Brenda Churín será una de las representantes argentinas en los próximos Juegos Olímpicos de la Juventud. Su sueño es conseguir el oro en beach volley con su compañera Delfina Villar, con quien se entrena desde hace más de un año.

Por Axel Pérsico

Nacida el 17 de febrero del 2000, Brenda Churin es oriunda de La Plata. Vive con su madre y su hermana, con quien llegó a participar de varias competencias. Terminó la secundaria hace ocho meses y este año hizo el curso de ingreso de la Universidad Católica de la Plata para la carrera de kinesiología. Compite para Estudiantes, donde también juega actualmente Delfina Villar, quien vive en la pensión del club ya que toda su familia está en Córdoba. Pero la primera vez que conoció a su compañera no fue allí. “Nos conocimos en 2014 en una concentración de vóley indoor, pero había muchas chicas y la verdad es que en ese momento no entablamos una relación. Tiempo después, tuve que viajar a un torneo de beach en Entre Ríos y mi hermana no pudo venir. Me ofrecieron jugar con Delfi, dije que sí y terminamos saliendo campeonas. Fue así que se formó esta dupla”, explica Brenda.

Sus inicios en el vóleibol son bastante recientes. Comenzó a los 11 años, una edad bastante tardía en comparación a otras jugadoras. A los 14 dio el salto del vóley tradicional al de playa. Según ella, el enorme crecimiento deportivo que obtuvo en los últimos cuatro años fue gracias a “un constante entrenamiento, tanto en lo técnico como en lo físico”. Y es su padre, