EL GRAN CANDIDATO QUE NO PUDO SER


Durante los 90’ y hasta mediados de la primera década de este siglo, Yugoslavia sufrió conflictos civiles y bélicos que derivaron en su disolución. Como consecuencia, los seis países que la conformaban se independizaron y formaron sus propias repúblicas. ¿Qué pasaría en la Copa del Mundo de Rusia 2018 si no se hubiera fragmentado?

Por Jorge Baldino (@IndioBaldino10)

Año 1990. Estadio Luna Park, Buenos Aires, Argentina. En el parque del mítico palacio de los deportes es todo algarabía: el equipo de básquet de Yugoslavia acaba de derrotar a la Unión Soviética y se corona campeón del mundo por tercera vez en su historia. El público, con mayoría de argentinos, invade la cancha para saludar a los campeones, que se mezclan y comparten el fervor inusual. Es verdad, ganaron el trofeo, pero ese no es un festejo habitual. Se palpa en el aire, se nota en los rostros de los jugadores, de los integrantes del cuerpo técnico y algunos allegados. Hay algo más. Drazen Petrovic llora sin tapujos sobre los hombros de Tony Kukoc, que lo abraza como un padre a un hijo. De repente, aparece Vlade Divac, una de las figuras del equipo yugoslavo, flameando una bandera que, hasta ese momento, nadie conocía: no era la de Yugoslavia, tampoco la de Croacia ni la de Serbia. Era la bandera de la República de los Balcanes. La bandera de la unión. La bandera de la salvación.
Apenas finalizado el partido en Buenos Aires, a casi doce mil kilómetros de distancia, en Belgrado, el presidente yugoslavo, Josip Broz, sonríe. El dirigente, conocido popularmente por su alias, Mariscal Tito, quien a sus 102 años aún lidera al país, revela la trama secreta y el motivo del festejo casi desesperado de los jugadores: Yugoslavia estuvo a un doble, o a un triple, de padecer un conflicto entre varios de sus pueblos: serbios, croatas, montenegrinos, bosnios y eslovacos. Todos ellos aguardaban un pequeño motivo, una mínima chispa que encendiera la llama del problema y detone una guerra interna originada por sus constantes desacuerdos en cuestiones étnicas, económicas y políticas. Pero Tito tenía guardada una última carta, y la utilizó a su favor. Antes del viaje de los jugadores hacia Argentina, el Presidente había reunido a los dirigentes más importantes de cada región y les había hecho una propuesta: si Yugoslavia ganaba el campeonato mundial, la guerra quedaría descartada. De esa manera, se certificaría el triunfo de la unión sobre las diferencias. El deporte era la herramienta ideal, era la excusa y el móvil.
Tras la victoria, los jugadores son recibidos como héroes por el pueblo. Por los pueblos. No sólo consiguieron un éxito deportivo, también frenaron una guerra que era inminente. El festejo por las calles de Belgrado es histórico: más de un millón de personas les dan las gracias a ese grupo de doce que quedará eternizado en el recuerdo de toda la región. Ni siquiera la ramificación en varios estados naciones que Yugoslavia protagonizará dentro de unos años cambiará el resultado del partido más importante de la historia balcánica.

Año 2018. Belgrado, Serbia. El actual DT del seleccionado de los Balcanes, Davor Zuker, brinda una conferencia de prensa. Contesta las preguntas mientras esparce lo ancho de su espalda en la butaca. En su época de jugador, Zuker fue un goleador implacable, uno de los grandes delanteros noventosos junto a Ronaldo, el brasileño, y Batistuta. Frente al arco, tenía una contundencia comparable a un cross del mejor Mike Tyson. Ahora, no elige en qué palo colocar la pelota, sino jugadores. Está seguro que el de Rusia puede ser el Mundial de la gran sorpresa. 

La sonrisa estampada y los chistes que acompañan cada respuesta sólo cambia cuando la emoción lo invade: le preguntan por los héroes yugoslavos del Mundial de básquet de 1990. “Ellos son la razón por la que nosotros podemos estar unidos y compitiendo. Fueron la piedra fundacional de todo esto. Nos dieron un gran ejemplo de vida. Son leyendas, no solo para el deporte, no sólo para nosotros, sino también para el mundo”.

En la cabeza del entrenador se reproducen los sucesos desencadenados por aquel título como una película en fast forward: la victoria en suelo argentino, los festejos en Belgrado, la decisión de Serbia, Croacia, Bosnia, Eslovenia, Macedonia y Montenegro de independizarse pero competir de manera conjunta en toda competencia y disciplina deportiva, como una única nación. La República de los Balcanes hasta tiene su propia bandera, aquella que Vlade Divac hizo flamear por primera vez hace 28 años…

Probable equipo:   

Oblak (A. Madrid)                            

                   Ivanovic (Zenit)      Lovren (Liverpool)      Savic (A. Madrid)      Kolarov (Roma)

                      Rakitic (Barcelona)               Pjanic (Juventus)                Modric (Real Madrid)

                      Mandzukic (Juventus)                    Dzeko (Roma)                      Perisic (Inter)

 

En rojo, los jugadores de origen serbio.

En violeta, los de origen eslovaco.

En azul, los de origen croata.

En verde, los de origen bosnio.

En negro, los de origen montenegrino.

 

Foto 3

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