“LA TELEVISIÓN ES UN INVENTO FANTÁSTICO EN MANOS DE MEDIOCRES”


El actor Raúl Rizzo reflexiona sobre la falta de calidad y originalidad en las producciones nacionales, la ofensiva contra los artistas que marcan su posición política y el ataque a la cultura por parte del gobierno actual.

Por Bruno Lococo

Sentado en el living de su casa, distendido y mientras toma unos mates con gajos de naranja, el reconocido actor de teatro y telenovelas, Raúl Rizzo, sabe bien cuál es su lugar en el mundo. “Me siento más completo en el teatro, sucede aquí y ahora. Se produce ese vínculo entre actor y público. Eso es único y pasa solamente en el escenario”, confiesa. Al momento que responde las preguntas, su familia sigue con su cotidianeidad y de fondo se escucha cómo alguien está tocando una melódica que no desconcentra para nada al actor.

-¿Cuál degasta más día a día, la TV o el teatro? 

– La televisión. Lo que más gasta son las esperas. Cuando no hacés nada te cansás mucho más que cuando estás en actividad. Porque si actúas ponés la energía en un lugar, la que te piden. En la TV tenés que esperar mucho y gasta demasiado.

-¿Tenés ganas de volver a trabajar en TV?

– Si, no me disgustaría para nada. No sé si una novela diaria, pero si se da lo haría, también está la necesidad laboral. Ganas tengo.

-¿Las productoras ya no llaman tanto?

-Hay poco trabajo, como nunca antes en la historia de la TV. Novelas extranjeras superan en número a las nuestras. Siempre la ficción argentina era ampliamente superior. Hay que cuidar la producción nacional. No solo es eso y trabajo para la gente de acá, tiene que ver con la cultura nuestra. Es una manera de hablar, de contar historias que nos pasan a nosotros. Hay un montón de factores que, al no aparecer en las novelas argentinas, se pierden. Cosas esenciales que tienen que ver con la manera de ser del argentino. Yo creo que la gente extraña las producciones nuestras. Lo que salen las novelas extranjeras es muy barato, producir acá les sale más caro. Es como cualquier otro rubro. Estamos en un momento de estas características y nosotros, los actores, no escapamos a las generales de la ley.

-¿Las novelas argentinas se hicieron muy repetitivas en los actores por ejemplo?

-Actores hay y buenos. No sé por qué aparecen siempre los mismos, habría que preguntarles a las productoras, pero tienen un abanico lleno de grandes posibilidades.

-¿Se deja afuera a muchos de estos actores?

– Yo creo que sí y más ahora. Se pierden la oportunidad de propuestas diferentes. Que haya otros actores hace más rico al producto y cuando se repite el elenco, el público se va hartando. La TV tiene que cambiar mucho, está en una zona muy oscura. Ya para mí que el programa de Tinelli siga estando no habla bien de nadie. La falta de salto de calidad, originalidad. La televisión es un invento fantástico en manos de mediocres.

Si hay una faceta conocida de Rizzo es su rol de “malo” en clásicas telenovelas. “Desde el punto de vista actoral te podés lucir mucho más”, dice. Admite que busca en cada interpretación otro tiempo de personaje, que a algunos les gusta realizarlos ansiosos y a otros más calmos, más medidos, más maquiavélico, más cínico. La cara se le transforma a la hora de describir a ese personaje, se mete directamente en la piel del mismo, se siente que está filmando en este preciso instante, habla lento y pausado. Sabe lo que es estar en el rol del mismo.

-Usted es un actor que se reconoció junto al gobierno de Cristina Kirchner. ¿Cree que eso le jugo en contra para conseguir trabajo?

– En algunas productoras puede ser. No lo confirmo porque no tengo ninguna prueba contundente. Pero hay detrás una realidad que te hace pensar que algo sucedió. Si yo trabaje en una productora, como Polka, hice éxitos, gané Martin Fierros y de un día para el otro dejaron de llamar, algo sucedió. Ellos representan otros intereses distintos que son los del grupo Clarín. No soy el único que no convocaron más.

-¿Se estigmatiza al actor que marca su posición política?

-Pareciera que el actor no es un ciudadano. Que no vota, siente, padece o disfruta de las gestiones políticas. Un actor tiene todo el derecho, como cualquier otro ciudadano, a emitir su opinión y tomar partido. Además yo creo que un artista no puede estar ajeno a lo que pasa. Si hay situaciones de atropello y de injusticias en lo económico muy fuertes se supone que como es un artista su sensibilidad está a flor de piel.

-¿Te arrepentís de haber hecho pública tu opinión?

-No. Porque hubiese ido en contra de mi propia naturaleza. Si yo soy actor, también lo soy por ese rasgo de mi personalidad. Guardarme las cosas por si las moscas iría en contra de lo que yo soy en esencia.

-¿Qué opinas del conflicto en el que se vio implicado el instituto nacional de cine y artes audiovisuales (INCAA)?

-Yo creo que se está buscando la desaparición del INCAA como un ente que subsidia la producción cinematográfica y ese dinero usarlo de otra manera. Fueron a la carga con el director, que primero era corrupto pero después no tanto y finalmente no lo era. Da la sensación que buscan generar una situación presionada. Le han cambiado el nombre, ya no se llama más INCAA. Eso es un ataque cultural porque en el imaginario popular todos saben lo que es INCAA. Es una manera de hundirlos, de hacerlos desaparecer.

-¿El gobierno quiere atacar a los puntos culturales del país?

-Yo creo que sí. El ataque a la cultura es notable. Se han cerrado centros culturales barriales, no les dan más apoyo.

-¿Por qué pensas que busca eso el gobierno?

-Porque la cultura y ellos no tienen nada que ver. La cultura es un vínculo directo con la comunidad que te está dirigiendo, por eso los centros culturales son importantes. Por ejemplo el cine, con sello propio, refleja la conducta del ciudadano argentino, sea de cualquier rincón del país. Si no sucede eso es como que se pierde una opinión y una muestra poética de cuál es la conducta que tenemos.

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