LA MARCHA DE LA MEMORIA


Como cada 24 de abril, la comunidad armenia en Argentina se movilizó hasta la residencia de la embajadora de Turquía para exigir que Ankara abandone el negacionismo y asuma la responsabilidad por la matanza de un millón y medio de personas.

Por Vera Ferrari

Llueve. Chispea pero sin intimidar. Los que van llegando se resguardan de las gotas debajo de las enormes columnas de la entrada de Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, mientras se alistan las banderas y bombos para marchar hacia la residencia de la embajadora de Turquía en Argentina, Meral Barlas. Jóvenes y ancianos se reúnen otro 24 de abril más para recordar el genocidio armenio, que partió su historia en dos hace 103 años y todavía sigue siendo una herida sin curar. “Mi tatarabuelo estuvo escondido dos semanas en un tanque de agua para huir de los turcos. Hoy, por primera vez, vengo a la marcha a recordarlo”, cuenta Julieta, armenia por descendencia. Su historia, como tantas otras, enmarca la noche húmeda y tiñe la avenida Figueroa Alcorta de memoria.

Foto: Agencia Prensa Armenia

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Genocidios en el mundo hubo muchos, pero el que se procura no olvidar esta vez no fue un episodio aislado en la historia contemporánea de la humanidad. Se trató del exterminio de un millón y medio de armenios en manos del Imperio Otomano entre 1915 y 1923. Sistemáticamente fueron masacrados hombres, mujeres y niños a través de fusilamientos, torturas, violaciones y las denominadas “caminatas de la muerte” en el desierto sirio. Los hechos ocurrieron durante el gobierno de los Jóvenes Turcos y continuaron durante la República de Turquía bajo el mandato de Mustafá Kemal. No obstante, el conflicto data desde mediados del siglo XIX, cuando el Imperio Otomano intentó homogeneizar su territorio conquistado a través de la aniquilación del patrimonio histórico de poblaciones preexistentes como los armenios, griegos y asirios.

“La reparación no solo considera el reconocimiento de este genocidio sino la indemnización al Estado armenio por los daños y las pérdidas que sufrieron a partir de él”, explica con firmeza Guillermo Ferraioli Caramanian, referente de la Asociación Cultural Armenia en Argentina en la previa de la marcha. Debe considerarse que dentro de los perjuicios se encuentra el hecho de que si no hubiese sido por la matanza, hoy se hablaría de una población armenia de 20 millones de habitantes y no tres millones como los que cuenta en la actualidad, consignó Caramanian. La actitud negacionista del Estado turco ha llevado a que provincias armenias aún estén bajo su poderío y ha tenido sus efectos en todo el mundo. Hasta hoy solo 29 países han reconocido oficialmente el genocidio armenio.

Foto: Agencia Prensa Armenia

Mientras caminan por la avenida se ven abrazos, reencuentros, niños de la mano de sus padres. Los golpes de los bombos se escuchan a lo lejos, adelante, encabezando las filas. Atrás quedan los runners y estudiantes que acompañaron accidentalmente los preparativos de la marcha. Los roces entre los cuerpos casi no se sienten. Cada uno le da espacio al otro, se ve la memoria pero no hay tristeza entre los caminantes.

Foto: Agencia Prensa Armenia

A ellos los mueve su historia heredada, no la rabia, a menos que los vocablos armenios que se oyen sean puteadas contra quienes niegan su historia. Algo sí es claro, acá los protagonistas son ellos; nietos, bisnietos y hasta tataranietos de sobrevivientes armenios. No se reflejan otras banderas, otras luchas más que la de ellos. Acá hay que transitar con un respeto ajeno, como quien visita la casa de un amigo por primera vez. Entre la pequeña y tranquila marea humana está Julieta Koulaksesian. Marcha con una amiga como compañera en las filas. Por primera vez, se suma a recordar su historia o al menos la de su tatarabuelo, que antes de sus veintes tuvo que huir a Francia con un primo luego de presenciar cómo los turcos torturaban a sus hermanas y a sus padres. “Los armenios son cerrados, yo recién me enteré de esto por mi abuelo, porque en general en mi familia no se quiere hablar mucho”, reconoce Julieta quien por motu propio comenzó a interiorizarse en su legado familiar. No es la única, los 6 grados de separación armenia son ley sagrada en cada 24 de abril.

