DE SENTIR SE TRATA


En la bandeja hay un café y un par de galletas. Él saca su celular, lo coloca cerca de su oreja y lo vuelve a guardar. Pregunta si continúa lloviendo y toma un sorbo.

Por Araceli Sued

En un local de comidas rápidas ubicado frente al CENARD, Vicente Zuccala, de 27 años, empieza a contar su historia. Debajo de la delgada campera negra se asoma una camiseta con los colores blanco y rojo.
En 2015 fue uno de los argentinos que viajaron hacia Japón con el objetivo de seguir a River en el Mundial de Clubes. En el aeropuerto se encontró con otros que cargaban con historias parecidas, pero no iguales. Él es no vidente.
Dentro del avión y ubicado ya en su asiento, se palpaba los bolsillos a cada rato. “Yo me acordaba dentro de mi desorden donde tenía cada cosa, pero me preocupaba perder algún papel o el pasaporte.” Al rato escucha que le empiezan a hablar. “Me preguntaban con quién viajaba. Les respondí que estaba solo y me dijeron que estaba loco. Yo me reía”. Y los dejó hablar. “Sabía que alguien le iba a llamar la atención”, asegura. Fotos suyas se viralizaron y recordaron que lo lindo del fútbol es lo que hace sentir. “A mí nadie me puede decir nada. Más lejos que eso, para seguir a River, no me puedo ir” dice con una sonrisa.
Pero las cosas no fueron simples. Cuando River ganó la Libertadores en agosto, Vicente no estuvo. “No conseguí entradas por ningún lado. Admito que soy de dejar las cosas para último momento y así me quedé sin ir a esa final. Un amigo me dijo que si yo no me ponía las pilas eso me iba a seguir pasando. Soy muy colgado. De repente me dice si nos vamos a Japón”, explica. No era broma. Enseguida empezó a averiguar alojamientos, cómo podía hacer, cuánto tendría que gastar y lo que necesitaría. Hizo cuentas y entendió que sus ahorros quedarían en cero. “Pero vivir eso, si te gusta el fútbol, es lo mejor”, cuenta el jugador del ‘Los Murciélagos’.
La primera en enterarse del plan fue su novia, después su hermana y luego los demás. A pesar de que su familia tenía algunas dudas, Vicente no puso excusas. Se contactó con unos chicos para averiguar si podría unirse a ellos en el viaje. “Intentaron varias veces sacar las entradas y hasta que un día me avisaron que tenían la mía. No lo podía creer”. El siguiente paso fue conseguir el pasaje a Italia, dónde tiene familia. De ahí, otro hasta Qatar y de allí a Tokio. “Hasta que no estuve adentro del estadio en la semifinal no me podía relajar del todo. Cuando estoy en la cancha, si no llevo la radio, disfruto con los comentarios de los hinchas. Ese día hice eso. Preguntar. Volvimos. Descansamos en el tren. Me acuerdo que yo me quedé un rato dormido en una pizzería.” Recuerda y suelta una risa.
La charla continúa. Vicente termina su café y finaliza “No me lo olvido más. Cuando pasa el tiempo tomás dimensión de que estuviste donde todo el mundo riverplatense quería estar. Soy un privilegiado, pero no fue suerte. Yo quise estar ahí y me moví para lograrlo. Cuando tenés ganas de hacer algo es muy difícil que te paren.”

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