CÓMO VENDERSE EN DIEZ MINUTOS PARA SER UNA ESTRELLA DE ROCK


Tocar durante años en pequeños escenarios ante familiares y amigos, o ser escuchados por multitudes. En el encuentro “Las salas te escuchan”, decenas de bandas tuvieron sus diez minutos para convencer a los productores de que estaban en condiciones para dar ese salto. Aquí, la crónica de una breve pero gran aventura.

Por Agustina Arredondo (@AgustinaArredo3) y Norman Flores (@normanesnombre)

 

“¿Las salas te escuchan?”, preguntan ansiosos a las dos de la tarde los miembros de una banda de cumbia francesa que tras conocer la respuesta de los organizadores, comienzan la espera detrás de las puertas del Auditorio de Conferencias 1 E del Centro Metropolitano de Diseño. La actividad que en minutos se realizará allí, podría generar un quiebre importante en sus carreras musicales. La edición 2013 del Festival Buenos Aires Feria Internacional de la Música (BAFIM) otorga la oportunidad de que diferentes bandas se entrevisten cara a cara con 19 programadores de los boliches y bares más importantes de la ciudad. Tras haber sido elegidos en una convocatoria que se realizó hasta el 6 de septiembre, los seleccionados aguardan su turno para poder venderse de la mejor manera posible. Ellos no saben qué entrevistan tendrán, con quiénes hablarán, pero son concientes que sólo tendrán diez minutos para mostrar sus proyectos de la forma más atractiva.

 

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Computadoras a cuestas, auriculares, mp3 y una variedad de looks. ¿Cuál será la mejor estrategia para darse a conocer? En esta fila, hay desde un muchacho maquillado y vestido con un especie de kimono, hasta un metalero de pelo largo y campera de cuero que toma gaseosa light. Mientras tanto, dos guitarras, un violín y una trompeta musicalizan la espera. Los seleccionados necesitan descargar su ansiedad de alguna forma, antes sus pies golpeaban el suelo a destiempo; ahora, con sus suelas marcan el compás de la música que suena.

Dos y media de la tarde y la cola no avanza. Al contrario, se agranda. Ya no es posible ver dónde empieza y dónde termina la fila que parece una víbora con forma de espiral.     “¿Qué haces vos acá?”, se saludan y se escuchan los abrazos una y otra vez. Muchos de  ellos se conocen,  tal vez porque hace años que están en la lucha por ser ‘reconocidos’. Otros, sin haberse visto nunca, empiezan a hablar. Algunos recorren la fila distribuyendo tarjetas donde figuran los sitios web donde se puede escuchar su música.

Son las tres de la tarde. La cola se volvió recta hace un rato: no había dónde ubicarse para evitar que el espiral se convirtiera en un enigma para los que llegaban y no entendían donde se tenían que poner. “Ellos saben que el arte joven se puede quedar parado por más tiempo”, bromean los músicos que llevan largo rato de pie.

 

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ATRAER DESDE EL TRANCE

En esa hora de espera, José Ajaka, recorre los años de su banda Marea en Trance, la inundación en una sala de ensayo y el porqué le resulta importante que se den oportunidades así, aunque explica: “La fantasía de las bandas como nosotros es pegarla, pero en realidad esto no es más que una ventanita que se abre, no debería cambiarnos la personalidad”. El vocalista y guitarrista del grupo que ‘etiqueta’ su música como “Electro Garage Rock” es de Ramos Mejía: “Mezclamos la electrónica pero desde la ‘suciedad’ que tienen las bandas rockeras de ‘garage’, nos cuesta definirnos en un estilo en particular”, asume a medida que avanza lentamente en la cola.

Empezaron en 2006 con la grabación del EP “Interfase”, pero en 2008 sufrieron la inundación de su sala de ensayo, perdieron la batería, pedales y algunas guitarras. Desde ahí, decidieron tomarse las cosas “más en serio”. En un mes sacarán su tercer EP, “Periferia”: “Para las bandas independientes como nosotros hacer un disco es un gesto romántico y epopéyico, pero es un gasto que no se puede hacer tan seguido”, reconoce José. Por esa razón, ante la posible llegada de un productor, sello o compañía que les ofrezca grabar un disco, duda y sentencia: “Cuando te vienen a buscar, es porque ya explotó, la industria llega cuando ya es tarde, el artista ya está desarrollado”.

