HISTORIA DETRÁS DE LAS MANTAS


Kofi vivía en Costa de Marfil, Mohamed en Haití y Amara en Senegal. Son manteros. Tenían el sueño de viajar a la Argentina, pero no como finalmente lo hicieron: huyendo de la pobreza y los conflictos en sus países.

Por Camila Acosta Vargas e Ignacio Escobar

Los manteros cobraron un particular protagonismo después de un violento desalojo del que fueron víctimas en el barrio porteño de Flores, cuando la gestión de Horacio Rodríguez Larreta hizo intervenir a la Policía tras las quejas de los comerciantes y vecinos del lugar. Muchos tuvieron que irse de allí. Cada uno de ellos vivió -y vive- ese cambio de rumbo de la misma manera, pero sus realidades son distintas. Atravesaron mareas desde diferentes países. Para Kofi y Mohamed, el fútbol fue el motor que los impulsó a vivir en Argentina.

Trabajan en Pasco al 800. No tienen feriados y todos los días son iguales. Venden bijouterie, anteojos o simplemente viseras de moda. Se ganan el pan de cada día sin importar si llueve, truene o haya sol. Ambos nacieron en 1985. Mohamed es oriundo de Haití, lleva puesto una gorra, jeans y una campera parecida a una baliza de autos. Kofi nació en Costa de Marfil, donde vivió hasta los 16 años, y su vestimenta es más autóctona a sus raíces: una túnica naranja con cuadrados de colores. El destino los cruzó hace once meses. Tenían un sueño y para ello tuvieron que pasar por varios países y situaciones difíciles hasta poder concretarlo. La ilusión tenía nombre: Argentina, el país que anhelaban desde adolescentes.
Durante sus 31 de vida fueron perdiendo amigos, casas. Pasaron hambre y guerras pero jamás perdieron su sonrisa.
-No es fácil estar todo el día en la calle tratando de vender un anteojo- comenta Mohamed mientras llama a su mujer. Los años no fueron fáciles para él, en 2010 presenció el terremoto de Haití que dejó alrededor de 316 mil muertos, entre ellos su mejor amigo. “Sentí que me moría, la casa se vino abajo”, recuerda mientras concreta la segunda venta del día.
Después de ese desastre decidió irse a probar suerte a República Dominicana, donde pudo juntar un poco de plata. Pero sabía que no era su lugar y decidió seguir su camino, nada más que esta vez lo hizo con nuevos amigos que el destino le puso en su camino. Se fue a Chile donde, además de sufrir la discriminación, otra vez los movimientos de la tierra le jugaron una mala pasada. “No puedo tener tanta mala suerte, creí que esa vez sí me moría”, resalta.
Finalmente llegó a la Argentina, donde planea formar una familia junto a su mujer, Kenia, una morocha que está embarazada de seis meses y a quien conoció en la pensión del barrio de Once, donde duermen todos los días junto a más paisanos. Su sueño de conocer el país donde nació su ídolo del fútbol, “Leo el Messi”, está realizado. Y es tanto su amor por el capitán de la Selección argentina que quiere ver crecer aquí a su futuro hijo, a quien va a llamar “Lionel”.
En épocas difíciles, Messi era también el único que le sacaba sonrisas a Mohamed. Las decisiones del Gobierno de Mauricio Macri le afectó demasiado. Ya no trabaja tranquilo, sabe que en cualquier momento la policía le puede sacar sus mantas, a pesar que les pagan “unos pesitos”. Cada vez que Mohamed menciona a la ex presidenta Cristina Fernández se dibuja en su rostro una sonrisa similar a la que se le veía cuando decía Messi. Para él tendría que volver porque siente que los mejores días en el país fueron cuando ella estaba en el poder.
Distinto es el caso de Amara, que pertenece a la comunidad senegalesa y tiene su familia en la ciudad de Touba. Vino a la Argentina con su hermano Henri hace tres años en busca de nuevos horizontes. Se comunica con su mujer vía WhatsApp y Skype y planea hacerla venir el año que viene al país. A diferencia de Mohamed, no tiene papeles y a veces tiene que “coimear” a la policía para poder vender sus pañuelos sin que le saquen la manta. Es una suerte de gerente en los alrededores de la Plaza Miserere; la mayoría de sus paisanos le consulta donde ubicarse. Fue uno de los pocos senegaleses que accedió a hablar, no es fácil hacerlo con ellos, no manejan muy bien el castellano y otros tienen miedo a la discriminación.
Amara confiesa tener una relación más estrecha con la gente de su misma comunidad que con el resto de los argentinos. Menciona la palabra “plata” constantemente, es uno de los factores que lo mueve para vivir acá. Como Mohamed y Kofi, destaca a la Argentina para vivir por encima de los demás países americanos. La historia de Amara no fue tan difícil comparada con la de Mohamed, ya que en 2017 planea volver a su lugar de nacimiento. Todos tienen algo en común y es buscar un bienestar económico que en sus países de origen no logran conseguir. Mientras siga este problema, habrá nuevas historias para contar.

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