IMÁGENES GUARDADAS: LAS FOTOGRAFÍAS QUE NO FUERON


En agosto de 2016, el Servicio Penitenciario Federal le prohibió a YoNoFui ingresar cámaras de fotos y cualquier elemento que sirviera para armar una al penal de Ezeiza. Aun así, el taller de fotografía no se detuvo. Las mujeres, desde adentro, imaginaron fotos que otras mujeres, desde afuera, sacaron a partir de sus relatos.

Por Nerea Velázquez

YoNoFui es un colectivo feminista que trabaja desde 2002 brindando talleres de formación en artes y oficios en distintas cárceles de mujeres y también afuera, cuando recuperan su libertad. En agosto de 2016, Alejandra Marín y Liliana Cabrera brindaban el taller de fotografía estenopeica en el complejo 4 del CUE, el Centro Universitario de Ezeiza. Las clases se trataban de fusionar los talleres de fotografía y poesía: leían textos que las mujeres habían escrito y armaban fotomontajes a partir de ellos. El texto del taller de ese día decía: “Cuando te privan de tu libertad, muchas personas que eran tus amigas dejan de estar. El penal es como un colador donde te das cuenta quienes quedan adentro y quienes afuera”. Mientras estaban en el patio del penal recreando la imagen con un colador de plástico y una cajita de fósforos como cámara, las autoridades del Servicio Penitenciario llamaron aparte a Marín y a Cabrera y les prohibieron, mediante un acta, el ingreso de cualquier dispositivo destinado a reproducir imágenes dentro del penal.

Pero esa imposición no las detuvo, sino que fue el impulso para seguir adelante con el taller, que tuvo como resultado la muestra Imágenes guardadas, en la que se exponen las fotos que interpretaron 14 reconocidas fotógrafas argentinas a partir de los textos que escribieron las mujeres detenidas. La exposición tiene lugar en el Club Cultural Matienzo, ubicado en Pringles 1249 y es un trabajo en conjunto entre el Matienzo, YoNoFui y el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS).

La sala está divida en dos partes: por un lado, un espacio para Imágenes guardadas, el proyecto de las chicas de YoNoFui que ya habían desarrollado, pero nunca exhibido. “Intentamos generar un lugar de bastante silencio, que no tuviera otras informaciones más que las fotos y los textos”, dice Agutin Jais, curador de la muestra.  Por otro lado, un pequeño espacio está destinado a exponer mediante documentos, libros e investigaciones por parte del CELS las condiciones de detención actuales en las cárceles de mujeres del país, “y las respuestas creativas de resistencia y de creatividad que surgen en estos talleres”, agrega Jais.

Desde el taller: donde nada las detiene

Es jueves al mediodía y Alejandra Marín está dando el taller de encuadernación en YoNoFui, Bonpland 1660. Mientras moja un pincel en un frasco de cola vinílica y se lo esparce a uno de los lados del cuaderno que está armando, casi automáticamente, asegura que aquella prohibición del taller de fotografía fue injustificada. “El servicio penitenciario no te da explicaciones, no les importa. No nos dieron ninguna excusa ni explicación”.

-“Seño, disculpe, ¿cuánto tiene que sobrar de cada lado?”, la interrumpe Yamila, una de las alumnas. –Tiene que sobrar por igual, le responde Marín, y continúa. “Frente a esa situación, nos quedó apoyarnos en lo que podíamos hacer, que era escribir. Le planteamos a las chicas que pensaran esas imágenes que ellas querían hacer y no podían”.  La consigna fue que escribieran sobre las sensaciones que querían transmitir con esas imágenes y, después, afuera del penal, fotógrafas que sí pudieran hacerlas las representarían.

Marín se encargó de contactar a 14 fotógrafas que tienen un largo recorrido profesional y son reconocidas a nivel nacional, y a quienes ella admira. Pero le pareció primordial que todas fueran mujeres, y que una de ellas fuera alguna de las chicas que había participado del taller. Ese fue el caso de Reina Vallejo, que tomó la foto según el relato de Angie, una colombiana que hoy está libre. Su texto decía: “El vacío, no hay nada más que el dulce aroma del café calentico, fresquito sobre la mesa, ese olor que identifica lo que añoro, lo que extraño… mucho no tengo para expresar. Sencillamente me falta eso que me trae alegría que yo misma me niego a perder, y que un día volveré a tener, en cualquier momento”.

Vallejo aprendió a sacar fotos, está en libertad desde hace cuatro años y también, actualmente, da el taller de encuadernación junto a Alejandra. Cuenta que lograr la foto le resultó difícil: “Al principio, cuando estaba intentando hacerla, pensaba ‘lo único que siento en esta foto es vacío’. El vacío de que no tenés nada de lo que querés tener, ni tu familia, ni tu lugar, ni tu país. ¿Qué sostén tenés, de que te agarrás? Me costó, pero, a su vez, no quería que sean tan triste. Por eso, busqué que tenga color para salir de esa tristeza”.

Los talleres que brinda el colectivo afuera de los penales están destinados, principalmente, a mujeres que pasaron por privación de la libertad, que tienen arresto domiciliario o salidas transitorias. Tanto Alejandra como Reina aseguran que el objetivo de los talleres de YoNoFui no es que las mujeres se sientan libres estando presas, sino que consideran la cárcel como algo continuo entre el adentro y el afuera: “Nosotras no creemos en la resociabilización, consideramos que las chicas nunca dejaron de estar dentro de la sociedad por eso no hay que resociabilizarlas”.

La participación del CELS fue fundamental para visibilizar y denunciar, a través de la muestra, la situación actual que se vive en las cárceles femeninas y para acercar a los jóvenes y a nuevas personas a esta “cruda e incómoda realidad, con el fin de generar algún cambio”, dice Anabella Museri, que trabaja hace 12 años en el CELS, y durante 9 visitó los penales de mujeres de la provincia de Buenos Aires, en los que las detenidas sufren a diario distintas problemáticas. “Viven en condiciones inhumanas de detención, hay problemas de hacinamiento, la mitad de las personas están en prisión preventiva – aún no tienen sentencia firme-. Todo esto evidencia la violencia que ejerce el mismo Servicio Penitenciario sobre las mujeres, como los casos de tortura o cuando fomentan la violencia entre detenidas poniendo juntas a quienes se pueden llegar a pelear”, enumera Murseri, y agrega “Además, están los problemas de salud. La atención medica es absolutamente deficiente, las personas detenidas se mueren a edades muy cortas por enfermedades infecciosas que son tratables, y el acceso al trabajo y a la educación es muy bajo. No hay políticas pos penitenciarias que ayuden a preparase para el momento de la salida. Y quienes acceden a esos programas, son muy pocos. Es un sistema totalmente arbitrario”.

La exposición concluirá el 9 de octubre con un seminario internacional de Arte, política y Derechos Humanos, organizado por la alianza entre el CELS, YoNoFui, el Club Cultural Matienzo y la ARC -Artists at Risk Connection-, donde participarán artistas y se brindarán talleres. Por otra parte, las imágenes expuestas fueron donadas por las fotógrafas a YoNoFui y se encuentran a la venta para recaudar fondos para que los talleres se sigan llevando a cabo.

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