LA SUBE, HERRAMIENTA PARA IMPONER EL SLOGAN PORTEÑO


Con modelos limitados y en representación de los continentes participantes de los YOG, las tarjetas para viajar en transporte público buscarán imponer la marca ‘Buenos Aires 2018’ y amortizar parte de la inversión puesta en la competencia.

Por Carlos León

Los cinco anillos entrelazados de colores son el símbolo de los Juegos Olímpicos. También, de cara a los próximos Juegos Olímpicos de la Juventud a disputarse en la Ciudad de Buenos Aires, lo son de una edición limitada del Sistema Único de Boleto Electrónico. Son cinco modelos de tarjeta SUBE, con los colores de los anillos que representan a los continentes. Con la idea de lanzar un color cada dos meses, esta movida publicitaria del Gobierno porteño no es más que otro intento de difundir lo que hasta ahora fue un, al menos, flojo trabajo en materia de promoción y divulgación del segundo evento deportivo más importante a realizar en la historia de la Argentina tras la Copa del Mundo de fútbol en 1978.

El Gobierno de la Ciudad lleva invertidos más de nueve mil millones de pesos, suma harto superior a los 1040 millones presupuestados originalmente. De ese presupuesto, una porcentaje no menor fue invertido en publicidad, pero no hizo mella en una ciudadanía que, según varias encuesta, no está muy al tanto del evento deportivo que albergará la Capital Federal desde el próximo fin de semana.

Si bien la entrada a los escenarios será gratuita, para asistir hay que acreditarse con anterioridad, a fin de obtener el “pase olímpico”, una pulsera con chip.

Entre otras medidas para facilitar los accesos y traslados, está la idea de la gratuidad del viaje en los transportes públicos. Sin embargo, los propios choferes de los colectivos son los primeros en desconocer la medida: “Hasta ahora, no nos han bajado ninguna normativa con respecto a esta medida. Creo que, de ser así, ya nos lo habrían informado con anterioridad”, manifestó un conductor de la línea 114. Aparentemente, las SUBE se habrán emitido con colores alegóricos y en diseños exclusivos, pero aún habrá que pagar para viajar en colectivo. Su fin, como el de otros productos de merchandising oficial de JJOO anteriores, no será más que conmemorativo.

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