangre.

Por supuesto, el caso de Tomasi y el de Gatica no son aislados. Los médicos argentinos advierten que hay 12 millones de personas afectadas, directa o indirectamente, por vivir en zonas rurales donde se utilizan herbicidas. En Santa Fe, las tasas de cáncer son entre dos y cuatro veces más altas que el promedio nacional. En el Chaco, los defectos de nacimiento se cuadruplicaron desde que el uso de esta biotecnología aplicada al campo se dispararó hace 17 años.

Un médico, que prefiere resguardar su identidad, declara que “estos temas no van a salir a la luz, hasta que no haya más casos de cáncer”.

  • ¿Pero no existen hoy casos de cáncer suficientes como para advertir este tema?
  • Lamentablemente no. En los pueblos rurales mueren cientos de personas todos los años, pero como el motivo de muerte es “cáncer”, la gente no indaga en los motivos por los cuales ese cáncer se produjo.
  • ¿Y con el tiempo cree que van a aumentar estos casos?
  • Si, eso ya está ocurriendo ahora. Y habrá que ver, cuando el Estado quiera saber cuáles son los motivos de tantas muertes. Pero se necesitan de más casos para que la sociedad tome conciencia.

El Glisfosato

Andrea Druetta es una maestra rural de Alvear,  provincia de Santa Fe. Una ley impide que se rocíe glifosato a menos de 500 metros de su hogar. Sin embargo, nadie parece conocer esa disposición, y una tarde en 2009 mientras sus hijos jugaban en la piscina, una avioneta los roció con herbicidas.

En el mundo y en Argentina se habla mucho sobre el glifosato, pero pocos conocen de que se trata en realidad. “Primero y principal, es un herbicida, no un pesticida”, afirma el bioquímico ambiental de UBA Matías Murúa.

Murua se encuentra en la facultad de medicina, donde se recibió hace un año, el tema de los agrotóxicos es de su interés por diversos motivos. Sostiene que en algunos casos se exagera sobre los daños, y que en otros se los subestima demasiado. Sobre el hecho de que el Estado “mire para otro lado” sostiene que no es por una cuestión de negligencia sino por motivos económicos.

Al glifosato lo usan para matar yuyos y porquerías que atentan contra el crecimiento del cultivo de interés comercial. Mata a la planta impidiéndole sintetizar aminoácidos”, declara Murúa. Como bioquímico que es, sostiene que desde la ingeniería del producto es muy eficiente, de una trascendencia nunca antes vista.

Quien ideó el glifosato es la empresa estadounidense Monsanto, fueron sus químicos los que encontraron la faceta de éste producto como herbicida, y lo patentó bajo el nombre “Roundup”. El producto inmediatamente fue copiado por la competencia, y para poner fin al problema Monsanto sacó al mercado el producto “Roundup Ready”, que según Murúa es “maravilloso”: “sembrás la soja, tirás pesticidas y glifosato, y lo único que crece es soja. Obviamente esa resistencia es post modificación genética”. El tema lo apasiona, enfatiza su voz y sonriendo concluye: “Si será bueno, que se usa para combatir cultivos ilegales a gran extensión, por ejemplo plantaciones de coca”.

Cuando se le pregunta sobre la toxicidad de éstos productos, contesta sin vueltas: “Por supuesto”. Sostiene que de todas formas, siempre depende del porcentaje. “El Ministerio de Salud sostiene que bajo un determinado porcentaje no son nocivos, de todas maneras lo que hay que preguntarles es cómo controlan el residual que queda en las plantaciones entre una fumigación y otra. Ahí está el tema”.

En una consulta realizada a Monsanto, en su oficina de la Ciudad de Buenos Aires en la calle Maipú 1210, adhiere a lo comentado y argumenta que “la seguridad es un tema de vital importancia para nosotros. Ninguno de nuestros productos implica riesgos para la salud humana, animal o para el medio ambiente. Como los medicamentos, nuestros agroquímicos atravesaron estrictos controles antes de llegar al mercado.  Esto lo estableció a nivel mundial la OMS y a nivel nacional el SENASA.” Esta información resulta falsa, fue desmentida por la misma OMS en marzo del año pasado.

