PLANTAR UN ÁRBOL, ESCRIBIR UN LIBRO


Una tendencia que se afirma en la clase media porteña. Muchos jóvenes de entre 25 y 35 años no quieren tener hijos, e invierten toda la energía en mantener su trabajo y carrera profesional. En los últimos años el concepto de familia varió. Según los especialistas lo que antes no se cuestionaba, hoy se analiza.

 

Por Mario Bertoni; Nadir Cannolo (@Cano_arg); María Dellavalle (@PiniDellavalle); Víctor Doat (@VictorDoat); Natalia Konradi (@NatalyKonrad); Julieta Mosqueira (@J_Mosqueira)

 

La paternidad ya no es una de las prioridades de los jóvenes porteños: tener un hijo no parece ser una condición necesaria para sentirse realizados. Hombres y mujeres, estén solteros o en pareja, prefieren estabilizarse laboralmente o enfocarse en un crecimiento académico. “En los últimos años, sobre todo en las mujeres, se incrementó el tema de estudiar una carrera universitaria y tener un trabajo estable, lo que exige una dedicación que es incompatible con la maternidad.”, sostiene Ángeles Díaz, licenciada en Psicología de la UBA.

Para los expertos, el concepto de familia fue variando en los últimos años. Según la socióloga Victoria Mazzeo, del Instituto Gino Germani, la tasa de fecundidad en la Capital Federal decrece desde los ‘90. En ese entonces, alcanzaba los 2,1 hijos por mujer. En la actualidad, Argentina se encuentra, junto a Colombia, El Salvador, Ecuador, México, Nicaragua, Perú y Venezuela, entre los  países latinoamericanos con una tasa de fecundidad por debajo del nivel de reemplazo generacional. En nuestro caso, de 1,7 hijos por mujer.

A su vez, se postergó la edad del matrimonio: la primera unión de las mujeres era a los 28 años y ahora pasa los 30. También cambió la edad en que se da a luz al primer hijo: en los ‘80 oscilaba entre los 26 y 28 y hoy supera los 29 años.

Según la licenciada en Economía Rocío Dellavalle “quedarse en lo fenoménico puede ocultar mucho más de lo que aclara. La decisión de tener o no hijos, reproducir la vida, no es sólo una decisión individual: es también social”. También explica que “si se analiza la clase media vemos que postergan la decisión de ser madres.” No por ello hay que dejar de lado las causas. Dellavalle  afirma que surgen incógnitas tales como si es una decisión de la mujer planificar su maternidad  o si la competencia en el mercado de trabajo influye sobre eso.

Adriana Valmon tiene 34 años y una opinión muy firme respecto a ser madre: “Nunca tuve interés, sentiría una gran responsabilidad y yo necesito libertad. No es que un hijo me ate, pero creo que tengo que dedicarle el tiempo que merece. Tendría que dejarlo todo el día en una guardería, además soy sola, y eso sí que no estoy dispuesta a cambiarlo. Dispongo de mi tiempo y no obligo a nadie a nada”.

En la Ciudad de Buenos Aires las características socioeconómicas en los jóvenes es un factor influyente: “Las personas que tienen estudios universitarios y un empleo, sienten que no disponen del tiempo necesario para tener hijos, porque es difícil poder compatibilizar la energía de la maternidad con las exigencias laborales o los proyectos que las parejas tienen hoy en día, cuando el mercado laboral es competitivo e inclusivo, para la mujer sobre todo”, afirma Ángeles Díaz.

¿Pero qué es lo que sucede a nivel regional en tiempos de globalización? Rubén Palacios es sociólogo y analiza estos aspectos. “Creo que la causa fundamental de esta nueva tendencia que está dando vuelta el mundo, porque este fenómeno que cada vez se está haciendo más popular sobre todo en América Latina, es por el tema del compromiso”. ¿Qué es el compromiso? una gran responsabilidad que requiere tiempo, seriedad y ser exclusivos de esa nueva personita que comenzará a ser parte de la vida de la pareja.”

En el caso de la mujer, el Instituto de Investigación en Psicología Clínica y Social (IIPCS) considera que los criterios por los cuales no quieren ser madres pueden ser varios. Algunos de ellos se deben a que son exitosas o están en vías de serlo, por lo que no tienen tiempo ni deseo de ser madres. Otro factor puede ser que hayan tenido una infancia complicada y hayan vivido una mala relación entre sus padres, por lo que son incapaces de tener una pareja estable. Por último, algunas mujeres no desean ser madres dado que no tuvieron oportunidad de identificarse positivamente con su propia madre y está bloqueado ese instinto desde el punto de vista psicológico.

Por el lado de los hombres, la situación es similar aunque cuentan con otras ventajas. Jorge Moyano, de 30 años, es empleado administrativo en el Congreso de la Nación y convive con Daiana, su novia, desde hace 5 años. Ambos priorizan desarrollarse en sus carreras antes que ser padres y lo afirman sin dudarlo. “Es un tema que a la hora de formalizar lo charlamos para saber lo que uno quiere proyectar de su vida y un hijo es bienvenido claro, pero nos cuidamos y decidimos no tenerlo”.

De acuerdo al informe “Panorama Social de América Latina” que emitió la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en 2011 “la reducción de la fecundidad en América Latina proporciona una oportunidad sin precedentes para el avance económico y el mejoramiento de las condiciones de vida de los hogares de la subregión.” Por otro lado, este organismo asegura que “el impacto positivo del descenso de la fecundidad se refiere a la total transformación de la estructura por edad de la población, que permite que los países cuenten con un volumen significativo y creciente de población potencialmente productiva frente a una proporción decreciente de población económicamente dependiente.”

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Opinión

Laura Sierra, socióloga. MP. 313 

“Creo que hay una concepción muy europea respecto a que una pareja sin hijos es una pareja con un gran desarrollo social. Por otro lado, hay gente que decide no tener un hijo en este mundo tan hostil. O también tiene que ver con una falta de planificación: muchos lo deciden para no asumir aun más responsabilidades. Conozco casos que deciden no tener hijos, y para ellos es un hecho fundamental que los une. También se piensa a futuro y las complicaciones que vendrán, como por ejemplo quien lo cuidará. Lo que hoy en día se busca es no sumar problemas.

En los últimos 20 años cambió la concepción de maternidad y esto parte de respetar las libertades individuales. Debemos entender que  alguien no quiera tener hijos. Antes era una cosa más natural tenerlos, ahora mucha gente piensa y medita en el tema”.

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