LA GENERACIÓN DORADA DE LAS MIMOSAS


Didier Drogba es el embajador del fútbol africano de la última década. Su nombre no es sinónimo de Costa de Marfil: Costa de Marfil es Drogba. Un día se le sumó Yaya Touré, bicampeón de la Premier League con Manchester City. Ambos se metieron en una historia que había comenzado con los botines de Laurent Pokou en la década del ’60. Una historia que tuvo en la Copa que se disputa en Brasil la que pudo ser la última chance de la Generación Dorada para superarse.

Por Jorgelina Rocca

El ASEC Mimosas es un equipo marfileño fundado en 1948. Con 23 torneos es el más ganador de la liga local y fue la cuna de los jugadores más relevantes de esas tierras. Un año antes de su creación nació uno de los delanteros históricos que vistió su camiseta negra y amarilla: Laurent Pokou.

Su debut fue a los 17 años y dos temporadas después ya era considerado uno de los dos jugadores africanos más importantes del momento (con el maliense Salif Keita). En las semifinales de la Copa África de 1968 (disputada en Sudán) nació el apodo “Hombre de Asmara”, cuando le marcó cinco goles a Etiopía en el triunfo por 6 a 1. Recién 40 años más tarde Samuel Eto’o pudo superarlo como goleador histórico de la Copa y todavía se mantiene en el segundo lugar (18 para el camerunés y 14 para el marfileño).

Pokou fue el primero de su país en jugar en una liga extranjera. Su llegada a Francia fue en 1974, con 27 años, una década después del comienzo de su carrera. La rapidez y la potencia propias de una gacela ya no eran la característica principal de su cuerpo. Pero eso no impidió que se convirtiera en una de las claves del Stade Rennais, club del que formó parte en dos períodos (1974-1977 y su retorno en 1978, luego del paso por AS Nancy-Lorraine). El año en el que Pokou dejaba el futbol galo, fue el nacimiento de la máxima estrella que haya tenido y que tengan Los Elefantes.

Didier Drogba es el actual capitán y goleador de Costa de Marfil (con 60 tantos). Como consecuencia de su vida en Francia el debut fue en el Le Mans, siguió en el Guingamp y tuvo una temporada en el Olympique de Marsella. 32 goles en 55 partidos le permitieron llegar al club que marcaría el antes y el para siempre de Drogba dentro del fútbol.

Junto al Chelsea fueron ocho años, once títulos y una Liga de Campeones. Su físico, sus goles, su técnica, sus logros y todo su juego (con la habilidad como carta más poderosa) lo convirtieron en una referencia y en un símbolo para toda una generación marfileña y mundial. Un capitán que, además, siempre recordó y resalta a los técnicos, como Mourinho, que le dieron la oportunidad y el lugar para marcar el cambio en su vida y en el deporte africano. “Cuando llegué a Stamford Bridge muchos creyeron que se había pagado de más por mi”, remataría (con la misma potencia que en los tiros libres) luego de lograr la Champions en 2012. Dos años después, al tener que enfrentar al equipo inglés, Frank Lampard (ex compañero) sentenciaría que es “un jugador superior a Messi y a Cristiano Ronaldo”.

Drogba

La influencia de Drogba no se queda solo dentro del campo de juego. El número 11 del Galatasaray tiene un carisma que trasciende los 90 minutos de un partido y va de la mano con su compromiso contra la pobreza en todo el territorio africano. Es Embajador de Buena Voluntad para las Naciones Unidas (igual que Ronaldo y Zinedine Zidane) e impulsa campañas contra la mortalidad infantil y a favor de la igualdad de género. Incluso, se lo puede ver animando fiestas para chicos durante la época de Navidad. También le hizo su propio homenaje a Mandela y, luego de la muerte del ex presidente sudafricano, le dedicó el triunfo sobre el Elazigspor con una remera que sintetizaba un “Gracias Madiba” (hecho que lo llevó a presentarse ante la Comisión de Disciplina de la Federación Turca de Fútbol, por la prohibición que tiene esa liga de exhibir mensajes políticos en las camisetas). En medio de la guerra civil en su país pidió por la paz luego de un encuentro por las eliminatorias de la Copa de África de Naciones, dentro de una larga lista de compromisos que asume para frenar la violencia. De chico quería ser médico, pero la influencia de su tío, que jugaba al futbol, lo cambió de rumbo. La intención de salvar vidas no quedó afuera de ese camino.

