“HAY NOTICIAS QUE NO SE TE DESPEGAN MÁS DEL ALMA”


Diego Laje explotó su carrera como corresponsal internacional de la CNN y carga con él cientos de imágenes e historias de los sucesos más impactantes de todo el mundo. “Para el que está ahí, la noticia no solo tiene sonido e imagen, tiene olor”, dice.

Por Vera Ferrari

Diego Laje nació en Buenos Aires y se graduó como licenciado en Ciencias Políticas. Vivió 14 años en China y desde allí logró explotar su carrera en el periodismo desempeñándose como corresponsal de la CNN. Hoy, nuevamente en Buenos Aires, casado y padre de una hija, cuenta su presente en el país que lo vio crecer y recuerda los sucesos que más lo marcaron en su carrera como corresponsal internacional.

-Como periodista que vivió la crisis de 2001 y tuvo que salir del país, ¿cómo ves al periodismo hoy?

-La situación del periodismo argentino me preocupa, pero uno siempre sueña con que el periodismo nacional pueda aprender lo mejor del internacional y abandonar lo peor de él. Por ejemplo, el periodismo internacional no tiene mucha profundidad. Pero mi análisis es que cuando uno tiene un norte, no importa lo que haga porque lo está haciendo desde un lugar muy particular. Yo sabía que quería hacer periodismo, pero tenía que pagar las cuentas. Estaba seguro de que iba a volver. Después pude entrar en la televisión china y quedó claro que la historia estaba allá. A ver, ¡yo quería ser periodista de la CNN! Veía la cobertura de enero de 1989 de Yugoslavia en la CNN y decía “yo quiero hacer eso”. Ahora, en Argentina, hay una crisis de mercado. Los periodistas tienen que ser muy creativos. Hay muchas formas de serlo. Hay que estudiar sobre algo, elegir un tema y destacarte por cómo presentás la información. Tenés que no parecerte nadie por lo menos en una cosa.

-¿Dónde está el límite entre contar una historia difícil y arriesgada, y caer en el morbo?

-No te puedo dibujar en el piso al límite. Muchas veces tuve que decir “se terminó el día, nos vamos. Tenemos una gran historia, ¿para qué dar más vueltas acá?”. Me pasó en Ucrania. Estábamos en un hospital tomado por grupos armados. Allí, saqué una gran entrevista. Había muchas más, pero decidí irme. La ciudad era un desastre, era una postal infernal de cuerpos que no parecían personas. No había espacio de suelo para no pisarlas, y en eso seguimos a una madre que buscaba a su hija que estaba en la escuela, pero ya había muerto seguramente. Ella se tapó la cara para que no la fotografiemos. Yo bajé la cámara. Esa historia no la conté porque ella no quería. Me lo hizo saber a su manera. Listo, se terminó, apagué la cámara y fui a buscar otra historia. Osea, convencé a otro para que hable con vos, es tu trabajo, para eso te pagan. Y cuando otro te cuente su historia, tenés que pensar qué riesgos corre esa persona para hablar con vos. Capáz se mete en problemas. Muchas veces entrevisté gente y no publiqué sus historias porque podrían haberlas matado y no quería que fuese mi culpa.

-Has pasado por situaciones muy traumáticas por los acontecimientos que cubriste, ¿cómo las atravesaste?

-Mirá, todas las escuelas de periodismo te enseñan a entrar pero no a salir (de la noticia), me parece un horror. Tuve grandes discusiones por temas de estrés postraumático con directores de escuelas de periodismo y la respuesta fue nula. A ver, no tenés que irte a Vietnam en los ‘70 para ver imágenes impactantes. Vos cubrías noticias municipales el 10 de septiembre de 2001 y en menos de 24 horas eras corresponsal de guerra. Me parece que así como a distintos profesionales les enseñan los riesgos para su salud y conocen los medios de seguridad, deberían decirles a los estudiantes de periodismo: “Chicos miren, ustedes van a ver esto”. Además, lo que vemos nosotros como periodistas después lo ve el editor y todos están expuestos a esas imágenes. No las podés borrar de tu memoria.

-Hay quienes dicen que el periodismo es la profesión más arriesgada del mundo. ¿Estás de acuerdo?

