EL PADRE DE ESCRITORES, EL PERSONAJE OLVIDADO


Cada 13 de junio se celebra el Día del escritor en homenaje a Leopoldo Lugones, gran referente de la literatura moderna argentina cuya obra casi nadie conoce en la actualidad.

Por Laura Ochoa

Leopoldo Lugones fue un poeta, novelista, periodista, historiador, docente, traductor y político argentino. Su obra poética es considerada la inauguración de la poesía moderna en lengua castellana, y sus cuentos lo transformaron en el precursor y uno de los pioneros de la literatura fantástica y de ciencia ficción en la Argentina. Jorge Luis Borges, en una conferencia sobre el autor en 1963, explicó: “Cuando yo, con menor fortuna que Lugones, ensayé el cuento fantástico, hubo quien dijo que estaba haciendo algo nuevo en las literaturas de lengua hispánica, y eso era falso, porque ya Lugones había escrito Las fuerzas extrañas”.

Cada 13 de junio se conmemora en nuestro país el día del escritor en homenaje a que ese día, en 1874, nació Leopoldo Lugones. La fecha fue instaurada por la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), entidad que tuvo al poeta como primer presidente y que actualmente funciona en la casa que habitó en la calle Uruguay, adquirida por la institución en 1971. Este año, además, se cumplen 120 años de su primera publicación, Las montañas del oro.

En la búsqueda de un profesional o dirigente del mundo de las letras que pudiera hoy poner en palabras la trascendencia del escritor, definirlo mejor para contestar las preguntas relacionadas al porqué de su importancia, el valor de su obra y el legado de su primera publicación, las ausencias y las incertidumbres invaden el panorama.

En el ensayo Lugones, entre la aventura y la cruzada, la socióloga María Pía López comenta: “En su Historia de Sarmiento es clara la elección de un modelo y un precursor. Quiso ser Sarmiento: escritor y presidente. Y quedó atrapado en la tensión de ver sin ser visto.”

Y así es que, a pesar de que parece incuestionable su importancia en la literatura nacional, en la actualidad casi nadie sabe de él.

En la octava entrega del estudio crítico realizado por Jorge Luis Borges y Betina Edelberg, analizaron un posible por qué: “Nadie habla de Lugones sin hablar de sus múltiples inconstancias. Hacia 1897 –época de Las montañas del oro– era socialista; hacia 1916 –época de Mi beligerancia–, demócrata; desde 1923 –época de las conferencias del Coliseo–, profeta pertinaz y dominical de la Hora de la Espada. También parece que en Las fuerzas extrañas (1906) incurrió en la culpa de no prever las dos teorías de Einstein, que sin embargo contribuyó a divulgar el año veinticuatro. Tampoco le perdonan el paso del ateísmo irreverente a la fe cristiana. (…) He aquí lo indudable. Esos cambios múltiples, que son escándalo o admiración de los argentinos, son de carácter ideológico y nadie ignora que las opiniones de Lugones son menos importantes que la convicción y que la retórica espléndida que les dedicó”.

En un acto por los cien años de la Batalla de Ayacucho en Lima, el escritor había justificado en su discurso La Hora de la Espada la injerencia de las Fuerzas Armadas en el entonces sistema político y había enunciado: “El sistema constitucional del siglo XIX está caduco. El ejército es la última aristocracia, vale decir la última posibilidad de organización jerárquica que nos resta entre la disolución demagógica. Sólo la virtud militar realiza en este momento histórico la vida superior que es belleza, esperanza y fuerza”.

La adhesión del novelista al golpe militar de Uriburu, y su rol como propagandista de este, le valió el rechazo de los círculos intelectuales porteños. Por otra parte, a pesar de su fidelidad al nacionalismo autoritario desde la década del 20, Lugones se opuso al antisemitismo mientras muchos intelectuales destacados lo profesaron abiertamente.

En respuesta a esto, Borges y Edelberg señalaron: “El hombre que es sincero y meditativo no puede no cambiar: sólo no cambian los políticos. Para ellos el fraude electoral y la prédica democrática no son incompatibles”.

“Hay gente (no mucha, pero la hay) que se ha dedicado bastante a la obra de Lugones, tendría que pensar quiénes podrían ser”, comenta un editor, periodista y librero que consiguió dos posibles contactos que jamás contestaron. Tampoco respondieron licenciados en letras, periodistas, escritores, y presidentes de bibliotecas o de sociedades. De recomendación en recomendación, las preguntas planteadas seguían sin tener respuesta y el identikit del primer presidente de la SADE sólo toma forma con las publicaciones de otros estudiosos de la literatura nacional.

“En Argentina, el más claro representante del modernismo es Leopoldo Lugones, aunque su fama se debe especialmente a su obra poética que se caracteriza por su rebeldía y sus continuas búsquedas en el terreno del lenguaje. Lugones es rebelde consigo mismo porque en su producción se van dando diferentes estilos, sucesivas rebeliones que van desde el seguimiento apasionado de los simbolistas franceses, a las formas más auténticas del espíritu nacional argentino”, explica Lourdes Franco en su libro Literatura Hispanoamericana.

La relevancia de su obra se relaciona directamente a la introducción en el país de un estilo literario hasta el momento poco explorado. Su estrecha relación con Rubén Darío y la lectura de piezas literarias internacionales representaron la influencia que talló lo que sería el sello de su obra.

“En el primer libro de Lugones Las montañas del oro, percibimos la presencia del angustiado y satánico Charles Baudelaire y el tenebroso Edgard Allan Poe”, ilustra Nydia Palacios Vivas para La Prensa Literaria.

Un joven Lugones de 23 años realizó aquella primera publicación en la Argentina de 1897, año en que se convirtió en padre de su único hijo, Leopoldo Polo Lugones y también, sin saberlo, del modernismo literario nacional. Anticipó en ese escrito los que serían los rasgos más característicos de su composición: el romance, la exaltación de la pasión y el encuentro amoroso. Algunos capítulos de este libro fueron publicados en La Biblioteca, una revista dirigida por Paul Groussac.

Lourdes Franco, en Literatura Hispanoamericana, explica el argumento del libro: “Las montañas del Oro, lleva un prólogo muy elogioso de Rubén Dario; es este el libro más claramente modernista, de estilo grandilocuente, desborda coloridos y sonoridades de tono heroico. El poeta se adjudica un poder paralelo al divino. El paisaje crece en dimensiones hasta hacerse gigante. Lugones busca una nueva armonía entre los seres y las cosas en la que predomina, como en Darío, la esperanza”.

A modo de reconocimiento de su labor intelectual y el aporte a la cultura argentina, lleva su nombre la importante avenida que se inauguró en 1972 y recorre los barrios del norte de la Ciudad de Buenos Aires, Núñez, Belgrano y Palermo, y conecta la avenida General Paz, con la avenida Sarmiento. También, la sala de cine más prestigiosa del teatro San Martín. Sus ciclos, programados junto a la Fundación Cinemateca Argentina, se centran en la difusión del mejor cine mundial.

Este 13 de junio, la Biblioteca Nacional de Maestros conmemorará su paso por la dirección en 1915, con una disertación a cargo del profesor y director del Departamento de Lenguas Modernas en el Berkeley City College de California, Fabián Banga, sobre la vida y obra del novelista y su relación con el universo esotérico. Lugones en la tradición esotérica y espiritualista; una lectura de la obra de Lugones dentro del marco histórico de su época, según presentan.

Parece indudable de que el mayor homenaje al responsable de que se celebre el día del escritor es conocer su aporte a la historia de la Literatura Argentina y el volumen que inició su trayectoria como autor.

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