ALQUILERES: CUANDO EL ABUSO ES LA MONEDA DE CAMBIO


Los extranjeros que viven en la ciudad sufren especialmente las exigencias, la falta de regulación y, en muchos casos, la usura de propietarios e inmobiliarias.

Por Sandra García Moreno

Son las tres de la madrugada y el diagnóstico del médico de guardia del Hospital Alemán es contundente: infección del aparato respiratorio superior a causa de las sustancias tóxicas del moho. María Paula vive en un departamento de alquiler temporario en Palermo junto con otras dos compañeras y desde hace un año el moho se ve, se siente y se respira. Las paredes están marcadas por manchas verdes irregulares y el olor a humedad lo impregna todo: la ropa, las habitaciones, las sábanas de las camas en las que duermen.

Alejandra, una de las tres inquilinas, coloca paños de agua fría sobre la frente de María Paula para tratar de bajar los 39º grados de fiebre. “Lleva una semana en cama y en estos siete días ya la hemos llevado dos veces al hospital de urgencia. He llamado y he ido personalmente a la inmobiliaria para explicarles la situación y lo único que saben decirme es que si no estamos a gusto, que nos vayamos, o que paguemos nosotras a un especialista en este tema. Lo que pasa es que no podemos irnos porque renovamos el alquiler hace tres meses, cuando el moho aún no había aparecido y en caso de rescindir el contrato tenemos que pagar una multa equivalente a un mes de alquiler. No sólo estamos enfermas, es que estamos acorraladas –cuenta esta joven de 21 años, compañera de departamento de María Paula–. Nuestros papás no pueden hacerse cargo de otra comisión, otro depósito y otro mes por adelantado además de una penalización. Ninguna de nuestras familias tiene tanta liquidez. La opción que nos proponen de que paguemos nosotras la solución nos resulta imposible porque el profesional al que consultamos nos explicó que los productos que se usan para eliminar el moho tienen componentes químicos que obligan a que estemos como mínimo diez días fuera de la vivienda y no tenemos a donde irnos. Es desesperante lo que está haciendo esta gente con nosotros”.

La inmobiliaria y el propietario se desentienden de la situación a través de la séptima cláusula del contrato. “El tipo de cláusula en el que se especifica que el locador o propietario no se hace cargo de los daños o perjuicios ocurridos en el inmueble es ilegal porque se contradice con los artículos 1200 y 1201 del Código Civil y Comercial de La Nación –explica Ricardo Botana, abogado y presidente de la Unión Argentina de Inquilinos (UAI)–. Además, esto encierra una ficción porque cuando casos como este se llevan a la vía judicial el juez puede sostener que ese contrato se firmó libremente, pero la realidad es que no tenés margen de maniobra. Es una relación totalmente asimétrica la que existe entre el locador y el locatario al momento de negociar el contrato”.

La Unión Argentina de Inquilinos está desde 1992 y su principal función es la de asesorar a los inquilinos de sus derechos e informarles de los abusos que existen por parte de los propietarios e inmobiliarias.  Al no tener ninguna vía de financiación pública, la UAI cobra 600 pesos por consulta y ofrece la opción de abonar 1200 pesos por año en la que se incluye cualquier pregunta o duda por parte del inquilino. Estas cifras son impagables para algunos porque hay que tener en cuenta que la mayor parte de los alquileres temporarios son firmados por extranjeros, siendo el porcentaje más elevado estudiantes o personas que vienen de otros países de Latinoamérica que vienen a buscar trabajo y mejores condiciones de vida en la Argentina. Muchos de ellos, al no tener recursos para hacer frente al pago para recibir asesoramiento legal, continúan inmersos en constantes abusos por parte del negocio inmobiliario. “A mí me cuesta mucho pagar el alquiler, no me puedo permitir también pagarle a una asociación para que me explique mis derechos. Es muy triste, pero yo vengo de Venezuela y la situación allá está pésima. Yo además de pagar el alquiler y las facturas, mando dinero a mi familia, así que para mí 600 pesos es mucho dinero actualmente”, explica Diego, un inmigrante venezolano que paga 12.000 pesos por un monoambiente de alquiler temporario de 50 metros cuadrados.

Los requisitos económicos del alquiler temporario incluyen en la actualidad un mes por adelantado y un mes de depósito, tras la modificación de la ley 2.340 aprobada el pasado 24 de agosto de 2017, en la que se establece que la comisión la paga el propietario. Con respecto al depósito, si bien no se puede cobrar más del equivalente a un mes, son varios los casos en los que no se respetó la ley, llegando a pedir incluso un año por adelantado. “Hace unos meses fuimos a ver un departamento y nos pidieron a mi compañera y a mí un  año en efectivo y cuando le dijimos que aunque éramos extranjeras sabíamos que eso era ilegal el propietario nos respondió que o lo tomábamos o lo dejábamos. Lo peor fue cuando le dijimos que obviamente no teníamos ese dinero y nos empezó a faltar al respeto por nuestra condición de inmigrantes y llegó a decirnos que por recibir a peruanos y bolivianos el país estaba así”, explica Andrea, una estudiante que vino de Lima hace año y medio. “Como saben lo caro que están los deptos acá hacen lo que quieren. Es un abuso constante y no hay ninguna ley que diga qué se puede hacer o qué no, estamos desprotegidos, en tierra de nadie”, afirma Belén, una estudiante colombiana de derecho en la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Además de los altos precios de los alquileres temporarios en Capital Federal, los aumentos semestrales son otro de los puntos que aparecen sin resolver al no existir una ley que regule o establezca el límite de esos incrementos. “Hay un proyecto de ley que establecía un tope y que obtuvo media sanción en senadores y en diputados y al día de hoy se encuentra trabado. El hecho de que no haya una ley que regule esta problemática es porque supongo que hay mucho poder por parte de los lobbys y de las cámaras inmobiliarias”, sostiene Botana en su oficina ubicada en Suipacha 1111.

