DOROTHY PARKER, UNA VIDA ENTRE DOLOR Y SONRISAS


Se cumplen 50 años de la muerte de esta maestra del relato corto, dramaturga y cronista de una época que se precipitó al vacío de la Gran Depresión. “Era imprudente, irreverente, oscura y rabiosa”, detalla Silvia Oleksikiw, directora de teatro y especialista en la obra de la escritora estadounidense.

Por Laura Valentina Latorre

Dorothy Parker fue una poeta estadounidense, escritora de cuentos, crítica y satírica, más conocida por su ingenio, sus bromas y su ojo por las debilidades urbanas del siglo XX. Nació el 22 de agosto de 1893 y murió el 7 de junio de 1967.

Se cumplen 50 años de la muerte de esta maestra del relato corto, dramaturga y cronista de una época que se precipitó al vacío de la Gran Depresión, que también cultivó, y mucho, la llamada “poesía ligera” o “poesía flapper”, en referencia a las liberadas chicas de la era del jazz.
Publicada hasta 1944 en libros y revistas como The New Yorker, Vanity Fair y Vogue, la obra poética dispersa de Parker se caracterizó por adoptar un tono de actualidad y fue reunida por primera vez en un libro de 1996 y después en otro, revisado y ampliado, de 2009. Su poesía no se había traducido hasta la fecha.

Su vida personal estaba absolutamente ligada a su profesión, sublimada a través de sus relatos y poemas, casi autobiográficos. Escribía su vida cotidiana, lo que veía y lo que oía en su círculo dentro de la sociedad norteamericana, más específicamente de la ciudad de Nueva York. “Sus problemas de adaptación a una sociedad que reconocía enferma, pero a la cual quería pertenecer. Sus contradicciones, su alcoholismo, sus amores frustrados, sus problemas económicos –no por falta de dinero sino por malgastarlo–, sus intentos de suicidio, todo está volcado en los personajes de sus textos, y en sus poemas”, afirma Silvia Oleksikiw, directora de teatro y especialista en Dorothy Parker.

La autora estadounidense tenía una profunda lucidez de la realidad y eso para ella era una tortura, y fue a través del humor y la ironía que pudo soportar su vida. Aunque tiene varios escritos para nada humorísticos –Vestir al desnudo o Una rubia imponente, por ejemplo– habitualmente sus relatos se caracterizan por su fina agudeza y humor, lo que le dan un tono de cierta liviandad pero que esconden algo mucho más oscuro, punzante, vidas profundamente dolorosas, disimuladas tras una sonrisa de sociedad.
Dorothy Parker se llamaba Dorothy Rothschild y era hija de un judío de origen alemán y de una madre cristiana, de origen inglés. Los Rothschild de su apellido no eran de la rama rica y célebre de la familia, sino otra de clase media baja en ascenso, gente trabajadora y sin ninguna inquietud estética o cultural. Dorothy odió el estatus de su familia y se distanció de ella, adoptando el apellido del hombre con el que llegaría a casarse dos veces, tras enfados, separaciones, reconciliaciones y múltiples amoríos. Dorothy Parker fue la “gran moderna”. Fumadora, bebedora, independiente, feminista, izquierdista y, a la par, culta y refinada.

Ella tenía 36 años durante la gran crisis económica del año ‘29. “No sé cuánto pudo influir la Gran Depresión en la vida de Dorothy, pero ese mismo año ella ganó el Premio O’ Henry al mejor relato por Una rubia imponente y se mudó a Hollywood, donde ganaba mucho dinero como guionista. Allí progresó, pero aparentemente no se sentía cómoda en Hollywood y viajaba constantemente a Nueva York. Seguramente, como buena cronista involuntaria de su época, sus textos deben haber hecho eco de ello”, dice Oleksikiw.

Según el docente de Literatura Norteamericana Juan Rodríguez, El Sr. Durant, Una rubia imponente y Gloria en pleno día son relatos especialmente importantes. El Sr. Durant, escrito en 1924, toca temas como el aborto, aunque sin mencionarlo en ningún momento. Dorothy elige contar la historia desde la mirada del que salió “victoriosa” del asunto. A partir de mostrar la actitud de uno de los personajes podemos construir al otro y al entorno. Una rubia imponente tiene un ritmo cadencioso y aplastante, Dorothy nos va metiendo en la intimidad de esta mujer y lentamente, pero sin pausa, vamos acompañando el ascenso y la caída de esta rubia imponente, es implacable. Gloria a pleno día es una estampa de la ilusión perdida, alegre y aplastante al mismo tiempo.

“Dorothy de joven era imprudente, irreverente, oscura y rabiosa. Y de adulta era igual pero con los años encima, con más decepciones, más alcohol, más intentos de suicidios, más frustración”, dice Oleksikiw, que actualmente dirige una obra llamada (D) Una leve aproximación a la literatura de Dorothy Parker, donde describe la vida de la escritora y esas diferencias y semejanzas entre su juventud y adultez.

“El legado de Dorothy es el de entendernos un poco más como personas, porque es un gran espejo de las relaciones humanas en la sociedad moderna. Sigue vigente porque el lugar de la mujer –y del hombre– en la sociedad sigue siendo prácticamente el mismo de hace cien años. Exigidos ambos, cada uno en el rol que la sociedad quiere implicarles y del que pocos pueden correrse, incluso unos por elección. Seguimos silenciando y disimulando sentimientos, una parte de la sociedad baila frívola frente al hambre de otros, seguimos mandando hombres –y familias– a la guerra, seguimos soñando con ser otros, con ser despreocupados y por lo tanto ´libres´, los laburantes honestos soñando con tener dinero, esperando que un golpe de suerte nos vuelva ricos y despreocupados, seguimos buscando la trascendencia como artistas”, agrega Oleksikiw.

Cuentan que cuando ya mayor y enferma fue ingresada en un hospital, el médico le advirtió de que si seguía bebiendo moriría en un mes. Parker respondió: “Promesas, promesas”. Tardó aún unos años en morir, en 1967, en la habitación de un hotel y de un ataque al corazón.

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