EL ALMA DE LOS MUSEOS


Las obras de arte pueden perduran intactas a lo largo de los años, pero a medida que pasa el tiempo, pierden color, se erosionan y sufren distintos deterioros. Para esto es que existen los restauradores. Estos se encargan de la preservación, conservación y restauración de los objetos artísticos, analizando las piezas y realizando estudios del lugar donde se alojan, para tomar medidas respecto de la temperatura, la humedad, la exposición a la luz o los riesgos ambientales.

Por María Fernanda Valenzuela

En el primer piso, al final de un pasillo secundario existe un cuarto de paredes rosadas, bastante amplio y muy ordenado, pero poco ventilado y no muy luminoso, y al ingresar enseguida se percibe un fuerte olor a trementina. Está rodeado de estantes que contienen cajas etiquetadas con distintos elementos, herramientas eléctricas, pinceles, guantes, cepillos, retazos de tela que usan como trapos, máscaras, antiparras, filtros, productos de limpieza, yeso, hisopos, adhesivos, bisturís y envases plásticos vacíos. Hay un armario de madera donde se separan frascos de vidrio de varios tamaños con líquidos de diferentes consistencias químicas inflamables, perfectamente identificados. Al costado de la puerta hay un perchero de pie, con dos guardapolvos blancos colgados. Otra puerta conecta al baño que tiene una mesada y al lado una gran bacha, para realizar limpieza de objetos. Parece un verdadero laboratorio, pero se trata del lugar de trabajo de Esteban Cabana y Claudia Hachman, restauradores del patrimonio del Museo de Arte Español Enrique Larreta.

El museo está ubicado en el barrio de Belgrano, a una cuadra de la Av. Cabildo y Juramento. La casa perteneció al escritor Enrique Larreta, quien por alguna razón tenía una gran fascinación por la cultura y el arte español. Será por eso que su casa fue decorada con objetos de ese país. Hasta en su obra literaria más famosa “La Gloria de Don Ramiro”, con ilustraciones de Alejandro Sirio, aparecen objetos de su acervo. Todo el mobiliario que había en la casa fue donado luego de fallecido, por la familia y cedido el edificio, a la Municipalidad en 1962, para transformarlo en casa museo-.

Es lunes y son las 10 de la mañana, y como cada día de lunes a viernes, Esteban y Claudia realizan lo que ellos llaman un cronograma de conservación, donde cada uno, con la ayuda de pasantes de la carrera de conservación y restauración de la UNA (Universidad Nacional de las artes) recorren el museo (previo a la apertura al público). Utilizan poca luz, guantes de tela blanca y pinceles especiales para retirar con mucho cuidado el polvillo que todos los días se acumulan en las obras de arte. Todo esto obedece a un riguroso protocolo de conservación. Y nadie más que ellos están autorizados a realizar esta tarea, ni tocar el patrimonio físico -que va desde el S XIV, S XV al S XVI, la mayoría traída de España por el escritor y algunos pocos donados por el Museo Fernández Blanco- sin su permiso y mucho menos manipularlos, porque ellos son los responsables del área de conservación y restauración en el edificio.

“Todos los días a las 10 realizamos un recorrido por las distintas salas del museo, hacemos un repaso superficial de las piezas con pinceles de filamento para no dañarlas”, cuenta Esteban, y agrega: “Muchas veces debemos realizar una logística de prioridades, y cuando encontramos elementos dañados por distintos agentes realizamos diagnósticos para tratar el proceso restauración”. A pesar de ser museólogo recibido en la ENAM (Escuela Nacional de Museología) admite que esta actividad le interesó desde que comenzó a trabajar en el museo, en el año 2007.

En el relevamiento por el museo el ojo clínico de Claudia -quien estudió la licenciatura de conservación y restauración de bienes culturales en la UMSA (Universidad del Museo Nacional Argentino) con especialización en muebles, tejidos y pinturas- se activa y le indica que parte del piso del Patio Central tiene una especie de hongos. Inmediatamente se lo comunica a su compañero y al finalizar el recorrido se reúnen en la oficina para armar un plan preventivo frente a lo que ellos denominan plagas, causado por los cambios de temperatura. A continuación deciden el procedimiento que hay que seguir y combinan técnicas para tratar el objeto. Seleccionan los instrumentos para llevar a cabo el trabajo teniendo en cuenta también que se tratan de las baldosas originales de la residencia.

En el horario del almuerzo el equipo se reúne con el área de mantenimiento -encargados de la limpieza general de la casa- y le informan cómo se llevará a cabo la operación y de qué forma combinarán las labores de ambos sectores.

Esteban comenta que el fin de la tarea es realizar una intervención lo menos nociva posible, para mantener las características de las baldosas y disminuir su deterioro.

“Por esto es que es importante realizar acciones preventivas, y detectar los agentes de deterioro, que dependerá del material de la obra también”, explica el museólogo.

“Además de llevar a cabo la acción debemos detallar el proyecto de restauración en un informe acompañado de imágenes fotográficas, esto sirve para un orden y control interno, pero también para futuras reparaciones¨, concluye la restauradora.
El equipo, acompañado de los pasantes, valla el lugar afectado con cintas que dicen peligro, como las que se utilizan en la vía pública cuando ocurre un accidente.

Cercada la zona comienzan el proceso que les llevará alrededor de 15 días, porque tiene varias etapas. En esta primer jornada con guantes, secadores, máscaras y pies descalzos, se realiza la limpieza y sellado de los pisos con cera microcristalina distribuida con calor para que absorba y selle los poros de la pieza en forma rápida.

Esto mismo se repetirá los cuatro días siguientes y luego se procederá a realizar un nuevo diagnóstico para determinar la evolución de la labor, “Si en 10 días no regresan las plagas, significa que ha sido exitosa la misión”, aclara Sol, una de las pasantes del UNA que colabora con el sector desde 2016.

Todos conocen y han visitado aunque sea una vez un museo, pero pocos se preguntan qué implica llevarlo adelante. Muchos creen que es un lugar estático donde se acumulan piezas y que allí quedan por años. Pero es mucho más dinámico de lo que la gente cree. Existen distintas áreas para las distintas tareas y en su mayoría deben realizarse en forma mancomunada.

El trabajo de la dupla se ha mantenido oculto hasta hace unos pocos años, aunque es uno de los principales en instituciones que albergan piezas artísticas de época. Ellos hacen que las obras se vean antiguas y no viejas y vetustas.

Claudia reconoce que las redes sociales son muy importantes hoy en día para comunicar a todo tipo de público, un lugar, un producto, un evento y que gracias a estas es que su trabajo se hace más visible en la actualidad.

No son artistas, ni científicos, ni cirujanos. Son restauradores de piezas patrimoniales, pero de alguna manera parecen combinar todas estas para cumplir su rol de manera minuciosa como lo haría un cirujano, manteniendo las propiedades de los objetos como verdaderos artistas y utilizando productos químicos y utensilios de seguridad como lo hacen los científicos.

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