Murúa cierra la conversación planteando una solución al debate, y refutando lo manifestado por Monsanto: “respecto del glifosato y de todos los pesticidas y herbicidas, la única forma real de evaluar toxicidad es usando humanos o células humanas”. Hace una pausa, sabe que su declaración es demasiado contundente y remite a los peores experimentos algunas vez llevados adelante. “Te podrás dar cuenta de la dificultad, costos y hasta imposibilidad de realizar tal cosa”. Sonríe, ya relajado luego de semejante planteo. “Por eso es que permanentemente autorizan químicos porque a ratones, perros y conejos no les pasó nada más que una irritación o tos, y a los 20 años resulta que todas las personas expuestas acumularon el químico en la grasa (lugar común para que estos químicos se depositen y fijen) llegando a concentraciones dañinas, y ahí lo suspenden”. Una vez cerrada la idea, abre sus manos y concluye con una mirada escéptica: “Lamentablemente es la forma en que todo funciona, desde estos químicos hasta alimentos y fármacos“.

Un informe realizado en 2009 por la Comisión Nacional de investigación sobre agroquímicos, decreto 21/2009 consejo científico interdisciplinario, creado en el ámbito del CONICET,  alude que:

  • En cuanto  se  refiere  a  los  efectos  del  glifosato sobre  la  salud  humana,  los estudios  epidemiológicos  revisados  no  demuestran  correlación  entre  exposición al  herbicida  e  incidencia  en  el  cáncer,  efectos  adversos  sobre  la  gestación,  o déficit de atención o hiperactividad en niños. Tampoco se ha demostrado que el glifosato favorezca o provoque el desarrollo de la enfermedad de Parkinson. Si  bien  se  ha  señalado  un  aumento  en  la  incidencia  de  aparición  de  defectos  de nacimiento  y  de  anormalidades  en  el  desarrollo  de  hijos  de  aplicadores  de glifosato,  es  difícil  establecer  una  relación  causa-efecto,  debido  a  interacciones con   agentes   ambientales   (generalmente   mezclas   de   sustancias)   y   factores genéticos.  
  • Los trabajadores  expuestos  al  glifosato  formulado  muestran  con  frecuencia efectos irritativos a nivel de piel y mucosas. 
  • El glifosato  es  una  sustancia  de  baja  persistencia  y  limitada  potencialidad  de bioacumulación  y  toxicidad  sobre  organismos  no    No  obstante,  su  uso masivo  y  extendido amerita una evaluación  constante de  corto, mediano  y largo plazo,  referente  a  sus  potenciales  efectos  nocivos sobre  la  salud  humana  y  el ambiente,  comprendiendo  las  interacciones  entre  organismos,  la  posible  pérdida de hábitats en agro-ecosistemas, así como su interacción con otros agroquímicos.
  • La contaminación  de  aguas  subterráneas  con  glifosato  resulta  poco  probable, excepto  en  el  caso  de  un  derrame  apreciable  o  de  otra  liberación  accidental  o descontrolada.  En  aguas  superficiales,  la  sustancia puede  encontrarse  cuando  se plica  cerca  de  los  cuerpos  de  agua,  por  efecto  de la  deriva  o  a  través  de  la escorrentía. Estudios en otros países indican que la persistencia del herbicida en el  suelo  podría  alcanzar  6  meses,  si  bien  debe  considerarse  que  el  clima templado,  como  el  de  algunas  regiones  de  la  Argentina  donde  se  lo  utiliza, aumentaría la velocidad de degradación del producto y su metabolito. El  principio  activo  del  glifosato  y  sus  formulaciones  han  mostrado  muy  baja toxicidad aguda para los organismos acuáticos, con leves efectos adversos sobre distintos  organismos  no  blanco  de  diferente  nivel  de  organización  y  escala trófica.
  • Los efectos  del  glifosato  en  organismos  terrestres,  permiten  concluir  que  su toxicidad  varía  según  se  encuentre  como  formulado  o como  principio  activo,  la especie evaluada y el estado de desarrollo de los organismos. De manera general, se   puede   concluir   que   la   toxicidad   es   leve   o   moderada   y   se  manifiesta mayormente como efectos sub letales. 
Pedido de acceso público a la información

Pedido de acceso público a la información

El trabajo Rural

Lucas Techeira tiene solo tres años y es de Colonia Aurora, Misiones. Nació con Ictiosis, una afección que resquebraja la piel. Se lo conoce como niño cristal. Su padre Arnoldo tuvo que abandonar su trabajo en las plantaciones de tabaco cuando nació su hijo. Su madre, Rosana Gaspar, manipuló sin protección glifosato en su huerta durante el embarazo.

