“EL CLUB SIEMPRE FUE UN HOGAR PARA MUCHOS CHICOS, EN VEZ DE ESTAR EN SITUACIÓN DE CALLE”


Alvear es un reflejo de la vida de un club de barrio: con complicaciones para seguir mes a mes, y con las ganas de los socios de que la institución no cierre; el club de Parque Avellaneda busca ser una “segunda casa” para los jóvenes que deseen implementarse “en una competencia sana”.

Por Matías Cusach, Javier Creado, Melina Ortíz Erbes y Karim Chelbi

El club nacido en Parque Avellaneda tomó su nombre debido al distrito que se encuentra justo frente al mismo: el barrio Alvear. Fundado el 19 de agosto de 1935, la institución vivió siempre en pleno crecimiento, hasta llegar a este presente donde es uno de los pocos clubes de barrio que tiene algunas de sus actividades privatizadas.

A fines del año pasado, el club se sostenía con ingresos que provenían del gobierno y algunos subsidios. En una conversación con el pre-tesorero del club, Lisandro Oliveli, ex jugador de la institución, comentó que Alvear tuvo que ingeniárselas para sobrevivir al tarifazo impuesto por el nuevo gobierno que había llevado a pagar boletas de luz que antes eran de $4.000 a $12.000. Para sobrevivir a semejante aumento, Oliveli contó que “el club tuvo que empezar a moverse más para conseguir socios y ver cómo podía recaudar plata sin aumentar la cuota de socio”. Luego, explicó: “Porque al fin y al cabo nosotros aumentamos la cuota ¿Y a ellos que le damos a cambio?”. El integrante de la Comisión Directiva continuó afirmando que“Gracias a dios, tenemos un club grande donde tenés recursos para rebuscarla: el salón de fiestas es un ingreso, las parrillas que se alquilan muchísimo los fines de semana, el quincho y después tenemos convenio con el buffet que también nos genera un ingreso”.

Con las cuentas un poco más derechas, y los números acomodados, el club pudo salir adelante. Durante la charla donde también se acercó Raúl Seguí, presidente de Alvear, quien contó sobre la privatización de algunos deportes en el club, en especial la práctica de fútbol en cancha de once, donde se resalta el mayor desarrollo del club. El presidente, que también forma parte de la Comisión del Club Ferro, aportó a la charla asegurando: “El club necesitaba un nuevo cambio, algo que lo distinga un poco más del resto, que ya, por ser enorme en estructura y cantidad de disciplinas que tiene, es. En diciembre del año pasado, nos llegó una oferta de una empresa que estaba interesada en el fútbol once del club. Se acercaron ofreciéndonos que por diez años ellos se ocupan del estado de la cancha y alrededores”.

Respecto a las decisiones que se toman entre los directivos, un club de barrio no es lo mismo que un club grande, según afirmó Seguí: “El voto mío vale como el de Lisandro, el de Guillermo Corvatta (Vicepresidente), Claudio Roig (tesorero) o cualquiera”. El mandatario, continuó la temática: “Esto no es un club como River, Boca o cualquiera reconocido. Nosotros nos sentamos y cada opinión vale. A veces invitamos a los socios a las reuniones de Comisión Directiva para que participen y nos cuenten qué ven ellos para ayudar al club. Con el tema de la privatización de la actividad tuvimos dos, tres semanas hablándolo y decidimos aceptarlo, pero bajo condiciones. El club tenía que seguir jugando bajo el mismo nombre de siempre, Alvear Club, la camiseta debía ser igual que siempre y se debía competir en las mismas ligas que se jugaron desde el comienzo. Aceptaron eso, y lo único que cambia ahora es que el socio que quiera jugar en esa disciplina tiene que abonar por mes $300 más a la cuota que son $100”.

No sólo la cancha de césped sintético para once jugadores está privatizada. Alvear también cuenta con el ingreso de tenis, el cual proporciona al club un plus por las tres canchas, y donde no hace falta ser socio para alquilar. Además del tenis, la institución cuenta con cochera propia que también genera un ingreso muy importante. Como contaba anteriormente Oliveli, el buffet también es un ingreso, ya que al club le entra dinero por ese alquiler.

