LA MEDIALUNA DEL ABUELO


Son las 14 de un lunes y él está. Detrás del vidrio transparente, con una tasa de café a su lado espera como un abuelo a su nieto. De pronto Humberto Maschio muestra una sonrisa grande y un enorme apretón de manos. De camisa cuadrillé y pantalón de vestir, ya sin los shorts como hace 50 años, cuando fue campeón del mundo con Racing en Montevideo.

Por Sebastián Corda / @sebacorda95

“En aquella historia el fútbol era otra cosa, menos físico que el de ahora. Con Racing viví cosas hermosas, en Italia también, pero nada como el reconocimiento que hay en el día de hoy”, dice mientras mira para arriba en busca de recuerdos. Y sigue: “cuando volvimos de Uruguay, volvíamos y veíamos banderas de todos los clubes, de River, Boca, Independiente, Chacarita, no faltaba ninguno. Fuimos el único equipo que unió a todos los otros clubes”. Cada vez que Maschio recordaba algún suceso, no obviaba ningún detalle. Para eso esforzaba la memoria al cien por ciento para que nada quedara afuera, a la vez que se tomaba un traguito del café que recién estaba por la mitad. La medialuna ni la probó: “me estoy cuidando”, se excusó, como en sus mejores épocas de jugador.
En sus tiempos, asegura, eran muy severos con el profesionalismo. Por momentos hasta les mandaban a una persona para “cuidarlos”, por si salían o lo que fuera. Una de sus anécdotas que cuenta es cuando fue en busca de “La Gaceta” del día, y en su salida no se encontró a nadie. El Bocha solo fue hasta el puesto de diarios y volvió, en un recorrido de no más de ocho cuadras. Pero a su vuelta había un señor enviado por el club para controlarlo; no le dio tregua ni explicación que valiera. Maschio tuvo una multa monetaria con un valor “bastante pasado”, según la describió.
Los temas históricos fueron un toco y me voy en todo esto, él hablaba como si estuviese monologando. Maschio puede ser un ex jugador que triunfó en Europa, que fue campeón del mundo, que aún es ídolo de Racing, que sigue trabajando en el club. Pero nada de eso dice tanto de él como lo que transmite: un abuelo que tiene ganas de contarle anécdotas a su nieto.

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