La misión del COI con la creación de los Juegos Olímpicos Juventud desde el año 2007 ha sido llamar la atención de los jóvenes e infantes. Además de modificar diferentes deportes para que sean más atractivos, el Comité también apuesta por el aprendizaje de diferentes culturas sin importar la barrera del idioma y las costumbres.

Por Sebastian Quevedo y Martín Morenza

Desde la creación de los Juegos Olímpicos de la Juventud en 2007, por parte del Comité Olímpico Internacional, el deporte para los jóvenes pasó de ser un proyecto abordando el profesionalismo hacia la adultez, a una ambición a corto plazo. Antes, muy amateur y formativo. Era como una meta a futuro: en quién podrían convertirse, en quién intentarían guiarse como ídolo y a quienes quisieran superar. Todo a largo plazo, esperando el descenso de las estrellas deportivas del momento. La creación de los JOJ fue por el poco interés que han generado los Juegos tradicionales en las masas más juveniles e infantiles de la sociedad; esto desde Atenas 2004. La idea del COI, inspirada por Johan Rosenzopf, llegó a darle vida a la entidad. Tras su tercera edición, en Buenos Aires, todo ha sido un éxito para el Comité.

¿Pero por qué es un éxito? No sólo hay que decir que la asistencia de público ha sido buena y mayoritaria, sino que los eventos deportivos y culturales han funcionado perfectamente. En los diferentes Parques que tiene divididos los Juegos por toda la ciudad, se comparte el espacio entre deportistas y turistas de numerosos países del mundo. Se han visto utopías que los “pre-millenials” ni se hubieran imaginado, como ver a las mujeres iraníes caminar con libertad por los andenes de los Parques. Sin temor a ser reprimidas y llamando la atención de los infantes que no entienden por qué usan un velo negro en la cabeza a casi 30° de temperatura. El idioma tampoco ha sido una barrera. Remando desde un simple, pero resonante aplauso, los espectadores han logrado transmitir sin problemas sus sentimientos hacia las hazañas de deportistas en diferentes disciplinas que normalmente no se consumen: como la escalada, la halterofilia (levantamiento de peso) y el bádminton. A veces un candoroso “thank you”; “excuse me”, “sorry”, basta para darse entender entre culturas completamente diferentes y que no necesariamente son comunidades anglosajonas. En especial estos tres términos se aprecian como si un curso de inglés para principiantes se tratase.

El COI ha sido muy inteligente en su estrategia para llamar la atención de los menores edad. Patrocinadores de mucha influencia en los jóvenes han apostado por los Juegos y eso ha ayudado al Comité a lograr su cometido con mayor facilidad. Una de las empresas que han invertido en los JOJ 2018 ha sido Disney. El poderoso de entretenimiento cuenta con colosales atracciones en todos los Parques buscando el interés de niños entre 5 a 16 años con diferentes actividades: desde trampolines, laberintos y pasamanos, hasta pruebas de realidad virtual, música y sorteos para que padres e hijos puedan participar juntos mientras esperan que algún evento deportivo empiece. Samsung es otro padrino que ha logrado llegar a captar audiencia. Durante un recorrido prolongado hay muestrarios de ciencia sobre el clima, el ambiente, y los animales; también hay juegos de dinamismos y apostando por la motricidad y poniendo a prueba la capacidad de respuesta de los menores, por ejemplo en competencias de “¿Qué animal soy?” o “falso o verdadero”.

Si Disney y Samsung han querido invertir en los Juegos Olímpicos de la Juventud ha sido por un sistema que realmente funciona: el PEC. El Programa de Educación y Cultura tiene como tarea captar y entretener a las masas mientras esperan que algún deporte empiece. Al mismo tiempo buscando que haya una vinculación de diferentes civilizaciones para que quede un aprendizaje. Después de la explicación teórica en la práctica funciona casi al pie de la letra.

El PEC no tendría chance si no tuviera una fuerte creencia del COI y una buena preparación de los voluntarios para sostener la aglomeración. Uno de los grandes aciertos del Comité fue colocar lugares donde los jóvenes pudieran aprender, con la práctica, los deportes que presencia cada Parque. Por ejemplo: en el Parque Olímpico de Villa Soldati hay un ring de Boxeo, un campo de gimnasia, un cuadrilátero para esgrima y deportes de combate; y una cancha de hockey 5. Estos sitios están para que los niños que no conocieran las disciplinas pudieran tener la oportunidad de enamorarse de éstas. En el Parque Verde hay campos de vóley playa, canchas de tenis y simulaciones virtuales sobre la equitación.

La apuesta del COI en la teoría como en la práctica parece ser un éxito. El Programa de Educación y Cultura ha reunido a muchas personas entre sí donde el prejuicioso ha pasado a ser el único discriminado. La última perla del PEC ha sido por medio de la tecnología y a favor de los deportistas en la Villa Olímpica: el Yogger. Éste es un dispositivo que tiene cada uno los atletas en su carnet de identificación. Es como un código QR (muy parecido a los que tienen lo Smartphone para descargar aplicaciones) que sirve para traspasar información entre deportistas de cualquier parte del mundo. La idea es que después de terminado los Juegos los jóvenes participantes no pierdan el contacto de ninguno de sus compañeros que conocieron durante los 12 días en la Villa Olímpica; sin importar la nacionalidad. Cabe destacar que es sólo un privilegio para los dueños del espectáculo.

El Programa de Educación y Cultura ha sido la mayor apuesta en infraestructura después de los recintos deportivos. En algunos Parques llegan a ser poco integrales por la limitación de edad, pues la intención es captar a los jóvenes e infantes. De todas formas logra su cometido. Sin ninguna duda las expectativas del COI se han cumplido y el PEC es todo un éxito en los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018.

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