DOCE KILÓMETROS DE CANTOS, MATES Y CONSIGNAS


Agrupaciones peronistas marcharon desde la ex ESMA hasta el centro porteño

 

 

 

Por Julieta Cáceres/ @juliicaceres

 

Desde las 9, militantes de agrupaciones peronistas llegaban de todas partes de la ciudad y el conurbano. Ordenaban las tacuaras en el asfalto de la Avenida del Libertador y, entre mate y mate, armaban las columnas que conformarían una marcha multitudinaria del Dïa de la Memoria.

La Cámpora, Peronismo Militante, Kolina, Pingüinos y Unidos y Organizados decidieron movilizarse desde el Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex Esma) hasta la Plaza de Mayo. Al canto de “hay un gorila suelto en la Rosada”, a las 10 empezaron a avanzar. Era temprano pero el calor y la humedad no perdonaban. Sin embargo, en ningún momento estuvieron en silencio. Durante los casi 12 kilómetros, la columna –de 25.000 personas, según la organización– se mantuvo animada. Al cansancio, que luego de veinte cuadras empezaba a sentirse, se le hizo frente con cantos y risas, bombos y redoblantes.

 

 

Este año, además de los motivos de siempre para marchar en esta fecha, se suma la política del gobierno de Mauricio Macri respecto de los Derechos Humanos, con un gabinete conformado por personas que ponen en duda la cantidad de desaparecidos durante la última dictadura, un presidente que no participó de ningún acto en conmemoración del Golpe y el bloque de diputados de Cambiemos que, esta mañana, publicó una foto con carteles que decían: Nunca más a los negociados con los DDHH, Nunca más a la interrupción del orden democrático y Los DDHH no tienen dueño. La marcha fue, en parte, una respuesta a esas actitudes políticas, que incluyen el fallido intento de mover el feriado.

La columna avanzó por la Avenida del Libertador hasta Intendente Bullrich. Los vecinos se asomaban por las ventanas y los balcones; algunos en la calle bailaban y hacían la “V”, otros miraban con cara de desagrado y caminaban rápido hacia el otro lado. El tránsito de los vehículos se complicaba por una marcha que ocupaba más de veinte cuadras, y la reacción de los automovilistas era tan variada como la de los peatones. Los bocinazos podían significar dos cosas: apoyo o bronca. Entre los redoblantes y los cantos, lo que gritaban no se distinguía. La columna de manifestantes continuó por Avenida Santa Fe, en un recorrido que atravesaba las zonas más “paquetas” de Buenos Aires (esto fue motivo de chistes entre los militantes). Las canciones, que no cesaron nunca, se intensificaron al pasar frente al predio de la Sociedad Rural Argentina, y al grito de “no me importan los gorilas de la Sociedad Rural”, siguieron su rumbo por la avenida, ocupando todos los carriles.

A las 15, el cansancio aminoró la marcha, pero todavía faltaba para llegar. Las botellas de agua pasaban de mano en mano, así como los mates y los paquetes de galletitas. A las 15.30, la columna ingresó a la 9 de Julio. Allí una militante comentó con sus compañeros: “Estoy muerta, pero lo haría todos los años”.

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