Martina Armanazqui será la representante de nuestro país en pentatlón moderno en los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018. “Me eligieron porque me entregué al deporte. Tuve una vida muy diferente a mis amigos”.

Por Roi Waremkraut

No es común en Argentina que una chica de 12 años se entregue a la disciplina y al entrenamiento que requiere un deporte de alta competencia, pero Martina Armanazqui lo hizo y, con solo 15 años de edad, será la representante de nuestro país en pentatlón moderno, en los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018. “Me eligieron porque me entregué al deporte. Tuve una vida muy diferente a la de los demás. Mis amigos se juntaban para salir y yo no podía nunca”, relata Martina. Esa entrega le costó aún más de lo que ella cuenta.

Ingresó al Cenard a los 12 años, de la mano de Jorge Fariña, profesor de esgrima y captador de talentos, que la vio hacer natación en el Club Estrada de José C. Paz y habló con el Director Técnico Nacional (DTN) Guillermo Filipi para sumarla al Programa Bs. As. 2018. Fariña ya trabajaba con el hermano de Martina, Manuel, que hoy es pentatleta de la categoría junior, y con Franco Serrano, el representante masculino de Argentina en la competencia a celebrarse en octubre. “Cuando empecé a practicar con el entrenador de Franco y de mi hermano, salía a correr con ellos y terminaba llorando, me dolía el bazo y respiraba mal. No podía terminar el entrenamiento sin llorar, pero lo terminaba igual”, revela. El sufrimiento no era provocado solo por el dolor y las limitaciones físicas, sino porque ella quería cumplir los objetivos. Deseaba superarse y terminar el entrenamiento de la misma manera que sus compañeros, cuando todavía no estaba preparada para hacerlo.

Manuel recuerda perfectamente el semblante de Martina en esas circunstancias y describe cómo finalizaba las prácticas: con la cara colorada, agitada y envuelta en lágrimas. Él siempre la alentó para que continuara, pero si la veía sufrir mucho, le aconsejaba que terminara antes. “La vi llorar y quejarse, pero nunca la escuché decir que quería dejar el deporte. Ella tiene determinación. Cuando se pone un objetivo va a buscarlo y no afloja hasta que lo consigue”, cuenta.

Martina nunca quiso dejar de practicar y siempre tuvo claro cuál era su norte, pero su madre no tenía la misma posición y decidió dejar de llevarla al Cenard. No le gustaba verla angustiada y sentía que era muy chica para practicar un deporte tan exigente, pero como Martina no daba el brazo a su torcer, fue su tía quien empezó a llevarla a Buenos Aires.

Norberto Soto es el DTN de pentatlón para Buenos Aires 2018 y empezó a trabajar con Martina y otros 200 chicos en la primera fase del Programa hace cuatro años. A través de campamentos, entrenamientos y pruebas divididas en cuatro fases, fue descartando competidores hasta elegir finalmente a Martina y Franco. Además de la preparación regular, Martina llegó a esta instancia por lo que el entrenador denomina “entrenamiento invisible”: come lo que tiene que comer, elonga como debe y duerme en los horarios correctos. Pero, además, llegó por su personalidad y determinación. “A los 12 años, lloraba porque le dolía y no llegaba a hacer los tiempos. Hoy, no llora porque creció, pero cuando no alcanza un objetivo llora por dentro”, cuenta Soto, que compartió con ella íntimamente los últimos ocho meses viajando por diferentes partes del mundo para competir y ponerse a punto para los Juegos.

A lo largo de 2018, Martina compitió en España, Estados Unidos, Bolivia, México, República Checa y Portugal (donde finalizó cuarta en el Mundial de pentatlón moderno y selló su pase a los Juegos Olímpicos de la Juventud). En una de esas competencias, en la cual competía con chicas más grandes que ella, se habían planteado el objetivo de llegar a la final, y para eso debía quedar entre las 36 primeras. Martina terminó en el puesto 37 por 16 centésimas y el entrenador tuvo que hablar mucho con ella para que entendiera que su rendimiento había sido muy bueno a pesar de no haber podido llegar a la final. “Mis entrenadores me dicen que soy muy dura conmigo, que cuando algo no me sale no miro lo que hay detrás, sino que me pongo mal y me enojo conmigo misma”, explica Armanazqui.

Soto afirma que nunca entrenó a nadie con la conducta y la actitud de Martina siendo tan chica. Solamente tiene que decirle cuáles son los objetivos y ella sola ordena su cabeza y planifica sus acciones para cumplirlos. Ante las sugerencias que recibe para mejorar su rendimiento, su respuesta siempre es la misma: “Si esto me va a hacer bien, yo lo hago”. Sus ganas de seguir progresando y su orden metódico para obtener los resultados que necesita a mediano y largo plazo, la convierten en una atleta juvenil distinta al resto. Va a competir en los Juegos Olímpicos de la Juventud, que son sub 18, con 15 años, es decir, representará al país porque le ganó a todas las chicas del Programa que tenían más edad que ella.

La asignatura pendiente de Armanazqui, que es un eje de trabajo central hoy en día, es el manejo de la ansiedad. Siempre pretende quemar etapas antes de tiempo. Su deseo constante de superarse la empuja a autoexigirse demasiado y sufrir como cuando lloraba a los 12, pero el crecimiento mental y físico del último tiempo la convirtió en una atleta de nivel internacional que está entre las mejores siete del pentatlón moderno en el mundo en su categoría. Buenos Aires 2018 será solo el comienzo de una carrera olímpica que se espera sea larga y exitosa. Eso se desprende de las palabras de Guillermo Filipi: “Si quisiéramos acelerar los procesos, Martina tendría mejor rendimiento, pero dejaría el deporte por la exigencia. Ya planificamos que esté en los Juegos Odesur de 2022 y en 2024 compita en los Juegos Olímpicos de París”.

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