LIBROS COMO OBJETOS CULTURALES


Matías Reck, uno de los creados de la editorial independiente Milena Caserola y de la Feria del Libro Independiente y Alternativa, estuvo en El Sonido y la Furia, por Radio ETER, para hablar sobre el mundo de la edición independiente.

Por Paula Llana

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“Escribir libros es un oficio suicida. Ninguno exige tanto tiempo, tanto trabajo, tanta consagración en relación con sus beneficios inmediatos. No creo que sean muchos los lectores que al terminar la lectura de un libro se pregunten cuántas horas de angustias y de calamidades domésticas le han costado al autor esas doscientas páginas y cuánto ha recibido por su trabajo”. En El Sonido y la Furia, de Radio ETER, se escucha, en seco, el principio de Notas de Prensa, de Gabriel García Márquez. “El escritor se gana solamente el diez por ciento de lo que el comprador paga por el libro en la librería. Por algo me decía un amigo escritor: ‘Todos los editores, distribuidores y libreros son ricos y todos los escritores somos pobres’”. Silencio. Cortina.

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Se baja la cortina. Aire. “Opino todo lo contrario”. Matías Reck, editor de la editorial independiente Milena Caserola —que ya lleva publicados más de 300 títulos— y uno de los creadores de la Feria del Libro Independiente y Alternativa (FLIA), está sentado en un costado del estudio. Ve en la afirmación del escritor colombiano una “primera falacia”, como dice la lógica: intentar pensar la literatura y la economía. En código marxista, García Márquez estaría viendo en el producto de la escritura el valor de cambio y no el de uso. Reck piensa. Se peina el pelo con las manos. Abre los brazos para explicar. “En la literatura misma está ese juego de coquetear con la muerte, el suicidio, la angustia, la depresión, todo eso que produce escribir”. Y es el beneficio directo de ese mundo en donde radicaría el valor de uso. “Por eso la falacia, ni con el 100 por ciento del valor del libro” el autor va a recibir lo que verdaderamente vale, porque, al escribirlo, “se está muriendo. La literatura es muerte, es dejar la vida en un texto”.
Dostoyevski (la Vida de un Escritor), El Jugador, Ataque de pánico. La mesa del estudio de radio está repleta de libros. El Impostor, de Enzo Maqueira, fue editado por Milena Caserola. Reck pide permiso para no usar auriculares. “Estas cosas me distraen”. Quiere debatir, tal como lo hizo hace diez años, cuando con un grupo de personas descontentas con lo que consideraban una Feria del Libro “elitista”, donde ciertas editoriales independientes notaban que no tenían lugar porque no tenían plata, decidieron armar una feria del libro independiente. Veían en los libros un objeto cultural, “transmisor de conocimientos, ideas, sensibilidades” y no un objeto-mercancía.
Junto a FLIA nació también la idea de armar una editorial independiente. El proceso de edición de un libro en Milena Caserola es, según Reck, un “proceso de casi autoedición”, un trabajo conjunto, “porque el escritor hace un trabajo muy protagonista en la edición, desde el arte de tapa, la corrección, el armado, el pensar juntos el libro” para que el escritor aprenda a tener herramientas para sacar el próximo libro.
Matías pide un mate para seguir con la historia y narrar su origen. Si estuviéramos leyendo la historia de la editorial como un libro, podríamos “cerrarlo por unos segundos y abrir el anterior: ‘Los ‘90”, cuando unas pocas editoriales compraron a las más pequeñas. “En el 2001 estalló todo”. Un indicio, para Reck, de que se trata de una novela de género negro. Milena Caserola —que nació en el 2005— es una conjunción de aquellas cacerolas que volaron en el 2001 y de un elemento kafkiano: las cartas del escritor a su novia Milena.

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