Las zonas rurales afectadas son, por la soja nada más, 19 millones de hectáreas. Argentina es un país, que históricamente ha encontrado en la producción de alimentos, su sustentabilidad económica.

Según la Bolsa de Comercio de Soja, en 2015 la distribución geográfica de las plantaciones de soja fue la siguiente:

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Las zonas de mayor cultivo, por supuesto, coinciden con las zonas de mayor consumo de herbicidas.

Los productos como el maíz, la soja y el girasol representan el mayor volumen de cultivos, casi duplicando los índices del trigo, cebada y colza. El primer grupo comprende a los cultivos de verano, el segundo, a los cultivos de invierno. Todo esto implica que el uso de herbicida aumente y sea el principal agroquímico utilizado (entre el 70 al 97%) seguido de los insecticidas.

El 22 de abril, la Universidad de La Plata presentó un informe sobre la actualidad en los pueblos rurales del norte de Buenos Aires. Esta investigación fue dirigida por el Ing. Agr. Santiago J. Sarandón, Profesor Titular de Agroecología. Este informe denuncia que en las ciudades de Salto, Rojas, Junín, Arenales, Colón, Pergamino, Arrecifes, Ramallo y San Nicolás el grado de utilización de agroquímicos es alarmante.

El informa refleja que en estas ciudades se detectan residuos químicos en el suelo, en el aire y en el agua. Lo cual extiende la contaminación hasta los fardos de pastos con que se alimenta al ganado. Extendiendo así el daño no solo a la carne, sino a la leche.

El informa refleja que en estas ciudades se detectan residuos químicos en el suelo, en el aire y en el agua. Lo cual extiende la contaminación hasta los fardos de pastos con que se alimenta al ganado. Extendiendo así el daño no solo a la carne, sino a la leche.

El principal factor de daños, es que la gran mayoría de los empleados rurales no cuenta con la indumentaria requerida para tareas de aspersión manual. Se suma también lo que declaraba el bioquímico Murúa, “las mediciones sobre los daños de estos herbicidas no son del todo precisas y quedan sujetas a debates e interpretaciones. No hay estudios contundentes sobre las delimitaciones de márgenes que debe haber en las zonas de fumigación y los poblados.

Si sumamos a esto lo manifestado, respecto a las ganancias que generan estas fumigaciones, todo se torna sospechoso. Y se puede interpretar que estos “baches de información” son intencionales.

Uñas quemadas de la mano de un hombre que trabajó nueve años como aplicador . A demás padece de cirrosis, tres hernias de disco y tiene agroquímicos en sangre. Foto: Pablo Piovano.

Uñas quemadas de la mano de un hombre que trabajó nueve años como aplicador . A demás padece de cirrosis, tres hernias de disco y tiene agroquímicos en sangre. Foto: Pablo Piovano.

Los motivos

Los gemelos Aldo y Maximiliano Barrios, nacieron en Roque Sáenz Peña, Chaco. Ambos padecen una grave afección por microcefalia congénita, una de las dolencias asociadas al empleo de neurotóxicos en la agricultura transgénica. 

La producción de soja representa el 32% del PBI de Argentina, y el 60% de las exportaciones está dada por estos cultivos. Para el país, prescindir del cultivo representa un costo imposible de sustituir. Sumado a esto, en su discurso en el Congreso, el presidente Mauricio Macri declaró que “Argentina tiene que volver a ser el Supermercado del mundo”.

Pero no solo se trata de exportar. Un negocio que no es menor es la producción de alimentos para consumo interno, y el negocio a su alrededor. La cantidad de productos que incurren en estos químicos para asegurar su rentabilidad, y satisfacer la demanda es tan amplia que resulta inimaginable. Desde leche para bebés hasta chocolates y helados.

