Argentina tuvo la difícil tarea de enfrentar a Venezuela sin su ancho de espada. La conducción del equipo no la pudo tomar un solo jugador, sino que se repartieron las tareas entre Ángel Di María, Éver Banega y Erik Lamela.

El conjunto albiceleste llegó al arco rival con mucha más gente que en los partidos anteriores con Lionel Messi en cancha. Debido a la ausencia del capitán, no había un jugador definido para asistir a Lucas Pratto, sino que era abastecido por los tres volantes ofensivos. Al jugar sin enganche definido, abusó del pelotazo y jugó mucho por las bandas, terminando en centros sin sentido al 9 del Atlético Mineiro.

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Con un desempeño muy lejano al que muestran en Europa, los tres del medio no pudieron conectarse para generar peligro en el ataque. Pese a las críticas recibidas constantemente, quedó en evidencia lo importante que es Messi para la Selección Argentina y más aún para el estilo de juego que pregona el nuevo técnico.

Debido a encontrarse en desventaja, el equipo del Patón salió a buscar el empate con más voluntad que ideas. Pratto pudo sacarle rédito a la única clara que tuvo y Argentina volvió a meterse en partido, pero la creación de juego siguió brillando por su ausencia. Pese a tener la posesión casi exclusiva de la pelota y sumar gente en ataque con los cambios, solo pudo alcanzar en base a la insistencia y a una pelota parada que supo aprovechar Otamendi.

La Selección se vuelve con un punto y con la incertidumbre de encontrar cómo mantener el nivel ofensivo cuando Messi está ausente.

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