LA GENERACIÓN QUE DA FRUTOS DORADOS


Por Nicolás Maldonado

Romelu Lukaku tomó la pelota en el centro de la cancha y aceleró a lo Maradona en el segundo gol a los ingleses en 1986. No gambeteó a los defensores, ni al arquero, y sin embargo si Bélgica es campeón también podrá pasar a la historia mundial del fútbol. Tras ver a su compañero De Bruyne, no dudó en habilitarlo con un pase limpio, exquisito. Ante la mirada del lateral brasileño Marcelo, el número 7 de Bélgica remató al arco y marcó el segundo gol del encuentro, ese que gritó un país fragmentado en tres: Valonia, Flandes y Bruselas, aunque en las gradas del estadio Kazán Arena no existían tales divisiones.  

En 2014 Alemania cortó con siete goles el sueño mundialista del pueblo brasileño. Pero esta vez, en Rusia, Bélgica tomaría el rol de asesino de ilusiones del conjunto verdeamarelha. La fortuna del equipo de Tité se acabó al cruzarse con la generación dorada de un país no llamado a ser una gran potencia futbolística.

En 2000, los belgas quedaron fuera de la Eurocopa, tras no poder ni siquiera empatar ante Turquía. El equipo era escaso de creatividad. En el Mundial 1986 sufrieron los goles de Diego Maradona, mientras en las gradas estaba un tal Michael Sablon, parte del cuerpo técnico de Bélgica, quien se comunicó con la Federación y un Instituto de Control de Movimiento. En 1500 horas de observar partidos de juveniles, Sablon, la Federación y ese Instituto llegaron a la conclusión de que cada jugador belga, en promedio, tocaba muy poco la pelota. Algo andaba mal.

Buscaron implementar un proyecto en conjunto en el que se impusiera el 4-3-3 en el campo de juego, donde hubiera distribución de pelota y se le diera lugar al nacimiento de los wines. Se comenzó a prohibir los tiros libres y pelotas paradas en el fútbol juvenil y se obligó a reflexionar sobre el juego. El proyecto se había iniciado.

En ese interín surgieron ocho institutos en donde les brindaban todas las comodidades a las promesas de entre 14 y 18 años, donde crecieron futbolísticamente Mertens, Witsel, Chadli, Courtois y uno de los autores de los goles de la victoria frente Brasil, De Bruyne. La formación de talentosos comenzó a dar sus frutos cuando empezó a transformarse en ventas. Hazard, figura del partido de cuartos frente el equipo de Neymar, fue vendido tempranamente al conjunto francés Lille, donde la Federación se vio beneficiada tras un buen ingreso de dinero. A los 16 años ya jugaba en la sub 19 de su país. El semillero belga fue trepando rápidamente hasta tomar el mando de la selección mayor: Kompany, a los 18 años; Witsel y de Bruyne, a los 19; Fellaini y Alderweired, a los 20.

Mientras Hazard se desarrollaba en Francia, Vertonghen lo hacía en el Ajax de Holanda, Romelu Lukaku se formaba en el Anderlecht de Belgica, donde debutó en 2009. A los 15 años llegó a ser el máximo goleador de la sub 19 de su club, hasta llegar hoy a ser el mayor anotador de Bélgica, con tan solo 25 años. La generación dorada da sus frutos a largo plazo. Las jóvenes promesas florecen y avanzan en la Copa mundial de Rusia 2018.  

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