Greenpeace el año pasado realizó un relevamiento sobre las marcas y sus gamas, dando por resultado más de 400 productos finales, con mayor o menor nivel de toxicidad.

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¿Cómo un puede, algo tan grave, no salir a la luz?

Jesica Sheffer es de Colonia Aurora, Misiones. Sufre malformaciones de tendones que le impiden erguir su cuerpo. Es una de las tantos niños que nacieron con malformaciones en zonas de fumigación.

Son más de 400 productos contaminados que se encuentran en góndolas de todo el país. Son marcas internacionales que invierten en todo el mundo y alimentan a millones de persones. Si adherimos también que estos productos utilizan a los medios para publicitar, el motivo es más evidente.

Hoy la publicidad es el principal ingreso que tienen los diarios. Desde la aparición de internet, las ventas de periódicos fue disminuyendo año tras años. Hoy perdura en gran medida por solicitud de sus anunciantes,  en particular las cadenas de Supermercado, que solicitan el formato impreso para poder anunciar sus ofertas los fines de semana.

Según las estadísticas de la página “Pauta Más”, que asesora a los anunciantes sobre qué medio le resulta más conveniente, tanto por su público como por los costos, la tirada de los diarios durante 2015 fue la siguiente:

Diario La Nación
Tirada: Domingo 350.000 ejemplares
Tirada: Lunes a Sábado 180.000 ejemplares

Diario Clarín
Tirada: Domingo 600.000 ejemplares
Tirada: Lunes a Sábado 300.000 ejemplares

El ingreso por publicidad, sumado a las suscripciones a una tarjeta con descuentos (en los mismos anunciantes), fue una maniobra que sirvió a los diarios Clarín y La Nación para no perder más ventas, de las que ya venían teniendo.

El tarifario de publicidad del diario Clarín es el siguiente:

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Una página completa, como podemos observar, de lunes a viernes cotiza 1 millón trescientos mil pesos, mientras los fines de semana aumenta a 2 millones doscientos mil pesos. Si uno recorre el diario Clarín, de un solo anunciante nomás (Supermercado Coto) puede contar entre cuatro y seis páginas.  En sólo un día sábado, el ingreso para el multimedio supera los 10 millones de pesos.

Por supuesto Coto anuncia descuentos en una amplia gama de productos, de los cuales gran parte contienen, en mayor o menor medida, agrotóxicos.

Si bien 600 mil ejemplares vendidos, a un valor de 35 pesos, da una cifra más que apreciable (2 millones cien mil pesos) el monto de ingreso por publicidad supera (y por mucho) a éste valor. Lo que permite deducir, que para éste diario (como para cualquier otro) el negocio está en los anuncios, más que por la tirada en sí misma.

Respecto a la poca divulgación sobre el tema de agrotóxicos, teniendo en cuenta los daños que conlleva el consumo de estos productos, el fotoperiodista Pablo Piovano adhiere a la idea de una complicidad, o pacto de silencio entre los medios y las empresas.

Existe una gran complicidad por parte de los medios concentrados. Y  por otro lado, es muy fuerte la influencia que tienen estas corporaciones agro industriales en el Estado.” Piovano se encuentra en su oficina del diario Página 12. Ha sido, durante los últimos años, el periodista más renombrado en el tema de agrotóxicos. Su muestra, mencionada anteriormente, “El Costo Humano de los Agrotóxicos”, le permitió llevar sus denuncias a distintos países de Europa.

Piovano, para su investigación, recorrió distintos pueblos fumigados. Sus fotos son la denuncia más contundente respecto al daño que estos productos causan, y su impacto resulta contundente para quien las vea. “Esto viene  de hace 20 años atrás, desde 1996 cuando Argentina prueba con la corporación Monsanto la entrada de la soja transgénica al país y el uso de herbicidas. Luego de eso entraron 25 corporaciones más al país y años después tenemos este escenario donde se ha multiplicado el uso de agro tóxicos y casi todo nuestro alimento está hecho en laboratorios. Eso indudablemente trae riesgos para la salud”,  declara.

