“CON EL ARTE UNO PUEDE HACER EL CAMINO QUE TENGA GANAS”


Para Walter Lezcano la literatura es una forma de intervenir la realidad. Escribir, para él, es la mejor manera de procesar el mundo que lo rodea y protestar contra lo establecido.

Por Ezequiel Olasagasti

El escritor Walter Lezcano llega al barcito de Monserrat con una sonrisa y cuenta que vive a solo media cuadra de ahí. Hablamos un poco sobre lo complicado que es a veces viajar desde provincia hasta capital. Lo entiende porque él vivió en el conurbano bonaerense durante años, cuando su madre lo trajo de su Goya natal, Corrientes, aún siendo un bebé. Esto puede verse en su literatura todo el tiempo. Los barrios bajos de Lugano o zona oeste donde creció son, en su mayoría, los escenarios de sus historias y la gente que conoció allí, los protagonistas.

-¿Cómo influyó tu infancia en tu forma de ser y tu literatura?

-En lo de incentivar la lectura que fue lo que a mí me dio una vida y me revolucionó la existencia, no mucho. Fue un contexto de pobreza, de no tener una biblioteca ni ver nunca a alguien con un libro en la mano, a menos que sea para la escuela. No hubo un recorrido natural al libro. Pero la vida que tuve, la de cualquiera en realidad, puede servir como material para empezar a escribir. Las cosas que te pasan, las cosas que escuchás, las cosas que ves, y las que te imaginás en ese contexto, sirven. Son dos caminos, no sé si enfrentados, pero que no se encuentran mucho.

-¿Cuándo llega la escritura?

Empecé a escribir a los 13, 14 años. Estaba en una historia de amor con una vecina que vivía en frente de casa. Fue una historia que duró lo que dura un tema punk, fue muy corto. Me acuerdo que ella me dejó y me devastó. Me dejó con un montón de sensaciones que no conocía, todas terribles. Ya venía leyendo poesía y narrativa, y sentí que la poesía me iba a ayudar en algún sentido a entender qué me pasaba. Después, con el tiempo me di cuenta que estaba queriendo retratar lo que tenía en la cabeza, los pensamientos de ese momento. La poesía parecía el género más accesible para alguien como yo, que no tenía las herramientas ni el vocabulario. Empecé a hacer eso de forma muy precaria. Fue una especie de terapia de choque que me ayudó.

-¿Fue una catarsis?

Sí, está buena esa palabra. Fue una catarsis donde tratás de sacar todo lo que te está agobiando. Como profesor de secundaria, me di cuenta que la adolescencia es una etapa muy heavy de nuestra existencia. Es muy oscura y creo que atraviesa a todas las clases sociales. Yo tuve la poesía a mano para poder exponer toda esa oscuridad.

-Hay gente que ve a la literatura como algo de élite y de lenguaje complicado.

Sí, los detesto (se ríe). Incluso lo ven como algo clasista. Para mí la literatura es un territorio que está al alcance de cualquier ser humano. Cualquier clase social puede llegar a ella o a cualquier tipo de arte. Las clases populares la vemos de afuera, nos hacemos cargo de ese discurso que las otras clases tienen sobre nosotros. “Negros de mierda”, “qué podes esperar de esta gente que no sea violencia, maltrato y no sé qué”. Los que pertenecemos a clases populares tenemos que sacarnos de encima esa mirada que tienen sobre nosotros.

-¿Qué mirada?

Si sos pobre tu destino es la fábrica, la calle o la cárcel. Como que ya está determinado. Para mí, el arte es la forma de revolucionar esas “biografías anticipadas” y uno puede hacer el camino que de verdad tenga ganas. En mí caso fue la escritura. Es un modo de intervenir la realidad. La realidad de mi tiempo, de mi clase social, de mis compañeros.

-¿Tiene mucho de biográfico tu literatura?

-Sí, casi todo es biográfico. Es una pista de despegue para que uno vaya elaborando pequeñas maquinarias estéticas. Vos querés que funcione a nivel estético, que le cause algo al otro. La experiencia y la biografía no te ayuda a escribir bien. Todos tenemos historias y, si es por eso, todos podemos escribir. Creo que el mayor trabajo que hay es el del abordaje que vos hacés sobre esa experiencia y qué tipo de lenguaje utilizás, qué herramientas. Como creás o recreás esa historia en el papel. Es un trabajo con la lengua más que con tu vida. Es un trabajo con la sintaxis, con el lenguaje, con las palabras.

-¿La literatura es protesta?

-Sí, pero más profundo que solo levantar una pancarta. Es una protesta contra el estado del mundo. El mundo siempre nos está cagando la vida y la literatura viene a demostrar la inconformidad que tienen algunos acerca de cómo se perpetúa la sociedad desde hace mucho tiempo. La falta de amor por el otro, de empatía, de solidaridad. Por eso queremos contar historias, porque entendemos que el mundo es injusto. Perpetúa ideales de amor inalcanzables racismo, xenofobia y todas esas cosas que nos complican día a día. Frente a la imposibilidad de agarrar un fusil y generar una revolución o una guerra civil a nivel planetario, abrimos la computadora y nos ponemos a escribir.

“El arte es la forma de revolucionar esas ‘biografías anticipadas’ y uno puede hacer el camino que de verdad tenga ganas”

La prolífica obra de Walter Lezcano es envidiable para cualquier escritor y, aunque uno piense que se debe a un trabajo constante a la hora de escribir, nada más alejado de la realidad. Por lo menos para Walter, que intenta alejarse de eso de ser un escritor profesional. Él no podría verlo como un trabajo, solo se dedica a escribir cada vez que quiere y lo demás fluye. 