“Hoy en día somos conscientes que la situación del país no es fácil, pero tratamos de hacer todo más accesible. Si bien, sacando lo de cancha de once que hay que pagar un plus, se decidió que para las demás disciplinas también se abone un pequeño extra de 400 pesos cada seis meses para poder ayudar a mejorar las instalaciones”, se sinceró Seguí; quien volvió al club tras comandar en el 2002, después de la crisis nacional en el año previo, y tiene experiencia en cómo tratar situaciones adversas financieras. El pago de la cuota no es algo menor, y el club está empezando a implementar el débito automático. “De 800 socios solo 65 lo pagan con ese medio, pero esta semana empezamos a tratar de comunicarlo poniendo carteles, mostrando una promoción de pago con ese medio se les hace un 10% de descuento”. Siguiendo con el tema, el pre-tesorero de Alvear continuó: “Esto es todo a pulmón, para conseguir los carteles del débito automático tuve que pedirle a un compañero en el banco donde yo trabajo, que es diseñador, que me den una mano, que era para el club y pude conseguir la ayuda necesaria, si no era una hoja blanca escrita con lapicera y así por lo menos es más visible. Pero así como me ayudaron con esto un montón de gente consigue ayuda para el club. Las paredes que están pintadas en la entrada las consiguió un padre de uno de los chicos que trabaja en una pinturería y hablando obtuvo que nos donen 20 litros de pintura. La protección en las paredes y los bancos de la cancha de babi fútbol, aunque no sean de lo mejor, las compraron los padres, pusieron plata de su bolsillo. Y así se va formando todo, pero lo del débito es algo que se pensó mucho y se tardó en implementar hasta que se dio, fue algo para tratar de ayudar un poco al socio”.

Además, Alvear tienen pensado un pequeño proyecto: intentará, para el día del niño, organizar una pequeña tarde de juegos interactivos para los chicos y algunos invitados. Aunque la idea todavía no es concreta ya que hay que ultimar detalles y conseguir gente que quiera cooperar, los fondos recaudados de las entradas serían destinados a pintar la cancha techada de babi y ponerle el nombre de José Francese, quien fue un técnico muy querido en el club, y que desgraciadamente falleció en noviembre del año pasado.

Hoy en día, tanto un exjugador del club como padres de chicos que van a Alvear a hacer actividades, son parte de la Comisión Directiva. Y eso está perfectamente abalado. El club cuenta con un estatuto que pone algunas condiciones y características para ser parte de la misma: tener cinco años de antigüedad como socio y diez para ser presidente (y, claramente, ser mayor de edad). Además, el estatuto exige que cada tres años se llame a elecciones, aunque hace mucho tiempo que la institución no tiene una lista que se oponga. Ante la formación de una nueva lista, los integrantes tienen la obligación de avisar mediante carta y dar a conocer sus nombres y proyectos. Antiguamente, el estatuto establecía que para ser parte de la Comisión había que vivir en un radio de dos cuadras del club, de no ser así no podía ser aceptado. Hace ya diez años que eso cambió, y ahora no hace falta vivir en las inmediaciones para formar parte de la dirigencia.

Una cuestión que se intenta que no pase desapercibida es que los socios vitalicios tengan un reconocimiento cada fin de año, donde se organiza una fiesta de entrega de trofeos. A ellos se les da una placa como una forma de demostrar que siempre están presentes para el club, también cuentan con un pequeño salón donde suelen juntarse muchos a jugar a las cartas o a los dados y se les da un pequeño beneficio de descuento en el buffet por si quieren consumir algo.

Desde sus comienzos, el club cuenta con la disciplina que, hasta el día de hoy, es la más redituable para el club: el fútsal. Con una cancha que fue techada con tinglado después de que una fuerte tormenta se llevó el techo inicial y de muy bajo presupuesto, Alvear fue desarrollando el deporte con el fin social de incluir a chicos de la calle, y llevarlos a practicar una actividad.