De todas formas se lo nota nervioso, con un maletín en el que tiene una notebook, sus discos y el futuro arte de tapa de “Periferia”. Está a pasos de entrar. Sabe que puede entrevistarse con uno, dos o varios programadores; prefiere que sean muchos. Ya conoce a un par, porque con algunos armó eventos, y con otros, fechas que terminaron cancelándose.

 

Jose Ajaka, guitarrista de Marea En Trance a punto de entrar a “Las salas te escuchan

 

Es su turno. Se acerca un joven con camisa blanca, la planilla en la mano y una lapicera sin capuchón: “¿De qué banda sos?”. Lo busca en las cuatro grillas que tiene. No lo encuentra con facilidad. Una y otra vez las revisa. La letra es pequeña y los nombres están en desorden alfabético. José pispea, y de reojo casi como un imán se encuentra, pide permiso y se señala. “Anotá”. Le dice tres nombres. Cuando se los repite, sólo le dice dos.

Ingresa, adentro hay alrededor de veinte mesas redondas cada una con su silla para los programadores y enfrente dos o tres para las bandas. De un lado, están los que llevan un cartel en el que se anuncia el nombre, las salas y fiestas a las que pertenecen. Del otro, los que llevan las ilusiones y la esperanza de ser escuchados.

José saca la computadora, visualiza su objetivo, le extiende la mano y se sienta. En la notebook intenta mostrarle un video, pero la mesa redonda, chiquita, no alcanza para poder acomodarla. Con la maquina de costado, el cantante trata que su oyente preste atención, y lo logra, porque éste estira el cuello y mira el pequeño monitor. Pone play, mientras habla del Oeste, de bandas amigas y fechas realizadas. Le dice que le mandó el disco, su interlocutor lo recuerda, ya que habían hablado alguna que otra vez por Internet, pero reconoce que todavía no lo pudo escuchar.

El programador casi no habla, porque José le quiere contar todo lo más rápido posible. Piensa que tiene diez minutos, como estaba establecido desde un principio, pero a los tres o cuatro, se acerca a la mesa uno de los asistentes del evento y pide que se apuren.

Cuando tiene que levantarse, el video ni había llegado a la mitad. Sigue hablando, mientras se agacha y guarda la computadora, los discos, el arte de tapa. También habló de la propuesta, los integrantes del grupo y cómo son los shows en vivo. Pudo decir todo eso, pudo contar quiénes son los Marea en Trance, pero no llegó ni a los cinco minutos de charla.

Se despide con una sonrisa, le da la mano al programador y busca al asistente que lo había recibido en la fila anteriormente. Le pregunta por la otra entrevista, y este, con la lapicera en la boca dice: “No llegó”. José le pregunta si va a aparecer: “La verdad, quiero saber si va a venir o si estoy esperándolo al pedo”. El colaborador se queda callado un segundo, hasta que su cara se transforma,  se lo nota fastidioso, enojado: “Andá, no va a venir, es un forro, nos cagó a todos”.

 

SOBRAN MOTIVOS PARA SEGUIR ESPERANDO

“¡Quiero entrar!”, exclama Leonel Martínez, que deja de lado la paciencia que había tenido en las dos horas de espera. La puerta está más cerca y empieza a sentir los nervios.

Leonel toca el bajo y representa a la banda de rock alternativo Osiris, de la Zona Norte del Gran Buenos Aires. Él, junto a Paola De Bonis y Gardo Agüero, conforma el grupo que se anotó para participar de “Las salas te escuchan” porque aseguran que es una gran oportunidad para mostrarse a una mayor cantidad de gente: “Podemos juntarnos con programadores que son de difícil acceso y que no te van a ir a escuchar a los recitales”.

 

Ahora está a dos pasos de los organizadores. Se impacienta al escuchar que varios músicos critican el poco tiempo que tuvieron para darse a conocer ante los seleccionadores. Tras algunas recomendaciones, decide dejar la computadora preparada para reproducir los videos lo más rápido posible, y piensa cuál es la mejor forma para venderse. Hace diez años que los jóvenes de Osiris trabajan en su música y todo lo que lograron lo hicieron en base al esfuerzo. Financian sus discos con los shows que hacen en diferentes bares y, con ese mismo dinero, alquilan la sala de ensayo. Aunque ahora, están viendo la posibilidad de comprar un espacio propio y piensan atraer a otras bandas amigas para compartir los gastos.

