“FUI CONVENCIDO”


Hay una razón por la que las ilusiones crecen cuando el grandote de guantes cruza la mitad de la cancha para buscar un épico cabezazo. Cuando el resultado está en contra y el tiempo aprieta, el arquero pasa a ser una figura determinante en el esperanzador córner final. ¿Por qué el único jugador cuya principal función no se realiza con los pies parece ser el destinado a conseguir ese agónico empate? Carlos Bossio, Chiquito para todos, es el culpable de esto.

Por Javier Creado

Un 12 de mayo de 1996, el entonces arquero de Estudiantes se elevó en soledad en el área para poner la igualdad en uno ante Racing, y para silenciar -y sorprender- a todo el estadio Presidente Perón. De esa manera, el cordobés consiguió el primer gol de un jugada de un arquero en el fútbol argentino.
Estudiantes llegaba puntero a Avellaneda en ese mayo del 96´. Para el final del encuentro, Racing ganaba 1-0 y le aguaba la fiesta al público Pincharrata, que ya soñaba con algún milagro que le de un mísero -aunque heróico- punto, en ese momento necesario como el oxígeno. Con el tiro libre cerca del área, Chiquito ya lo fue a buscar. No lo dejaron: cuando recién cruzaba mitad de cancha, al tiro libre lo jugaron corto para buscar una mejor posición para centrar. Por suerte para Bossio, el centro se fue rebotado por la línea de fondo. El hombre de 195 centímetros había llegado a zona de gol, haciendo ademanes para que buscaran su cabeza.
“Fui convencido, surgió en el momento. En entrenamientos había metido algunos. Estaba en el área para hacer bulto, en mi arco no aportaba en nada”, rememoró Bossio años después a El Gráfico. El exarquero de Estudiantes y Lanús marcó en ese histórico tanto el único gol de su carrera. Y oportunidades no le faltaron. Quizá la más clara fue cuando atajaba para Las Palmas y estrelló un penal en el travesaño. Pero ese 12 de mayo Chiquito logró dejar atónitos a locales, visitantes y neutrales.
Arrancó entre dos marcadores, que pronto se olvidaron del grandote de guantes. Se elevó en soledad, sobre el punto del penal, y cabeceó con fuerza, contra el travesaño e inclinado a la izquierda, con suficiente distancia para que la mano derecha de Nacho González, arquero de esos años de la Academia, no tuviera posibilidad de reacción. Donde marcó se arrodilló: en segundos sus compañeros lo cubrieron en festejos.
Nacho González perteneció a esos pocos arqueros que, junto a Bossio, convirtió goles en su carrera profesional. El “uno” que jugó en Racing y Newell’s hizo 14 tantos desde el punto de penal. Nacho recuerda el gol de Bossio con mayor tranquilidad que la que refleja su cara en los vídeos del histórico hito: “Hoy es un anécdota. En el momento pensaba: ‘Justo a mí me lo viene a hacer’. Ahora es un recuerdo gracioso, ya que me hicieron un gol en la última jugada, por lo menos fue un colega del arco”.
Chiquito dejó una marca en el fútbol argentino más allá de ser el primer arquero en lograr un gol de jugada. Hoy, cuando otro grandote de guantes se anima a cruzar el campo para buscar un desesperado empate, ya no será tratado como un loco: buscará realizar otra “Gran Chiquito Bossio”.

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