“ME DA MUCHA FUERZA MANTENER MI ORIGEN”


Chiwollepa decía Emilce Sosa para saludar en su infancia. La central de las panteras, que cumplió el sueño de su carrera al participar en un Juego Olímpico, se crió en una comunidad Wichí. Las posibilidades de formarse como atleta en otra cultura y la relación entre política y desarrollo del deporte en voz de una de las referentes del vóley argentino.

Por Leandro Fontana (@galle_fontana)

-¿Qué apoyo reciben desde el ENARD y que cambió con la clasificación a Río 2016?

-Todo lo que tenemos acá en el CENARD, becas. El vóley femenino está recibiendo mucho apoyo por las clasificaciones y tenemos una mayor comodidad al entrenar. Hoy en día, el ENARD nos da la posibilidad de tener a la Selección Argentina. Los varones son tenidos en cuenta hace bastante tiempo por ser un equipo de la elite mundial. Nosotras, al meternos, recibimos más apoyo.

-¿El apoyo estatal está relacionado con los resultados?

-Sí, es más visible y cuando nos vamos metiendo en la elite del vóley, necesitamos más cosas. Más tiempo de entrenamiento, más horas de cancha, ropa. Cuando no teníamos tanta competencia, capaz lo que teníamos estaba bien. Hoy la demanda es mucho mayor.

-¿Cuál es la realidad de la liga argentina?

-En Argentina, las mujeres no pueden vivir del vóley. Tienen que trabajar para mantenerse y eso nos hizo salir a todas. La mayoría jugamos afuera. Si la liga tuviera una mayor ayuda económica, podríamos jugar acá y tener un nivel más alto. Los varones tienen la posibilidad de vivir en Argentina y ganar como si estuvieran afuera. El espectáculo del vóley masculino, con los extranjeros, les da más rédito. En femenino no está el nivel económico para contratar jugadoras y hacer una liga competitiva. Mi sueño es venir y terminar mi carrera en Argentina.

-¿Frena el desarrollo del vóley femenino no tener una liga profesional?

-Yo creo que sí. La Selección está trabajando muy bien con el tema de las inferiores, la captación, pero si nosotros no traemos extranjeras como en la mayoría de las ligas, no aprendemos y el nivel no sube. Mismas jugadoras, mismos equipos. Me gusta que ahora la liga se abrió y sea nacional, eso ayudó.

-Te criaste en una comunidad Wichí ¿Cuándo comenzaste a jugar al vóley?

-Yo empecé a jugar al vóley a los dieciséis años. Antes, jugué ocho años al fútbol. (A jugar al fútbol) Empecé en Las Lomitas, mi pueblo, y después me llevaron a Belgrano de Córdoba, donde jugué un año. A mi mama no le gustó mucho y me dijo que juegue al vóley. No me fue tan mal -risas-. En Córdoba me federe y empecé a competir en un club. Fue todo un desafío estar ahí. Una ciudad donde no conocía nada, ni sabía tomarme el colectivo.

-¿Cuál es la situación del deporte en la comunidad?

– Vivía en una aldea con veintitrés familias y el deporte no se veía mucho. Cuando vivía allá, no había tele porque no llegaba la luz eléctrica. Hoy en día, sí llega a algunas comunidades y se practican más deportes. En esa época, yo hacía jugar a las mujeres porque ellas no hacían ningún deporte. En estas comunidades, los chicos tienen muchísima aptitud física y no se los aprovecha como se debería. Podrían salir muchos atletas muy buenos.

-¿El desarrollo del deporte está demasiado centrado en las grandes ciudades?

Hay muchos chicos que piensan que si no están en un club como Boca Jrs. o Atenas de Córdoba, no llegan a la Selección. Es lo que yo siempre uso en mis clínicas para darles fuerza a ellos. Intentó mostrar que sí se puede. Salí de una comunidad, después de llegar al pueblo y a la ciudad, lo logré. Todo el mundo se sorprende. Una jugadora que ahora está en el nivel mundial cómo hizo para salir de ahí. Es mi historia de mi vida que podría ser la de cualquiera.

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