Inquilinos Agrupados (IA) es una asociación de inquilinos dirigida por Gervasio Muñoz que brinda asesoramiento legal y una de las más activas en la actualidad. Marina, integrante de IA, explica el origen de esta agrupación, que atiende a inquilinos desprotegidos en Capital Federal: “Inquilinos Agrupados surge, en un principio, como una experiencia en el ámbito sindical de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE). Varias experiencias vividas en carne propia llevaron a Gervasio a crear un espacio para atender los problemas de los inquilinos afiliados de ATE y la cantidad de consultas fue creciendo de manera exponencial y sobrepasó ese espacio, fue más allá, y siempre activando logró reunir a varios de nosotros que nos fuimos acercando con las mismas experiencias inquilinas y hartos del silencio y los abusos, nos fuimos reuniendo y organizando muy lentamente”.

Marina profundiza la explicación con respecto a la ley de alquileres que permanece trabada en la actualidad: “La ley que propusimos desde las organizaciones de inquilinos para que haya una regulación del aumento según un índice que sería un promedio entre inflación y salarios – entre otros puntos importantes – fue aprobada por unanimidad en el senado en noviembre del 2016 y hace desde esa fecha está trabada en la Comisión de Legislación General presidida por el Diputado Daniel Lipovetzky, que no sólo no convocó a reuniones de trabajo sobre la misma, sino que intentó modificarla sustancialmente para pasar a Diputados un proyecto completamente diferente, perjudicial a los inquilinos, que afortunadamente no llegó a tener aprobación tampoco. El tema quedó congelado allí y suponemos que es por un conflicto importante de intereses y una firme posición política de mantener la situación como está hasta el momento, con una ausencia total por parte del estado en materia de vivienda, permitiendo que el mercado inmobiliario imponga sus condiciones sin ningún tipo de regulación”.

“Es un negocio multimillonario que además está en su mayor parte en negro, es decir, es una evasión impositiva millonaria que tiene altísimos beneficios y muchos beneficiados y aliados en la clase política”, sostiene la integrante de IA, que se encuentra en Emilio Lamarca 1860. Varios diputados aprobaron el proyecto de ley que cuenta con media sanción: “Algunos diputados apoyan su tratamiento y le exigieron explícitamente al Diputado Lipovetzky que trate el proyecto presentado. Puedo citarte por ejemplo a los diputados Vanesa Siley, Adrián Grana, José Luis Gioja, Javier David, Daniela Castro, pero hay silencio absoluto al respecto de parte del diputado del Pro”.

Marina explica el incremento que sufren los inquilinos en la actualidad respecto del año pasado: “Los aumentos del precio del alquiler anualmente están por encima del porcentaje de inflación, con un ritmo de entre un 35 y un 40  por ciento más cada año, si no es más en algunos casos tomados individualmente. Teniendo en cuenta que el salario aumenta anualmente, con suerte, un 18 o 20 por ciento. Cada año el desfase entre el salario y el aumento del alquiler es mayor, y hemos llegado al nivel de tener que destinar más del 40 por ciento de los ingresos del hogar – tomando como mínimo dos personas – sólo en pagar el alquiler, sin contar los servicios, expensas e impuestos”. “En el anterior departamento en el que estaba me subieron el 100 por ciento del alquiler, es una vaina de locos. Tuve que irme a casa de una amiga y dormir en un colchón en medio del living hasta que encontré donde mudarme, pero tardé más de seis meses. Vivo en un monoambiente, si es que a eso se le puede llamar monoambiente porque diría que eso es un microambiente y pago 10.000 pesos. Y no es que vivo en Palermo o en Recoleta, vivo en Almagro, que se supone que es una zona más barata. De mis ingresos, el alquiler representa en torno a la mitad de mi salario”, sostiene Paula, inmigrante venezolana y que lleva en el país cinco años.

Las dos compañeras de departamento de María Paula meten ropa y objetos personales en dos bolsas de basura, han quedado inservibles por el moho. “Este bolso me lo regaló mi abuelita, tiene más de treinta años. No es el dinero, si no, cómo te explico, el valor de las cosas, la historia que tienen detrás”, cuenta Alejandra en la diminuta cocina sin ventilación del ph en el que vive.

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