CRISTINA KIRCHNER PRESENTÓ UNIDAD CIUDADANA


Sin confirmar su candidatura, eligió darles protagonismo a los autoconvocados.

Por Julieta Cáceres

Sol tiene ocho años. Luce una estrella federal roja estampada en el lado izquierdo de su buzo negro. Al lado tiene prendida una escarapela redonda. Su mamá está parada junto a ella. La ayuda a sostener la tacuara con la bandera de su agrupación. La nena canta lo mismo que los compañeros de la mamá. Cada tanto la mira y le pregunta: “¿Falta mucho para que hable Cristina?”.
Se había anunciado que el acto empezaría a las dos de la tarde y que la ex presidenta hablaría poco después. Las organizaciones convocaron a partir de las 10 de la mañana y los “empoderados”, como los denominó la ex mandataría, empezaron a acercarse a Sarandí más o menos a la misma hora.
Las columnas de militantes encuadrados en agrupaciones avanzaron por Estado de Israel hasta llegar a la entrada del estadio Julio Humberto Grondona, de Arsenal de Sarandí. A la 1 abrieron las puertas y, a pedido de Cristina, se le dio prioridad a los autoconvocados. La cancha se llenó y las agrupaciones quedaron afuera, con las banderas y los bombos.
A las 2, el puente por el que pasa el tren Roca estaba lleno de gente. Colgaron banderas y cuando venía el tren se corrían a los costados. Algunos se quedaban sentados en el borde, el resto se apretaba en barranco embarrado y esperaba que pasara la formación. Dos veces, una de ida y otra de vuelta, un maquinista se asomó de su puerta con los dedos en “V” y gritó “vamos carajo”. Los pasajeros filmaron, otros insultaron.
El helicóptero de un canal de noticias sobrevoló la cancha y los alrededores. Se notaba que estaba cerca porque, además del ruido, las voces eran más fuertes. Si no se gritaba, no se escuchaba.

Los cantos no faltaron, los puestos de comida tampoco. De un lado vendían choripanes y hamburguesas, al lado empanadas fritas y más allá, un carrito ofrecía “súper pizza”. Los olores se mezclaban con el olor del río, que desemboca a un lado de la cancha.
A las 3 de la tarde la ansiedad se hacía eco en los militantes que miraban las pantallas fuera del estadio. Los cantos eran más fuertes y los bombos no paraban de sonar. Algunos se sentaron en el piso. Habían estado parados por más de cinco horas y el cansancio se notaba. El frío no. El amontonamiento de gente y el sol hicieron que los 12 grados no se sintieran. Las parrillas que estaban cada medio metro tal vez tuvieron algo que ver.
Las pantallas se encendieron y el ambiente cambió. Los que estaban sentados se pararon, los que estaban hablando se callaron. Los nenes se subieron a los hombros de los padres y todas las miradas apuntaban a un mismo lugar. Primero se leyeron las adhesiones, y en los camiones se veía el interior del Julio Humberto Grondona, colmado de personas con banderas argentinas.
Media hora después, esas mismas pantallas mostraron a Cristina Fernández de Kirchner salir a la pequeña tarima armada en el medio del campo de juego. Todos esperaban que confirmara su candidatura. Pero la postulación de la ex presidenta sigue siendo una incógnita.
Ella presentó su nuevo espacio político: Unidad Ciudadana. Habló de la emisión de deuda y de la pérdida de empleo y de poder adquisitivo. A cada uno de los casos les puso nombre y apellido. Uno por uno, fue invitando a la tarima a personas de a pie que representaban diferentes sectores. La directora de escuela, la becaria del CONICET, el productor inmigrante, los estudiantes, discapacitados.
En un discurso más corto de lo habitual, dijo que su interés estaba en las personas, no en las peleas de poder. “Pateó el tablero”, dijo uno de los tantos militantes que estaba fuera del estadio, viendo el acto por las pantallas. Afuera todo era interpretación. Algunos habían entendido que iba a ser candidata, otros sostenían que lo que había dicho se traducía en un ‘no’. Pero eran eso, interpretaciones. Las más de 40 mil personas que fueron a Sarandí y toda la cúpula política del país tendrán que esperar hasta el 24 de junio, cuando se termine el plazo para presentar las listas.
El acto terminó y después de un par de cantos, empezaron a desconcentrar. A pie, en colectivos, en tren. Las banderas se alejaron del estadio de Arsenal y el frío empezó a sentirse.

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