MIDEN LA CONTAMINACIÓN A TRAVÉS DE LA SANGRE DE LOS PERROS


Asimilan el plomo en sangre del mismo modo que los niños. Es una alternativa práctica para elaborar un mapa de riesgo de la Cuenca Matanza-Riachuelo, ante la ausencia de una estadística oficial.

Por Manuel Nieto

No son ni científicos ni médicos ni biólogos. En la facultad no estudiaron las consecuencias de la presencia del plomo en la sangre de los niños. Pero todos los días trabajan cerca de las problemáticas ambientales de la cuenca del Río Matanza-Riachuelo. Y se les ocurrió una forma creativa de ayudar.
La odontóloga Verónica González y el veterinario Néstor Fernández fueron becados por el Ministerio de Salud de la Nación y ahora encabezan un proyecto para hacerles extracciones de sangre a los perros de la región, y así poder detectar focos de contaminación ambiental.
Según explica Fernández, los perros y los niños asimilan el plomo en sangre de una forma muy similar. Y el nivel de plombemia que presentan es uno de los factores más indicativos para averiguar la contaminación en una determinada zona y cómo afecta a la población.
Por eso, el objetivo del proyecto es analizar unos 400 perros a lo largo de toda la zona de la cuenca. La investigación podría arrojar un mapa provisorio de los lugares más afectados por la contaminación, ante la ausencia de una estadística oficial y lo complejo que resulta estudiar directamente a los niños. “El plomo está presente en muchos desechos industriales y la tierra no puede sacárselo de encima –asegura el veterinario Fernández-. Los humanos y los perros lo absorben por el aire que respiran o también por el agua o el suelo. Pero a medida que vamos creciendo, generamos más barreras y nos afecta menos. Por eso los que tienen mayor riesgo son los niños”.
González y Fernández son trabajadores de la Autoridad de la Cuenca Matanza-Riachuelo (ACUMAR), que tiene como principal objetivo sanear los cursos de agua y atender las consecuencias de la contaminación. Para llevar adelante su proyecto, tienen una ventaja: el ente realiza cada semana operativos de castración de mascotas. “A los perros de todas formas los tenemos que dormir y colocarles una vía. Por eso se nos hace cómodo”, comenta Fernández.
En lo que va de la investigación ya les sacaron sangre a unos 200 perros, pero obtuvieron el resultado de apenas unos 70 porque los estudios son costosos y se demoran. El más llamativo apareció en “Villa Sapito”, Lanús, una zona cercana al Riachuelo y a una curtiembre. Allí detectaron a un perro con una alta concentración de plomo.

La presencia de plmo en los chicos produce alteraciones en el desarrollo neurológico

La directora del área de salud de ACUMAR, Susana García, detalla que en toda la cuenca hay unos 600 niños que están siendo monitoreados por presentar niveles de plomo en sangre mayores a los cinco microgramos por decilitro.
¿Pero cuáles son las consecuencias del plomo en la sangre? García, que es una entre los 200 médicos toxicólogos del país, explica: “En los chicos, produce alteraciones en el desarrollo neurológico. Está demostrado que cuando hay más plomo, son menores el coeficiente intelectual y las posibilidades de aprender y adaptarse. También hay estudios que hablan de problemas de conducta, violencia e indigencia”.
Los cuadros más extremos, que requieren la internación del paciente, se dan a partir de los 45 microgramos por decilitro. “Hemos tenido casos puntuales de este tipo”, reconoce García. Y agrega: “Están asociados a la participación de los chicos en actividades de fundición de metales, por ejemplo cuando un familiar lo hace dentro de la vivienda y genera la presencia de polvo y vapores”.
El resto de las afecciones, más leves, suelen darse a través del suelo. Las casas sin piso de material favorecen el contacto entre los menores y el plomo, que primero está en el vapor que expulsan las industrias y después se hace parte de la tierra. “Lo que tratamos de hacer es concientizar a las familias para que los chicos no tomen más contacto con objetos contaminados. La higiene es fundamental y también una alimentación adecuada, porque se sabe que el calcio y el hierro reducen la absorción del plomo”, dice García.
En tanto, el veterinario Fernández refleja: “A nosotros nos toca trabajar en barrios muy cercanos al Riachuelo y se hace muy difícil respirar. En zonas así, lo único que se podría hacer es mudar a los vecinos”.
García contesta que Acumar tiene un convenio para construir y reparar viviendas. “Buscamos relocalizar familias con alto grado de vulnerabilidad, y las que tienen chicos contaminados por plomo tienen prioridad. A veces no hace falta que se muden; en los lugares con el suelo contaminado alcanza con ponerles un piso de material”.
El proyecto del veterinario y la odontóloga puede colaborar con una de las grandes deudas pendientes que viene dejando Acumar en sus cinco años de existencia: el diseño de un mapa epidemiológico con el que se pueda determinar cuáles son las zonas que requieren más asistencia.
“Las organizaciones de base que trabajamos en la cuenca venimos reclamando el mapa desde hace años”, puntualiza Melina Tobías, que es bióloga investigadora del Conicet y estudió la contaminación del agua del Riachuelo. “Es una herramienta fundamental para diseñar políticas de Estado y conocer la situación de cada barrio”, suma.
García dice que “Acumar está trabajando en eso” y promete que para fin de año van a tener relevados unos 35 barrios considerados en emergencia, y que en 2018 apuntarán a otros 50. Pero suena a poco: hay más de 500 barrios emergentes, de los cuales 200 son considerados de alto riesgo.

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