REPATRIADOS LADO B


Lejos de las políticas que fomentaron el regreso de los científicos al país, los repatriados de hoy son universitarios que se formaron en el exterior y que vuelven para ser funcionarios.

Por Laura Molina y Vedia y Maia Campbell

Cuando en el PRO pasó la euforia de encontrarse gobernando las tres administraciones más importantes del país, llegó el momento de pensar a quién poner en los 10 mil asientos necesarios para gobernar esos distritos. La designación de CEO’s como ministros de varias áreas cobró fuerza en la discusión mediática, pero ¿quiénes conforman las estructuras que los sostienen? El G25 fue la organización encargada de esa búsqueda.
El Gobierno intenta asociar la “modernización” del Estado a la adopción de prácticas de gestión propias del sector privado, y señala como impulsores de este proceso a los funcionarios que vienen de trabajar en organismos no estatales. Muchos de ellos trabajaron o completaron sus estudios en el extranjero.

Tres ejemplos de ese camino son Ezequiel Tacsir y Bernardo Díaz de Astarloa, del Ministerio de Producción; y Alejandro Fontán Balestra, de la Jefatura de Gabinete. Con diferencias, sus casos se asemejan a los de aquellos científicos que, durante los primeros años de kirchnerismo, fueron atraídos por el programa Raíces a desarrollar sus investigaciones en el país. Esta nueva camada de “repatriados” encuentra su lugar en cargos de la gestión pública.
Fontán Balestra es coordinador en la Secretaría de Articulación Interministerial de la Jefatura de Gabinete de Ministros. Entiende su cargo como una oportunidad para “aportar algo a los demás y hacer algo por el país”.
En la misma línea, Díaz de Astarloa, director nacional de Estrategias para el Desarrollo Productivo, sintió que era un momento interesante de la Argentina para estar participando desde este lado: “Me gustaría cambiar cómo se miran los datos, cómo es el nivel de la discusión, cómo dialoga el Estado con otros ámbitos”, explica.
Tacsir, subsecretario de Políticas para el Desarrollo Productivo, ya había trabajado en el Estado cuando Rogelio Frigerio era responsable de Programación Regional en el Ministerio de Economía durante el gobierno de Carlos Menem. Ahora lo convenció la idea de estar “en la parte de armado de políticas públicas”. Se había ido buscando una experiencia para estudiar y formarse: “Me fui en 2005 y estuve afuera hasta 2014. Viví en Holanda hasta el 2010 y, antes de terminar el doctorado, me fui a Washington con el BID y después a Costa Rica. Cuando ya me tocaba de nuevo moverme me puse a pensar dónde. Fue ahí cuando apareció la idea de volver”, cuenta.
El año pasado, mientras trabajaba en la filial mexicana de Techint como Market Strategy Manager, Fontán Balestra se encontró con que su primera hija ya tenía clases de educación sexual. Fue ahí cuando decidió emprender el regreso. Aterrizó en Ezeiza con la ilusión de concretar el sueño de la casa propia. “Me fui en 2005, en la Argentina no había crédito financiero. Terminé frustrado porque estudié ingeniería industrial en el ITBA (Instituto Tecnológico de Buenos Aires), una carrera difícil en la que me fue muy bien; entré a trabajar al Grupo Techint y no me alcanzaba la plata para alquilar un departamento donde me entraran los muebles”, recuerda. Diez años después volvió al país con un cargo de gobierno. Nunca antes se había imaginado en política: “Me veía más en alguna ONG, principalmente por el tema de la corrupción”.
Aunque suene contradictorio, Díaz de Astarloa dice que la política no lo motiva y le interesa tener una posición más espectadora, de hecho la primera vez que le ofrecieron su puesto la respuesta fue negativa. En 2010 se fue a realizar su doctorado en Estados Unidos y tuvo un breve paso por el Banco Mundial, antes de sumarse al equipo de Francisco Cabrera. Nunca había entrado a un ministerio y cuando llegó a su oficina el edificio le pareció viejo. Tuvo la impresión de que no se cuidaba el espacio laboral: “Entrás a un baño y están las puertas rayadas, no le importa a nadie si el papel cae adentro o afuera del centro de basura”, explica.