Ya  llega a la mesa. Uno de los asistentes del evento le pregunta: “¿De qué banda sos?”, mientras busca en la lista. Encolumnados están los nombres de los grupos y en filas, los 19 programadores. Donde dice “Osiris” no hay ninguna cruz, ni ninguna otra marca. Está en blanco. “No figuran con nadie”, afirma uno de los organizadores. A Leonel lo hacen esperar a un costado, mientras los otros, los que sí estaban en el listado, pasan por al lado y entran. A los pocos minutos, el coordinador vuelve a él y le dice: “Ahora está ocupado, pero vas a hablar con Carlos”.

 

Leonel Martinez, bajista de Osiris antes de ingresar la actividad

 

El cartel dice “Carlos Sidoni”, pero él se presenta como Gustavo. Ni bien se sienta Leonel, le ordena que guarde la computadora: “Olvidate porque yo esto no lo veo”, aclara. En la reunión previa del viernes 13 le habían explicado que mostrar un video era la mejor forma de presentarse, y eso tenía pensado hacer hasta recién. “Bueno, a ver, contame quiénes son porque acá no los tengo”, le exige Gustavo mientras le muestra la hoja que sostiene en su mano, en la que figuran las bandas que él está interesado en ver. El bajista le explica brevemente quiénes son y qué hacen, aunque no está preparado para responder ante esa forma de interpelación.

“¿Vos sabes quién soy yo?”, le pregunta con una sonrisa socarrona el productor del sello discográfico independiente. Le explica que en su sala sólo tocan los que pueden asegurar “más de 150 entradas”. “¿Y vos cuánta gente metés?”, indaga a Leonel. Contesta que hasta 70 llegan. “Claro, eso no nos sirve ni a vos ni a mi”, afirma Gustavo. Entonces, el músico decide dejarle su CD y tímidamente consulta por alguna oportunidad de grabar para su compañía. “Para eso tendríamos que conocernos más”, responde. El CD queda a un costado de la mesa y el productor le asegura al miembro de “Osiris” que lo escuchará. “Mandame un e-mail y vemos”, concluye el representante del sello.

La reunión para la que Leonel se había estado preparando por tanto tiempo duró dos minutos. Una vez afuera, mensajea por celular a sus compañeros para contarles lo que pasó. “Están re contentos porque le dejamos el disco y nos pasó el mail”, cuenta. El bajista considera que hay muy buenos artistas en la sala, y el tiempo que se les otorga no es el indicado para defender lo que vienen a presentar aunque entiende que no es fácil llevar adelante algo de tamaña magnitud. “Igual, fue una nueva vía de interacción entre nosotros como banda, los productores del medio y la industria de la música en sí”, analiza luego de su fugaz encuentro con el productor musical.

 

LAS SALAS YA LOS ESCUCHARON

José Ajaka (Marea En Trance) y Leonel Martínez (Osiris) se cruzan por tercera vez en el transcurso de la tarde después de haber tenido su oportunidad ante los productores. La primera, se habían saludado y deseado suerte cuando la fila todavía no era fila. La segunda, cuando José salía de su encuentro y le anticipaba a su ocasional compañero: “No estuve ni cinco minutos, tené todo preparado porque te sacan enseguida”.

Ahora es Leonel el que sale de la reunión. Se lo nota abatido: “Son todos así, te menosprecian”, se consuela. José, que tiene más experiencia, le comenta que una vez un reconocido productor le había prometido que iban a tocar en un festival. Ya habían arreglado absolutamente todo; pero al momento de recibir los flyers de la fecha, no encontró escrito su nombre. Hablan de recitales, de bandas y de otras experiencias. En un café, que está al lado del auditorio, ven al programador del festival porteño Ciudad Emergente. Él no está entre los 19 que entrevistan a los músicos. José cuenta que es “copado”, y que su banda ganó un concurso para tocar en ese festival: “Nos ayudó mucho”.  Le recomienda a Leonel que vaya a dejarle discos. El bajista de Osiris vuelve a entusiasmarse, luego del fatídico encuentro con el representante del sello independiente,  y le deja su último CD: “Sobran Razones”. Vuelve sonriente, otra vez con las ilusiones intactas.

 

Los músicos en su primer encuentro, comparten nervios y se desean suerte mutuamente

 

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PRODUCTOR: EL OTRO LADO DEL ENCUENTRO

Uno de los programadores cuenta cómo fue su experiencia en “Las salas te escucha”, sin los nervios que tuvieron la decena de bandas que desfilaron durante la jornada: “Fue muy interesante, para nosotros fue un aprendizaje, conocimos bandas nuevas y emergentes”.

