DE LA CASUALIDAD A LA HISTORIA


Casi por accidente, Mateo Delmastro conoció el bádminton y le cambió la vida. El pibe barilochense será el primer olímpico argentino en este deporte en Buenos Aires 2018 tras haber recorrido el mundo en su preparación.

Por Franco Rivas

En el año 2008, Mateo Delmastro agarró su pelota de fútbol y salió de su casa, acompañado por su hermano Dino, rumbo al gimnasio de su barrio con el anhelo de encontrar un lugar vacío para hacer algún picadito. Por aquel entonces, Mateo se imaginaba que jugaba en el Estadio José Amalfitani y que era mediocampista de la primera de Vélez, club del cual es hincha. Pero algo particular sucedió aquella tarde fría en Bariloche, Rio Negro, una casualidad que terminaría cambiando su vida y la del deporte argentino.

Dentro del gimnasio, dos extraños practicaban un deporte peculiar y desconocido en para muchos: el bádminton. Aquella disciplina de origen asiático no pasó desapercibida ante los ojos del joven Mateo, quien observó, con gran fascinación las raquetas pequeñas, la pelota con plumas y la gran velocidad a la que se jugaba. “Cuando me preguntan cómo empecé, siempre digo que fue toda una casualidad. Llegué al gimnasio con la idea de jugar al fútbol, pero me encontré a Dirk Gerhards y Santiago Arribere (quienes, posteriormente, se convirtieron en sus entrenadores) practicando ese deporte. Me sorprendió mucho porque era algo que solo había visto en películas. Además, al ser vistoso y raro me llamó tanto la atención que quise jugar y no paré hasta hoy”, afirmó Mateo. Tanto él, como su hermano Dino, se sumaron al peloteo y no tardaron mucho en descubrir que era lo suyo.

Al finalizar la tarde, ambos hermanos regresaron a su hogar con la intención de pedirle permiso a sus padres para asistir, al menos, una vez a la semana al gimnasio para seguir aprendiendo a jugar bádminton. “Cuando le contamos a nuestros padres lo que queríamos hacer, se sorprendieron mucho. Pero por suerte nos dieron su aprobación. Ellos siempre nos apoyaron en todo”, detalló Mateo.

Pero lejos de quedarse en un hobbie o práctica deportiva, el bádminton se terminó convirtiendo en una pasión para el joven Delmastro que, con el trascurso de las semanas, pasó de solo entrenar los domingos, a entrenar durante la semana. Sin embargo, aquella pasión de que sentía él, no pudo extenderse a sus vecinos, amigos, compañeros de colegio e incluso a sus familiares, quienes desconocían las reglas o siquiera que es el bádminton. “Desde el día que empezamos a practicarlo supimos que no era un deporte conocido y que nos teníamos que enfrentar a la pregunta de ‘¿qué es el bádminton?’ Nos sigue pasando hasta el día de hoy. Es común que lo confundan con el squash, aunque las reglas sean distintas”, comentó Dino Delmastro. Sin embargo, y con el trascurso de los años, ambos hermanos encontraron la manera de explicar que es el bádminton a quienes no lo saben. “Hacemos referencia con la película animada de Robin Hood, la cual tiene escenas donde practican bádminton. Para explicar cómo es el equipamiento que usamos, detallamos como es la pluma y hacemos referencia de la raqueta como un matamoscas, por el tamaño que tiene. También aclaramos que no es un deporte tan lento, como parece, y es que, a nivel profesional, el gallito puede llegar a 400 km/h”, añadió Dino.

Con el paso de los años, Mateo se fue implicando cada vez más con el deporte que ama, tanto en entrenamientos como en ayudar en su difusión. En 2013, junto con Dino, fueron los pioneros a la hora de promover como jugadores la Asociación Barilochense de Bádminton (ABB), la cual fue impulsada por Arribere y Gerhards. Pero aquel compromiso privó al joven barilochense de pasar tiempo con sus seres queridos y también de vivir momentos importantes de su adolescencia. “Como vivía lejos del club, tenía que hacer sacrificios por los entrenamientos, como salir con mis amigos o perder horas de estudio del día que tuve que recuperar en la medianoche. Era común llegar a mi casa a las 23 y que no haya nadie despierto. Algunas veces tuve que cenar y después hacia las cosas del colegio”, contó Mateo.

Con el correr de los años y los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018 tan cerca, los tiempos de entrenamiento se extendieron al igual que los viajes con la delegación Argentina de Bádminton. “El sacrificio más fuerte fue tener que dejar el colegio y hacer 5to año a distancia por internet, eso me alejó de mis amigos, del viaje de egresados, eso me dolió. En el 2017, estuve menos de un mes en Bariloche durante todo el año. También mis últimos tres cumpleaños los pasé solo o casi solo, porque estuve de viaje. Entonces me llevaba la computadora a todos lados para hablar con mis seres queridos y seguir estudiando. Me decía a mí mismo ‘estudia, aprende las cosas solo, porque nadie va estar a tu lado para explicártelas’ fue duro”, reveló Delmastro que, sin embargo, reconoció el fruto de aquellos sacrificios: “Igualmente, no me arrepiento por haber elegido el camino del bádminton. Porque hoy puedo decir que voy a representar a mi país en los JJ.OO. de la Juventud”. Cabe resaltar que aquella trayectoria deportiva, fue acompañada con grandes experiencias, gracias a las competencias y diversos entrenamientos que realizó, Mateo conoció países como España, Perú, México, entre otros. Además, el deporte le brindó algo que él valora mucho: la amistad. “Por suerte, todos estos años en bádminton me han traído muchos amigos. La mayor parte son de ese entorno. Tengo muy buenos amigos de Perú a los que a veces los cruzo en los torneos. Eso me alegra mucho”, concluyó Mateo.

Hoy, con 18 años, un presente prometedor y una historia de vida en la que tuvo que hacer diversos sacrificios, Delmastro es la gran esperanza nacional del bádminton de cara a Buenos Aires 2018 que comenzara el próximo de 6 de octubre. En dicha edición, Mateo va escribir su propia página en historia del deporte nacional al convertirse en el primer jugador argentino de Bádminton en los Juegos Olímpicos.

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