Lo que en la previa parecía un partido de alto vuelo, termino siendo un fiasco. Ninguno de los dos equipos atacó y su táctica se basó en posesión y pases entre sus defensores. Sin lugar a dudas, lo más pobre del mundial.

Por Juan Manuel Gil

El primer tiempo parecía un partido en el que los equipos tenían ganas de salir a ganarlo. Pero solo duró unos pocos minutos. Algunos centros a Giroud y alguna corrida de Griezmann fueron las pocas ideas que presentó el conjunto galo. Por parte de los daneses, algún disparo débil de Eriksen era lo único que lo hacía parecer un equipo de futbol con ambiciones de clasificar primero.

Al irse al entretiempo, los silbidos por parte de todo el estadio Luzhniki comenzaban a oírse. Nada de futbol y mucho de especulación. A los cinco minutos del segundo tiempo, Perú ya lo sentenciaba y ganaba 2-0; dejando sin chances a Australia. La noticia pareció haber llegado al partido, donde los equipos comenzaron a dejar de atacar (lo poco que hicieron durante el primer tiempo) y empezaron a querer que el reloj diga 90 minutos. El pitido final del árbitro parecía ser más importante que la pelota entrando en el arco.

El primer 0-0 en la Copa del Mundo de Rusia 2018 no debía ser así. Los silbidos constantes y el enojo de casi 78.000 espectadores lo hacían parecer el final malo de una película aburrida. Indigno de un futbol de primer nivel, ambas selecciones hicieron un pacto y firmaron el empate.

Francia llegaba como candidata y aún no exhibió ese buen futbol que tanto se anticipó. A Dinamarca le bastó con una injusta victoria sobre Perú y dos deslucidos empates para estar entre las 16 mejores selecciones del planeta.

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