Santiago Rufino es considerado, para la prensa especializada catalana y argentina, como el Messi que quiere crear el Barcelona para el futsal. Alan Calo, su primer entrenador en este deporte, explica cómo se formó el jugador en Pinocho que espera brillar en Buenos Aires 2018.

Por Lucas Thiele

Hay un momento para los entrenadores, de todos los deportes, que resulta raro: cuando comparten un equipo de mayores, sea A, B, C, con jugadores que dirigieron en alguna categoría de inferiores. Pasar a ser compañero de equipo de un chico de entre 16 y 18 años, luego de haber participado en su formación como deportista, para los entrenadores resulta algo complejo; porque, además de verlo como un compañero más, siempre vamos a ver al jugador como un nene. No tanto como un par de la misma edad. Y, siempre, ese rol de entrenador va a aparecer en algún momento. Porque es algo difícil de dejar atrás”. Alan Calo es jugador futsal e integra el plantel de Primera División del Club Social y Deportivo Pinocho. En la institución del barrio de Villa Urquiza, Calo estuvo a cargo de la Quinta División del futbol de salón y ahí conoció a Santiago Rufino, un chico que nunca había jugado esta actividad deportiva. La conexión de Rufino con La Máquina Verde, apodo con el cual se conoce al club, se dio porque su hermano mayor, Alan, jugaba en cuarta división.

Calo describe el paso de Rufa, apodo de Santiago Rufino, como una gran mutación. A Pinocho llega desde el Club Social y Deportivo Villa Malcom, de Versailles, donde había jugado al baby fútbol y siendo un chico muy introvertido. “Santi era muy tranquilo y muy callado. Si bien se relacionaba con las personas, le costaba mucho interactuar. Tal vez esto pasó porque no estaba acostumbrado a la intensidad que hay en nuestro club. Pero, de a poco, se fue adaptando. De hecho, me sorprende, y para bien, lo extrovertido que se volvió. Vos veías el comportamiento de Rufita cuando llegó y no dabas dos mangos por él”, detalla el pívot del plantel dirigido por Facundo Ruscica. También explica que Rufino era de tener ralles de humor en los momentos que no le salían las cosas; en categorías formativas y jugando en Primera. Estos malhumores le valieron retos de Ruscica e, incluso, de Calo: “Cuando se ponía así, lo reté mucho a Santiago. Pero bien. Siempre tratando de que comprenda que es joven y tiene mucho por aprender y crecer. Por más que haya sido compañero mío, siempre me sentí como su entrenador, dentro y fuera de la cancha. Para mí fue una responsabilidad guiarlo y espero haber aportado mi granito de arena en su carrera y en su ida a Barcelona”, expresa el jugador que utiliza la camiseta número ocho.

Santiago Rufino, de 17 años, fue contactado por Jordi Torras, secretario técnico de las divisiones inferiores del futsal del Fútbol Club Barcelona, para realizar una serie de pruebas en el receso del invierno europeo, hospedándose en la Ciudad Deportiva Joan Gamper (conocida como La Masía). Los entrenamientos de Rufino, primeramente, serían con el Barcelona B, de la Segunda División del futsal español. Pero, en el club catalán quedaron maravillados con su desempeño. Rufa pasó a integrar rápidamente el plantel principal. El 24 de julio de este año, fue su partida definitiva. “Nos tomó por sorpresa. No por sus condiciones, que son muchísimas, sino porque es la primera vez en la historia del club que sucede esto. Además, es el primer argentino en ir a jugar al futsal a Barcelona; que tiene la mejor o una de las mejores plantillas del futsal”, explica Calo, también aclarando que le consultó todo sobre cómo está viviendo en la principal ciudad de Catalunya: sus compañeros, los tipos de entrenamientos que realiza, como se está sintiendo en La Masía y, fundamentalmente, como aclara él, que se siente vivir del futsal en el exterior. Algo que a él le hubiese gustado.

Puede ser que haya sido un desafío tener a un chico siendo técnico y, después, pasar a compartir plantel con él. Incluso a tener minutos en el 40×20 juntos. Es difícil sacarse ese chip o, al menos, me resulta difícil a mí. Me pasó con Rufa y me pasa con compañeros de su categoría hoy en día. A mí me llena de orgullo saber que los chicos que formé llegaron a jugar en Primera División, en Pinocho o en cualquier club. En el caso de Santi, que haya logrado algo de semejante magnitud me pone muy feliz”, cierra Calo; que insiste y recalca lo que le menciona siempre a Rufa por mensajes: que escuche, que aprenda, que es una oportunidad única y que lo tiene que tomar como lo que es: un aprendizaje.

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