-Muchos escritores dicen que escribir es un trabajo, que te tenés que obligar a hacerlo aunque no quieras…

-No, no. ¿Cómo responder a algo? Horrible, me muero. A mí no me sale así. Ahora sale un ensayo sobre Andrés Calamaro y la re-edición de una novela. La verdad que van saliendo. Uno va fluyendo con la vida, lo que te va nutriendo, con lo que te vas sintiendo bien. Eso después va tomando formas distintas. Como dijo Neil Gaiman, “nadie mejor que vos va a hacer lo que vos hacés”. Solo tenés que hacer tu gracia. Donde vayas, hacé tu gracia. Cuando escribo poesía o un ensayo, estoy haciendo mi gracia. En la literatura mientras más personal seas, vas a estar más a gusto. Solo tenés que responder a tu propio deseo. Nadie te dice lo que tenés que hacer. Es increíble. No sé cómo no está todo el mundo escribiendo.

-¿Qué se siente firmar con una editorial grande como Tusquets?

-La novela que salió en Tusquets la había terminado antes de firmar. Lo que pasó cuando firmé el contrato es que recibí muchas felicitaciones. Nunca había recibido tantas. Lo que me llamó la atención es que muy poca gente me preguntó qué había escrito. La respuesta que tuve fue que seguramente es más representativa para el afuera que para el que lo vive. Lo que hace Tusquets es que uno tenga más visibilidad y llegue a más gente. Pero el trabajo que uno hace con el texto es el mismo, con la misma entrega y la misma emoción. Es el recorrido que uno va haciendo, no era el objetivo de mi vida. Llegó, supongo que como una respuesta a algo que estaba pasando. No me lo pregunté demasiado. Fue bastante natural. Me pidieron un texto, lo mostré, les gustó, firmamos y listo.

-Para un escritor independiente es como pasar de jugar en primera.

-Entiendo el paralelismo, pero cuando hablamos de literatura no hay un gran cambio por pasar a una editorial “mainstream”. Son otros valores y otros números pero nada más. Lo que te queda siempre es sentarte a escribir y tratar de que tu texto quede lo mejor posible. Ese es el único trabajo, lo demás es variable. Y no siempre las cosas son simples o tienen una razón súper racional de ser. Frente a ese misterio, lo mejor es ponerse frente a la máquina y desear tener la salud para seguir escribiendo.

“Cuando hablamos de literatura no hay un gran cambio por pasar a una editorial “mainstream”. Son otros valores y otros números pero nada más”

Ya sea deambulando por una feria editorial, un slam de poesía o una nota en la radio o la televisión. Es difícil ver a Walter sin una remera de alguna banda de rock. La música es tan importante en su vida como la literatura y fueron las letras el camino que pudo acercarlo al ambiente musical al considerarse poco dotado con la guitarra eléctrica. 

-Tu próximo libro es un ensayo sobre Andrés Calamaro, trabajaste con “El Mató…” y tu última novela trata sobre una banda de rock argentina en el 2001. ¿El rock es una parte de tu vida tan importante como la literatura?

No sé, creo que está todo mezclado. Yo escucho música todo el día. Pongámoslo así: sin la literatura no hubiese tenido una vida y sin el rock no hubiese podido disfrutar de la vida. Escuchar bandas, ir a recitales, compartir lo que me gusta, me dio la posibilidad de salir de casa, de callejear, de coger, de escabiar, de drogarme, de todo. Me permitió vivir todas esas experiencias no ordinarias. Uno tiene que escribir de aquello que le apasiona, que le movió el piso. Amo esos materiales para escribir. El rock, la biografía. Todo eso me encanta.

-¿Intentaste ser músico?

Sí, me compré una guitarra y un ampli chiquito, pero nunca formé parte de una banda porque no era bueno. Pero, bueno, tengo la literatura y con eso tiro. Seguiré escuchando y comprando discos.

-Y cuando subís a leer a un escenario, ¿no te sentís un rockstar?

No, por suerte no (risas). Las lecturas son puntos de encuentro con gente muy agradable que viene por placer. Hay una energía muy especial. Uno prueba lecturas alternativas del texto. Uno al pronunciar la palabra escrita está dándole un sentido que el otro puede tomar o no, puede disfrutar o no. Tiene más que ver con la construcción de sentidos nuevos o capas nuevas que tienen los textos. Leer, la posición corporal, para mí es muy fuerte. Y creo que es por eso que me gusta tanto leer. Además es el encuentro con el otro.

-¿Para cortar con la soledad?

-Es interesante alternar soledad y compañía. La soledad de la escritura con la compañía de la lectura. Es una alternancia que me resuelve muchas cosas. Es la medida justa de estar con el otro y alejarme del otro. La escritura es una forma de estar solo, tal vez la más copada. Pero estar con el otro también está bueno y ver qué otro sentido le podés dar con tu voz y con tu cuerpo a eso que escribiste en soledad.

“En la literatura mientras más personal seas, más vas a estar a gusto. Solo tenés que responder a tu propio deseo”

El mozo se lleva las tazas vacías. Walter comenta que en su casa tiene un cuento que terminó ese mismo día y es inevitable no pensar que puede ser el comienzo de un nuevo libro. Él escribe, el libro se imprime y con el tiempo se venderá. Es el movimiento natural que fluye sin que él lo fuerce. Aunque le pese a los puristas de la literatura elitista y académica, las obras de Walter son como un buen disco de La Renga o de AC/DC.

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