BOXEO COMO REINSERCIÓN SOCIAL


Si el argentino piensa en la palabra “Boxeo” se traslada rápidamente a peleas como Oscar Bonavena vs Muhammad Ali, Pascual Perez contra Yoshio Shirai, donde el campeón olímpico se conviertó en el primer ganador albiceleste de un título mundial. O recuerda a boxeadores como Nicolino Locce, Ringo Bonavena, Carlos Monzón o, quizás, “Maravilla” Martínez para los más actuales. Aunque también este deporte de combate tiene un costado social y de conducta que se comenzó a utilizar como reinserción social en un lugar que podía torcerse a todo lo contrario, la cárcel.

Por Tobías Guido (@Tobias_Guido) y Martín Minevitz (@mminevitz)

La misma gente encargada de iniciar el proyecto “Boxeo Sin Cadenas”, en 2011, admite la tensión de ingresar a una prisión. Fernando Pereyra, actual director del programa, explica: “En aquel momento uno no sabe dónde va a trabajar y tiene su miedo, pero con el pasar de los años empezás a ver que es una parte importante para ellos, porque están esperando tranquilamente que venga el profe a buscarlos todos los días”. Tanto es el significado para los internos de las distintas unidades que “Boxeo sin Cadenas” nace en parte por su propia iniciativa, ya que dos presos de Sierra Chica practicaban boxeo dentro de la unidad. A partir de allí el jefe del penal se contactó con Fernando Pereyra, también profesor en Sierra Chica, quien se acercó a Marcos Arienti, maestro en Lomas de Zamora y en ese momento presidente del Almagro Boxing Club. Los tres le dieron un marco legal y la escuela de boxeo es la que comenzó a ceder los materiales para la práctica.
La actividad para los “profes”, así lo llaman los internos, comienza desde el momento en que ingresan al penal. “Yo busco a los presos, pasó por sus pabellones, los saco, los entreno y los devuelvo a su celda”, cuenta Fernando Pereyra, que también dijo que en el momento de la clase esta él solo con los detenidos. Sin embargo, no tiene ninguna otra preocupación más que brindar una buena clase y que a las personas privadas de su libertad les sirva para incorporar valores y conductas que no han tenido a lo largo de su vida.

Este es el objetivo de “Boxeo sin Cadenas”: lograr la reinserción social de personas que se han equivocado en algún momento. Por eso, Arienti no pierde de vista esa meta: “Nosotros intentamos que construyan su futuro en base a una posibilidad positiva y no en base a la resignación negativa, de no salir, que los lleve a los mismos hábitos que los trajeron a situación de cárcel. Es ponerlos nuevamente como protagonistas de su vida.” Aunque también saben y reconocen la dificultad de ingresar a una sociedad con muchos prejuicios: “La mayoría que está trabajando relacionado al boxeo nunca hizo pública su situación. Ni nosotros podemos decir ‘esta persona está ejerciendo en determinado club porque sería jugarle en contra al interno'”, admite Pereyra y explica que esto ocurre porque Argentina no está preparada para aceptar la realidad de personas que tienen antecedentes.
Hoy por hoy el proyecto cuenta con el reconocimiento del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) y se brinda en las unidades de Sierra Chica, Lomas de Zamora y Tandil. Se realizan festivales entre las cárceles con gente de la Federación Argentina de Boxeo (FAB) para que sea oficial. Además, brinda una licencia de profesor a los encarcelados que cumplen su pena por lo que empiezan a dar clases o continúan con el entrenamiento.
Esto también es el boxeo, un deporte amateur realizado 100% a pulmón, hecho únicamente con el esfuerzo de quienes componen el programa y donde dos oponentes llevan a cabo una actividad dentro de un ring que es a las piñas, pero que cuenta con un reglamento, una técnica, una estrategia y, sobre todo, respeto. Lo último es lo que más intenta recalcar Boxeo sin Cadenas, para que los presos puedan ganar peleas mucho más importantes que las de Bonavena, “Maravilla” Martínez o Monzón, combates donde se enfrentan a ellos mismos y los estigmas de la población.

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