-No, pero considero que la profesión a nivel mundial no está teniendo la discusión sobre el estrés del periodismo. Hablemos del tema y con integridad. Quedás partido en dos, no es romántico. Yo no le hablé por diez días a mi esposa cuando estuve en el terremoto de Sichuan (en China). Ella prendió la televisión y me vio corriendo por mi vida en breaking news por CNN Internacional. Volví de ahí y contesté monosílabos una semana. Para el que está ahí, la noticia no solo tiene sonido e imagen, tiene olor. No se te despega más del alma.

“LA SITUACIÓN DEL PERIODISMO ARGENTINO ME PREOCUPA.”

-En algunas entrevistas mencionaste que ante momentos de peligro no pensás que te podés morir, ¿cómo reaccionás entonces?

-Frente a una dificultad hay que pensar que tenés un problema y lo tenes que resolver, pero no que te vas a morir. No sé cómo mantengo la compostura, pero lo que sí sé es que en momentos críticos mi mente cambia. Todo se mueve lento. Discrimino los estímulos que realmente me interesan y me concentro. Es un switch. Nunca supe cuando fui así. Realmente lo vi por primera vez el 20 de diciembre de 2001, pero ese día no me di cuenta. Éramos los primeros en llegar a Plaza de Mayo y estábamos protestando en paz genuinamente, queríamos respuestas porque nos estaban jodiendo la vida los políticos. Pero empezaron a tirar gas y a reprimir, y yo juntaba a mis amigos que corrían por todos lados para que evacuaran por el lugar correcto, y evaluaba estratégicamente la situación sin darme cuenta. Es como que empiezo a ver cómo se mueven las fichas en el tablero. En las situaciones más extremas mi cabeza entra en un estado de calma y quietud, pero después llegás a tu casa y explotás como un escuerzo. Mi hermano es psiquiatra. Tengo una rutina que me prescribió en la que todos los días, cuando estoy en zona de conflicto a las 8 hora local, lloro para descargar. El estrés postraumático es un riesgo laboral.

-¿Has cubierto una gran cantidad de temas, ¿cuál creés que es la historia que todos deberían conocer?

-Algo que la gente debería saber es que tenemos un país espléndido. Es humano, todos nos preocupamos por todos, hay cosas que no son tolerables ni permisibles porque no están bien. Creo que no nos damos cuenta de eso, hay que estar agradecido. Hay países que realmente no tienen nada. Se tendría que mejorar en muchas cosas pero hay por lo menos un sistema de salud. Hay países que ni eso tienen. He visitado lugares que me conmovieron tanto que no pude fotografiarlos. También lamento que las historias africanas y latinoamericanas no interesen.

“NO TENÉS QUE IRTE A VIETNAM EN LOS ‘70 PARA VER IMÁGENES IMPACTANTES. VOS CUBRÍAS NOTICIAS MUNICIPALES EN 2001 Y EN MENOS DE 24 HORAS ERAS CORRESPONSAL DE GUERRA.”

-¿Una historia que te quede por contar?

-Quiero contar la historia del ARA San Juan, a veces sueño que ellos vuelven y los vamos a recibir. También me tocó mucho Malvinas. Muero por ir allá, por contar esas historias. La entrega de los soldados argentinos fue tremenda, a lo que se enfrentaron era terrible, pero lo que pocos recuerdan es que se peleó de igual a igual. Los ingleses contaban que dormían despiertos porque tenían miedo de que “estos” argentinos les comieran el hígado.

Esté bien, esté mal, nuestros soldados fueron a cubrir el arco por todos.

Aunque ya conté muchas, hay una que tengo pendiente. Mi corazón está dividido entre Hong Kong y Argentina. En Malvinas hubo seis víctimas hongkonesas, que eran los cocineros de los barcos ingleses y es un dolor muy profundo para mí. En su momento, entrevisté al cocinero hongkonés del sir Galahad que le hacía de comer a los ingleses y quedó desfigurado por un ataque aéreo en el que un compatriota mío le arruinó la vida. La entrevista a ese soldado argentino es una que me falta hacer. Es una herida que une Argentina y Hong Kong que no me gusta. Quizás sea un trabajo que mejor quede inconcluso.

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