En la actualidad, bajo la dirigencia de Seguí, se dan muchas variedad en actividades para jóvenes, aparte del fútbol donde se encuentran en la ligas de Federación Amistad de Fútbol Infantil (F.A.F.I) , Cancha de once en una Liga paralela de AFA y el fuerte del club que es el Futsal. También se puede practicar deportes como: Ping-Pong, Patín Artístico, Tenis y tiene la nueva implementación de Zumba y Danza para atraer al público femenino.

Siguiendo en la sintonía de las nuevas actividades a la cual Alvear quiere apuntar, Guillermo Corvatta, vicepresidente, cuentó que quieren “apuntar más a lo social y ganar de nuevo lo que el club siempre tuvo, que fue el clima familiar, que no sea solo que los padres llegan dejan al hijo o a la hija y después los vienen a buscar”.Corvatta continuó: “El club siempre fue de los socios, pero se perdió lo que alguna vez tuvo, ese clima de segundo hogar para muchos. Anteriormente, hace bastantes años, se juntaban las familias a comer asado, o los días de la semana veías más gente sentada en el buffet tomándose un café, compartiendo momentos. Hoy, por ahí, como la mujer está a la altura del hombre, trabaja mucho más. Se entiende que son tiempos distintos, por eso queremos que la gente se quede en el club y el tema de la Danza y Zumba nos pareció una forma de empezar a acercarnos”.

La institución cuenta en una de sus entradas con un espacio para que alumnos que adeuden materias o tengan problemas con las mismas puedan asistir a clases particulares. Si bien éste pertenece al gobierno, el club prestó sus instalaciones para que se puedan dictar las clases, mostrando así, su compromiso social.

“El club siempre fue un hogar para muchos chicos, en vez de estar en la calle en cualquiera. Hoy ya hasta un pibe de 10 años está en una esquina drogándose o tomando alcohol. Yo, que pase toda mi vida acá adentro, soy un agradecido al club por haberme sacado de esa situación. Así como yo, hay muchísimos pibes que hoy vienen para distraerse, disfrutar y sin darse cuenta, implementarse en una competencia sana”, cerró Lisandro Oliveli, quien desde los siete años asiste siempre al club, en aquella época como jugador, hoy para alentar a su hermano que juega en la primera división de futsal y también como parte de la Comisión Directiva.

El futsal quiere recuperar la localía

El sueño del microestadio

El Club tiene un gran desafío para este año: terminar el microestadio para el Futsal. Ya como se había mencionado últimamente, este deporte es el fuerte de Alvear y el que más personas atrae a la institución. Con la disciplina creciendo día a día, el club apostó fuerte hace ya más de nueve años cuando comenzó a disputar el ascenso en sus primeros años de vida. Hace cinco años que inició el emprendimiento de tener su propio hogar ya que, por un tema de medidas de cancha, deben hacer de local en otros estadios. 

En el 2012 con algunas colaboraciones, donaciones y un poco con la ayuda que le da el gobierno mes a mes a los clubes de barrio, sobre la salida que da a la Av. Directorio, el club comenzó con una obra gigante y monstruosa para ser una institución barrial. El Microestadio, hoy en día, solo le falta lo fundamental: el piso. “Se está haciendo muy de apoco y la obra no avanza como nos gustaría, pero es algo que se tiene que hacer con tiempo, está bien que ya van cinco años, pero cada vez falta menos”, argumentó Claudio Roig, el tesorero del club.

Aunque para terminar la obra solo falte el lugar donde rueda la pelota y parte de la iluminación, no es algo tan sencillo. El costo de todo eso es de un millón de pesos, cifra que para un club de barrio es sumamente imposible de conseguir de un día para el otro.

A modo de contexto, parte de la Comisión Directiva contó cómo fue avanzando el proyecto. Desde el 2012 hasta el 2015 se logró levantar el techo, lo cual fue prioridad y además un alivio ya que fue donado. También se armó la estructura de las tribunas, que están preparadas para 8 mil personas sentadas. Desde ese año en adelante, el proyecto fue tomando forma sumando cinco vestuarios, un buffet y una sala de prensa. A fines del 2016 se comenzó con la tarea luminaria de la cancha.