Foto: Agencia Prensa Armenia

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Para recordar, no se puede cesar de repetir. Eso se propone la colectividad armenia en Argentina a través de la inclusión de su memoria en los planes de estudio en las escuelas. “Mis hijos conocen desde chiquitos lo que pasó, pero no hace falta ser armenio para saberlo”, cuenta la esposa del presidente de la Unión Compatriota Armenia de Marash (provincia armenia) junto a su hijo. Hasta la fecha queda mucho por sanar y por admitir. La comunidad pide empezar por monumentos, museos y variados espacios para la memoria armenia. Por el momento, seguirán caminando cada 24 de abril con su flor violeta con cada provincia armenia en sus pétalos, y la leyenda: “No me olvides”.

LA LLAMA DEL RECUERDO
Actualmente en Yerevan, capital de Armenia, hay un monumento por la memoria y cada 24 de abril recibe cientos de personas que llevan flores. Ahí mismo, además, hay un museo sobre el genocidio que recuerda y mantiene viva la historia de sus víctimas.

Foto: Agencia Prensa Armenia

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“MARCHO DESDE QUE ESTABA EN LA PANZA DE MI MAMÁ”

Tres de cada cuatro armenios que habitaban el Imperio Otomano -luego devenido en la República de Turquía- fueron exterminados entre 1915 y 1923 por el Estado turco. Más de un siglo después, la comunidad armenia argentina marchó nuevamente en Buenos Aires hacia la residencia del embajador de Turquía para conmemorar y reclamar justicia.

Por Tomás Pedersen

El 24 de abril de 1915, el gobierno de los Jóvenes Turcos ordenó detener y ejecutar a cientos de armenios en Estambul. Según Guillermo Ferraioli Karamanián, representante de la Asociación Cultural Armenia en Argentina, el embate no fue aleatorio: “Esa noche fueron a las casas de los líderes de la comunidad: líderes religiosos, políticos, intelectuales; los apresaron y los fusilaron”. Así comenzó el primer genocidio del siglo XX: el exterminio de entre un millón y medio y dos millones de armenios. De los sobrevivientes desterrados, alrededor de setecientos mil, una gran cantidad encontró refugio en la Argentina.
Las movilizaciones en conmemoración al genocidio se realizan en las principales ciudades de todo el mundo cada 24 de enero. A pesar de la llovizna, cientos de familias se acercaron el martes pasado a la explanada de la Facultad de Derecho, en la ciudad de Buenos Aires. Marcharon hacia a la residencia de la embajadora de Turquía, ubicada a menos de un kilómetro de allí. Hubo réplicas, además, en Córdoba y Rosario.
“En Argentina somos alrededor de cien mil”, dijo mientras caminaba Milena Mouratian, miembro de la Unión Juventud Armenia de Sudamérica. “Venimos desde chiquitos. Es una tradición; yo vengo desde que estaba en la panza de mi mamá”, señaló orgullosa.
Cristina Tchintain, nieta de sobrevivientes armenios, contó que, además de reclamar justicia, el motivo de la conmemoración es “honrar a los que quedaron en el camino de manera tan trágica”.
Junto con Rusia, Alemania y Estados Unidos, la Argentina es uno de los pocos países que reconoce oficialmente al Genocidio Armenio. En 1987, el entonces presidente Raúl Alfonsín utilizó por primera vez esa palabra en un discurso frente a la colectividad: “Sé muy bien que sus padres, sus abuelos, a lo mejor ustedes mismos, han llegado a nuestra tierra empujados por acontecimientos dolorosos, en momentos durísimos. Quizás de los más duros que ha debido sufrir un pueblo todo, como fue el genocidio de 1915”.
En 2007, el entonces presidente Néstor Kirchner impulsó la ley 26.199 que declara el 24 de abril como el “Día de Acción por la Tolerancia y el Respeto entre los Pueblos”.

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