Por Norman Flores  (@normanesnombre)

 

Los productores que estaban pautados para el encuentro de “Las salas te escuchan” eran 19: representantes de lugares grandes y conocidos, como el Centro Cultural Konex, Niceto y el Roxy Live Bar, espacios nuevos como La Oreja Negra, o los chiquitos que comienzan a ser emblemáticos para las bandas independientes con pocas convocatoria como Matienzo, El Quetzal y el Emergente.

Manuel Pizarro productor, manager y fundador de Clover Producciones, trabaja en la compañía independiente S-Music. Llegó a participar de la convocatoria por ser programador de eventos en el Centro Cultural San Martín y del ciclo “Underclub”, que se desarrolla hace tres años en el Roxy Live Bar.

 

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“Fue una experiencia muy interesante, para nosotros fue un aprendizaje, conocimos bandas nuevas y emergentes”, explica sobre lo que sintió desde su lugar durante las casi tres horas que habló con cada uno de los artistas seleccionados. Cree que también fue una buena oportunidad para los grupos porque pudieron conocer a los programadores de las salas cara a cara. Además, agrega: “Los músicos tuvieron la posibilidad de recibir un breve asesoramiento que les viene bien para un crecimiento profesional”.

Por su trabajo, suele tener la agenda cargada, más en una ciudad donde “sobran bandas y escasean lugares para tocar”. Por eso siente que fue un grato encuentro para todos. “Estuve recibiendo material, había muchas bandas interesadas”, cuenta Pizarro.

A la hora de presentarse ante él, la mayoría de los músicos compartieron la forma de mostrarse: discos, mp3 y videoclips. También, recibió al joven que estaba con la cara pintada y vestido con un kimono rojo eléctrico: “Le pregunté si tenían un show cercano o si se vestían así en general, y me respondieron que siempre se vestían así, que era su look”, comenta sobre la extravagante situación.

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¿QUÉ ES EL BAFIM?

Por Daniela Santillan (@EugeSantillan)

 

El encuentro “Las salas te escucha” es una de las muchas actividades que se programaron durante los tres días del Festival Buenos Aires Feria Internacional de la Música (BAFIM) que organizo el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en el Centro Metropolitano de Diseño, entre el 19 y el 21 de septiembre.

Durante esos días coincidieron en el espacio cultural ubicado en el corazón de Barracas productores, managers, artistas y otros integrantes de la industria musical de distintos lugares del mundo. Además, en varios espacios se organizaron recitales de grupos y solistas locales como Bomba del Tiempo, y la Orquesta Típica Fernández Fierro, entre otros. También hubo shows internacionales como la noche dedicada a bandas chilenas, mesas debate y conferencias dirigidas a músicos en formación y al público melómano en general.

 

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El BAFIM se realiza anualmente desde 2006. Este año, precedió la inauguración, el 28 de septiembre, de “Ciudad Rock”, un espacio para recitales con capacidad de 90.000 espectadores. Está en el viejo Parque de la Ciudad, en Fernández de la Cruz y Escalada, zona sur de la Capital Federal.

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ESTUDIO URBANO, DONDE EMPIEZAN LOS SUEÑOS

 Las bandas que quieren grabar el primer disco tienen su lugar en el barrio de Flores

Por: Gonzalo Albornoz (@gonzalo_alb)

 

Estudio Urbano es un proyecto creado en 2007 por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que permite que cientos de bandas independientes, que se encuentran fuera de la industria musical, puedan grabar sus primeros discos en un establecimiento profesional.

 

Las ilusiones musicales toman forma en Estudio Urbano

 

El lugar, ubicado en el límite del barrio de Flores y Caballito, les brinda todos los elementos necesarios de manera gratuita para que las bandas puedan aprovechar sus condiciones musicales al máximo: equipamiento tecnológico, ingenieros de sonido y talleres para que puedan hacer un disco de forma profesional y de calidad. De esta forma, los grupos evitan pagar estudios de grabación que, por lo general, son costosos para los que recién empiezan.

Cada año, Estudio Urbano selecciona a los mejores grupos que grabaron allí y editan un disco con temas de cada una de ellas. Este año lanzaron el quinto compilado con 17 canciones y dos videoclips: se llama EU!. “Los discos los regalamos, se los damos a las bandas y a los que vienen” afirmó Pablo Gutierrez, encargado del estudio de grabación del lugar. Admitió que después de la elección de “los mejores”, los siguen para ver si participan y ganan otros concursos. Si lo comprueban, se dan cuenta de que no están tan errados a la hora de elegirlas.

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