Al proyecto le falta poco y mucho a la vez. La plata siempre es un obstáculo que a los clubes chicos les toca. Pero aún así, el proyecto sigue vigente y cada vez falta menos para finalizarlo. Para cuando llegue ese momento, los dirigentes tienen pensado algo más que el fútbol y es aprovechar el gimnasio para sumar algunas actividades. Seguí hizo referencia al tema: “El club ya cuenta con una buena cantidad de actividades, pero no queremos detenernos ahí, la idea siempre es seguir creciendo y conocer más gente. Hoy tenemos pensado sumar Vóley y Handball, si bien son deportes que fueron creciendo en importancia en los últimos años queremos aprovechar ese despegue y atraer más chicos para crecer en sociedad”.

Raúl Seguí siente que a veces “uno tiene que tomar riesgos para crecer” y por eso elige jugarse con el microestadio y con la inclusión de nuevos  deportes. “El saber que empezamos jugando en el ascenso de AFA te da una iniciativa de que el deporte puede crecer, ya pasó en clubes grandes como River, Boca, San Lorenzo, ¿Por qué no apostar, no?  Además, el club creció: se ascendió a la A, tuvimos el privilegio de tener técnicos de trayectoria en el deporte como Guillermo Campos y jugadores de Selección como Mauro Taffarel, Diego Di Maio quien tuvo una carrera extensa en Italia. A nosotros nos ilusiona, nos emociona ver a la gente como sigue al plantel a todos lados cada fin de semana y creemos que el microestadio es un mimo para todos y un salto enorme de la calidad para el club, de  eso que no haya ninguna duda”, cerró de manera contundentemente.

  Más allá de las intenciones de crecimiento, no quieren sacar nunca la vista de lo social. Aunque saben que esto le da un toque profesional al club, la parte humana de los chicos, padres y socios es lo que más le importa a la institución.  La Comisión Directiva tiene presente que sumar deportes es algo positivo y puede seguir atrayendo a los chicos, tanto de Parque Avellaneda como de otros barrios. “Acá hay chicos de Lugano, Flores y Floresta que se fueron acercando durante el último tiempo, por lo general son amigos de amigos de chicos que ya juegan acá y se fueron enterando. Es un boca a boca, vienen a ver y si les gustó el club, se van sumando. Es una cadena y a nosotros nos pone muy felices que nos elijan como una opción para distraerse”, contó Oliveli en coincidencia con lo que había comentado el Presidente del club. Todos buscan dar el mismo mensaje.

El club de Parque Avellaneda crece día a día. Y aunque haya veces que surgen palos en la rueda o el dinero no alcanza, el grupo humano que lo lleva adelante tiene la prioridad de apoyar al socio y mantener la institución. Hoy, con mucho esfuerzo, pueden llevar adelante uno de sus sueños: el microestadio. Hace varios años, Alvear jugaba de local en su cancha y dentro de poco, eso se podrá  recuperar. Con la instalación terminada, el hincha podrá seguir a su equipo sin necesidad de moverse y el jugador volverá a sentirse en casa.

Experiencia rosarina

Tras la consagración en 2014 en  la Copa Argentina, Alvear fue invitado a jugar el Torneo Nacional de Clubes 2015 que se disputó en Rosario y cuya sede fue el Estadio Marcelo Bielsa, de Newell´s Old Boys. Para ese entonces, el club contó con varios matices: un plantel prácticamente nuevo por la incorporación de jugadores y más gastos que solventar. La Asociación de Fútbol Argentino (AFA) se hizo cargo de la estadía y la alimentación, pero no del viático ni de la indumentaria. “Armé un Excel con el nombre de los chicos, la ropa de invierno y los talles que necesitaba cada uno para ver cómo podíamos conseguirlo. Les pedimos prestado a chicos de la tercera, a los de la Liga de Flores y hasta algunos padres que tenían de años anteriores. Queríamos que todo el plantel tenga algo del club aunque cuando volvimos tuvieron que devolverla”, contó Lisandro Oliveli.

Pese al detalle de la ropa, los integrantes de la Comisión Directiva dieron más detalles de lo que para ellos significó un viaje soñado: “La experiencia de llegar, que te reciban en el hotel, ver a los chicos levantarse e irse a dormir temprano, tenían comida especial y que cumplir horarios. Esas cosas los hizo sentir muy profesional. La gente del club se portó de diez con nosotros, fueron súper atentos. No quedó nada para reprochar”.