Estos hechos, no pueden ocurrir sin negligencia o complicidad del Estado. Piovano agrega al respecto: “Cuando se aprobó esto se hizo a espaldas del pueblo, con folios en inglés, en un tiempo muy acotado -tres meses-  y sin contrastar con científicos independientes del Estado. Simplemente con un estudio que trajo la corporación, hecho en cuatro meses.”

Al cerrar la nota, con énfasis Piovano argumenta: “lo que en verdad está en juego acá es la soberanía alimenticia.

Huertas Orgánicas

Huertas orgánicas y agroecológicas, la otra cara de la moneda

“Sólo cuando el último árbol esté muerto, el último río envenenado, y el último pez atrapado, te darás cuenta que no puedes comer dinero.” Sabiduría indoamericana

Las huertas orgánicas y agroecológicas surgieron de la preocupación que genera el impacto ambiental que producen los cultivos agrícolas con agroquímicos. Cada vez hay más proyectos en el interior del país y en Capital Federal, que tienen por objetivo brindar alimentos sanos, sin necesidad de usar agrotóxicos y promoviendo técnicas que no afecten el medio ambiente. Las semillas de estos proyectos se diferencian de las transgénicas OGM (Organismo genéticamente modificado). La semilla campesina es patrimonio de la humanidad, en cambio las semillas modificadas genéticamente están patentadas por empresas multinacionales y usadas según los intereses de empresarios. Los OGM, están limitados por la manipulación de genes y generan dependencia alimenticia debido al control monopólico de la producción de alimentos.

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Producir en forma orgánica significa producir en base a un reglamento. La reglamentación y la certificación orgánica se centran en la seguridad del consumidor y del medio ambiente. Con ello, se pretende obtener un producto química y bacteriológicamente sano,  que haya sido producido sin dañar al medio ambiente con residuos tóxicos. La agroecológica, en cambio, abarca otros temas como la producción a partir del diálogo de saberes entre la academia y el campesinado; entre la tradición y los conocimientos científicos; buscando las tecnologías que permitan producir en forma sustentable y saludable de acuerdo a los dictados de la naturaleza; respetando la diversidad biológica y cultural. En la agroecológica tampoco se utilizan productos químicos.

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La industria agroalimentaria Monsanto está prohibida en diversos países, por posibles daños en el ambiente, en la salud y en las calidad de los cultivos.

Por otro lado, independientemente de las empresas, en Capital Federal, se llevan a cabo proyectos agroecológicos. Así es como en el barrio de Almagro, en el Centro Cultural “El Archibrazo” se da lugar a uno de ellos. “Funciona como un colectivo que integra a sus participantes en una red pedagógica comunitaria, basado en la soberanía alimentaria como derecho humano y corazón de la transformación de la vida”, cuenta Sara Froidurot colaboradora del proyecto “El Buen vivir”, conformado por productores en transición agroecológica. “El INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) trae semillas para volver a la soberanía alimentaria a este nivel y al derecho a la adquisición de semillas“, agrega. Froidurot cuenta que el proyecto está conformado por un medio de consumo responsable y que la idea es facilitar la comercialización y la adquisición de alimentos sanos y soberanos para toda la comunidad. “Para combatir las plagas se usan preparaciones naturales de maceración de plantas y asociación de flores“, afirma. Pero, ¿Sería posible alimentar a toda la población mundial con este tipo de agricultura? varios expertos en el tema piensan que sí, entre ellos, los técnicos de la FAO, organismo dependiente de la ONU. Hay informes que aluden que sistemas de producción agrícola y ganadera, ecológica y sustentable, podrían abastecer la demanda mundial de alimentos sin ningún problema.

Producción de alimentos orgánicos y producción de alimentos transgénicos, las dos caras de una misma moneda: el negocio alimenticio, uno de los más codiciados en el mundo y del que no se puede prescindir. Uno genera millones en ganancias y es publicitado por los medios masivos de comunicación, mientras que el otro no, pero respeta y cuida los valores relacionados con la tierra.

La tierra provee lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada hombre, pero no la avaricia de cada hombre“, Mahatma Gandhi.

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