LAS HERMANAS SEAN UNIDAS


La masonería femenina se abre camino haciendo un culto de la fraternidad entre mujeres. Simbología, derechos y secretos.    

Por Brenda Tugender

Sin demasiada difusión, y luchando contra prejuicios que las acusan de brujería y sectarismo, en Argentina hay mujeres masonas desde hace más de 35 años. En una casa antigua de Barrio Norte donde funciona la Gran Logia Femenina Argentina, no hay gente vistiendo túnicas y hablando bajo. En cambio, la ropa es informal, el trato amable y las paredes están llenas de soles y triángulos de yeso.

Formalmente, hace 16 años que la Gran Logia Femenina es oficial y forma parte de Clipsas, la organización con sede en Francia que une a la mayoría de logias masónicas liberales de todo el mundo. Sus hermanos masculinos están organizados desde antes del nacimiento del Estado argentino. De hecho, casi todos los integrantes de la Primera Junta de Gobierno fueron masones. Ellos integraban la Logia Independencia. “Siempre hay masones atrás de grandes logros de la humanidad”, comenta Flavia Vega, abogada y Gran canciller de la Logia femenina argentina.

La libertad de pensamiento parece ser la clave del éxito masónico. Es, precisamente, único requisito exigido para ser iniciada y convertirse en una hermana: ser una mujer libre, sin fanatismos ni dogmas. Mayra Toyos, Gran Oradora enumera las excepciones: “Las únicas que no son aceptadas son quienes sean miembros de sectas o de grupos que pregonan el odio racial”.

Respecto al tema del año, la logia femenina no tiene una opinión única. “No podemos tomar una sola postura sobre el aborto porque algunas hermanas están a favor y otras en contra. Entonces, estaríamos yendo en contra del librepensamiento”, explica Vega.

Los símbolos son de gran importancia para la masonería, que nació como un gremio de constructores de catedrales. Por eso, elementos como la escuadra y el compás son parte de un sistema de significantes que, dicen ellas, solo puede entenderse estudiando muchos años. Lo poco que se sabe es que la escuadra representa rectitud y el compás marca límites.

Flavia cuenta que “la masonería utiliza un lenguaje simbólico para permitir la pluralidad de pensamiento, porque si decimos con qué palabras hay que pensar y con qué valores se mejora tu vida, estoy impartiendo un conocimiento dogmático”.

Nadie que no haya pasado por la ceremonia de iniciación sabe a ciencia cierta qué significan los símbolos y qué sucede en las tenidas, como le llaman a sus reuniones. Lo que sí cuentan es para qué trabajan las logias femeninas: “Queremos proteger los derechos de las mujeres, la igualdad de género y nuestra libertad de expresión”, explica Vega.

Al parecer, esto de cruzarse con una mujer y sentirse hermanada porque lleva un pañuelo verde no lo inventaron las argentinas en el 2018. “Trabajamos en forma fraterna por un bien común. Logramos limar ese individualismo para ponernos todas en pos de algo superior, que es conseguir nuestra libertad y el respeto a nuestros derechos. Recién cuando lo vivenciás, te das cuenta lo que es que una desconocida te defienda por reconocerte como hermana”, cuenta Mayra Toyos, describiendo algo demasiado parecido a lo que en 2018 llaman sororidad.

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