“Pero no todo es lindo.  Nos tocó jugar la semifinal ante Newell´s. Cuando llegamos a la cancha y entramos al vestuario había 200 personas silbándonos a modo folclórico. Salimos al campo y ya había cinco mil  y además estaba la barrabrava. El partido se jugó lo más bien, perdimos y listo. Pero cuando salimos nos estaban esperando un par de monos gigantes afuera, nos pidieron ropa y que si no les dábamos algo no salía ninguno. Saqué rápido las llaves de la camioneta y le dije a uno de mis hijos que se llevara a todas las mujeres ahí dentro. Le pedí a alguien que me dé un par de las camisetas de entrenamiento para zafar la situación. Les di eso y salimos corriendo sin mirar atrás. Creo que entendieron que éramos un club chico de barrio. Esa noche terminamos comiendo en un restaurant cualquiera porque esos pibes paraban en el mismo hotel que nosotros”, reveló Raúl Seguí.

Parte de la ropa que tanto les costó conseguir la perdieron en pocos segundos culpa de lo que, lamentablemente, también forma parte del fútbol.

El club de barrio que jugó en la Primera C, ganó una Copa Argentina y hasta recibió “un apriete” continúa sumando experiencias y se siente cada vez más profesional.

 

 

La copa se lleva en la piel

 

La Copa Argentina de Futsal comenzó en 2014 y este año pondrá en juego su tercera edición. Las llaves son de eliminación directa a único partido en cancha neutral. Participan 64 equipos y el primero en coronarse campeón fue sorpresivamente el Club Alvear.

La consagración marcó la historia del Club y la de sus jugadores. Tal es así que Adrián Mouras, el ala derecho del equipo, decidió que el recuerdo no solo quede en su mente, sino también en su piel. “Es algo que jamás me voy a olvidar, Alvear es mi casa, soy hincha y prometí que si ganábamos esa final, yo me tatuaba la copa, y así fue”, expresó.

Fue una guerra del profesionalismo ante el amateurismo. Hay clubes en los cuales los jugadores viven del deporte y otros que no, que somos los que laburamos de otra cosa a la mañana y venimos a matarnos sin que nos paguen un mango”, recordó Mouras, el “Chicho”, como lo llaman sus compañeros.

La final se jugó ante Boca en cancha de Racing. Alvear ganó 4 a 3 un encuentro que estuvo cargado de intensidad y de emociones. Arrancaron adelante los de la Rivera 2-0 hasta que los de Parque Avellaneda consiguen el empate. Los “Xeneises” volvieron a ponerse en ventaja y a falta de dos minutos el club que limita en el ascenso lo dio vuelta. “Lo vivimos como si fuera un cuento, donde el bueno le gana al mal. Todo nos costó el triple, pero gracias a Dios se nos dio”, aportó el capitán.

Así fue como Alvear se consagró campeón y como Adrián Mouras tuvo que cumplir la promesa que le hizo a su hermana cuando equipo avanzó a cuartos de final y teñir sobre su piel la Copa. “No lo dudé cuando me lo propuso, pero me costó tener tanta fe, ella fue más positiva que yo, sinceramente no pensé que íbamos a llegar tan lejos, je”, se chicaneó. Es que ese año el club venía de atravesar golpes duros, tras descender dos veces de manera consecutiva y pasar de la Primera a la Primera C.

“Habíamos tocado fondo y sabíamos que si no nos poníamos fuertes mentalmente no íbamos a salir a flote. Nos juntamos todos, “Chicho” como capitán tomo el timón y nos dio una charla. Entendimos que más debajo de donde estábamos no íbamos a estar y que había que tomar impulso. Lo entendió todo el equipo y se dieron las cosas”, confesó  Mauro Dubini, compañero de Mouras. La charla en el vestuario había sido clave.

Adrián Mouras pudo, junto al resto del equipo, volver a darle vida a Alvear, desde el amateurismo vencer al profesionalismo en una final memorable y dar la vuelta con la camiseta de sus amores. Todo quedará guardado en la historia del club, en su corazón y en su piel.

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