El día a día de su trabajo es analizar aspectos de la economía argentina. “A veces es hacer un estudio y a veces hablar con un académico sobre su visión de un determinado tema. Siempre pensé que prefería ser asesor de un ministro que ministro, y ahora lo compruebo. Me gusta más lo que tiene que ver con análisis que con la gestión”.
Fontán Balestra integra el equipo que controla el avance en tiempo y forma de los lineamientos, objetivos y programas de gobierno en cada uno de los ministerios. “A mí me toca Cancillería, transporte y producción”, detalla.
E el desembarco de los nuevos funcionarios generó incertidumbre y conflictos en muchas áreas del Gobierno. Para Tacsir, eso fue cambiando con el correr de los meses. Cree que la gente con la que trabaja entendió que quieren hacer las cosas bien y se fueron animando a sugerirles cosas. “Me sorprendió cuando nos reunimos con los funcionarios anteriores que nos presentaron varios biblioratos con lo que existía en ese momento; los programas, procedimientos. Me gustaría que cuando me vaya haya más ahí. Nos faltó saber qué había funcionado bien, qué no y por qué”, comenta.
La famosa grieta también llegó a los conceptos: la militancia se convirtió en voluntariado y el territorio en timbreo. Donde Cristina Fernández de Kirchner decía “la patria es el otro”, María Eugenia Vidal habla de“vocación de servicio”. En el mismo Patio de las Palmeras donde saltaban las remeras de La Cámpora, hoy pasean los activistas de ONG. Y donde antes había científicos repatriados hoy, hay funcionarios con doctorados del norte.

EL “INSTITUTO” DEL GABINETE
El grupo G25, a cargo del ministro de Educación y Deportes, Esteban Bullrich, y de su par en Transporte, Guillermo Dietrich, se define como un “instituto” y “busca ser un ‘puente’ entre el ámbito privado y el público” para sumar profesionales a cargos en el Estado. El teléfono de contacto que ofrece su página web suena en el despacho del diputado PRO Álvaro González y la sede está en el edificio de la Fundación Poder Parlamentario, de la Fundación Friedrich Naumann, de la Comisión Esperanza, y del búnker de operaciones del PRO, entre otros.
Después del 25 de octubre y ante la perspectiva de tener que ocupar 10 mil cargos, el G25 aumentó su protagonismo, no sólo tentando a directores o gerentes de empresas sino también a especialistas en el exterior. “Identificar, atraer y retener profesionales destacados”, es la consigna que mantiene el grupo.
De las 18 personas que integran el consejo asesor del G25, 17 son parte del gabinete estatal o de empresas públicas. Ezequiel Tacsir, Bernardo Díaz de Astarloa y Alejandro Fontán Balestra coinciden en que el cambio de signo político gobernante en Argentina viene acompañado de “transparencia”. Sin embargo, el espacio que los nuclea crece asociado a funcionarios (y recursos) gubernamentales.
¿Qué características debe cumplir alguien para calificar? ¿Quiénes ejecutan la búsqueda y determinan quién es óptimo? ¿Cuántos de los curriculum de la base de datos corresponden a personas que viven en el exterior? “No puedo dar ninguna respuesta al respecto, no podemos contar nada sobre el G25”, advierte Agustín, supuesto vocero del grupo y quien solo se presentó con el nombre.

EL TEMOR DE LOS CIENTÍFICOS
Andrea Bragas volvió en el 2004. Se había ido poco tiempo después de que Domingo Cavallo mandase a los científicos “a lavar los platos”. Obtuvo el postdoctorado en la Universidad de Michigan y trabajo como física ahí hasta 2003. “Volví con la carrera del Conicet abierta y con acceso a las becas”, contó. Desde ese momento enseña en la UBA y es investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.
Tanto ella como su familia participan en los actos acompañando a la ex presidenta. De hecho, hace pocos días se contactó con ella para acercarle su preocupación por el presupuesto para el Ministerio de Ciencia y Técnica previsto para 2017, el cual es el más bajo desde la creación de esa cartera.
“Como sabés, la comunidad está en alerta máxima ya que existe una reducción importante en la previsión de los recursos para el año que viene”, le comentó Bragas a la ex mandataria. En respuesta Cristina aseguró que la nueva gestión quiere productores de materias primas en lugar de materia gris.

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