Pero Drogba no vive preocupado ni con una pelota en la cabeza. Con sus 36 años tiene a la música como protagonista de los momentos de distensión, lejos de los botines y con Alpha Blondy como compatriota (uno de los referentes más importantes de la historia del reggae , surgido en Dimbroko, una ciudad de 60 mil habitantes). Durante su largo paso por el Chelsea tuvo una banda junto a Florent Malouda (Drogba en bajo y su compañero en batería). Por otro lado, su pasión por el fútbol trasciende toda frontera al punto de declarar que Maradona es su Dios, pero que es hincha de River, aunque resalta y admira el clima que se vive en la Bombonera.

Drogba no pasó por el ASEC Mimosas. Tal vez la infancia en otro país fue el único obstáculo que no le permitió tener el mismo comienzo que sus compañeros de selección. De 1990 a 1998 el club de la ciudad de Abidjan se llevó todos los torneos, de manera consecutiva. La base de ese equipo es la base de la selección actual. Con el técnico argentino Oscar Fulloné (nacido en La Plata y que dirigió en Burkina Faso, Marruecos y Emiratos Arabes, entre muchos clubes, a lo largo de sus actuales 75 años), con Boubacar Barry en el arco, los hermanos Touré, Gervinho, Eboué, Kalou, Romaric, Zokora y Boka se hizo un recambio que con el paso de los años quebró la barrera de la liga local para llevar a Costa de Marfil a lo más alto del fútbol mundial, debutando en 2006 en una Copa.

Argentina fue el primer rival a vencer. La selección de Pekerman fue uno de los karmas que tuvo que atravesar en sus dos primeras participaciones: el grupo de la muerte. En Alemania fue el Grupo C: una derrota contra Argentina (2 a 1, con gol de Drogba, convirtiéndolo en el primer jugador marfileño en marcar para su selección en un mundial), otra caída contra los Países Bajos (también 2-1) y un triunfo sobre Serbia y Montenegro (3 a 2). Mientras que en Sudáfrica fue el Grupo G: un empate sin goles con Portugal, una caída 3 a 1 contra Brasil y un triunfo 3 a 0 sobre Corea del Norte.

En Brasil volvieron a tener a Pekerman enfrente, esta vez como entrenador de la Selección Colombia en el Grupo C, que compartieron con Grecia y Japón. Ya no había excusas. Llegaba como uno de los candidatos para meterse en octavos, un paso que marcaría una nueva etapa para este equipo que nunca superó la primera fase. La experiencia mundialista estaba. La proyección europea de sus estrellas ya es indiscutida. Rivales accesibles, los tenían. Y los resultados, a más de 50 años de la aparición de uno de los iconos del futbol africano, como fue Pokou, comenzaron a verse: de no participar nunca en una Copa del mundo, se lograron tres clasificaciones seguidas. En Rusia 2018 gran parte de esta base superará los 34 años: Kolo Touré tendrá 37 (con 103 partidos tiene el record en la selección) y Yaya, considerado el jugador más valioso de la actualidad, 35. Mientras que Drogba pisará su cuarta década.

Entre Pokou y la aparición de Drogba hubo una meseta. La única Copa África que se consiguió fue en 1992 y tiene dos subcampeonatos en 2006 y 2012. Pokou jamás ganó algo con la selección, solo sumó logros personales que le permitieron meterse en la historia. Y aquella Copa conseguida por penales, contra Ghana, es totalmente lejana y casi ajena para los jugadores actuales. Drogba logró todo lo que se propuso, pero su desafío más grande es no terminar siendo otro Pokou.

“Proyecto Goal” (junto a “Aspire Footlball Dreams”) es el mayor desafío para el fútbol de Costa de Marfil en la búsqueda de nuevas “promesas” dentro de los programas de desarrollo de la FIFA. Iniciativas que lograron mejoras cuantitativas y cualitativas a nivel de infraestructura, incluyendo la implementación de un centro técnico y campos de juego artificiales. Es inminente que la selección vaya a necesitar nuevos nombres, nuevas piernas, elefantes y gacelas para que continúen con el proceso, si pretenden que la Generación Dorada no sea solo una leyenda, en lugar de un punto de partida.

De los 23 mundialistas solo dos se desempeñan en el futbol local, algo impensado en tiempos de Pokou. Los paradigmas siempre caen y en algún momento nacen otros, pero el ASEC Mimosas siempre está ahí: de 2000 a 2006 el ciclo se volvió a repetir y logró seis títulos de manera consecutiva. La actual estrella de la liga es Kevin Zougoula, goleador en 2011 y 2012, y Wilfried Bony (tuvo su debut mundialista en Brasil), que también suena como sucesor de Drogba. En ambos casos comenzaron su carrera con una Costa de Marfil ya mundialista y no tienen un pasado “mimoso”. De ellos dependerá que su lugar en el mundo no sea ocupado por otro animal africano y de pulir el brillo de una generación que puede apagarse sin logros colectivos.

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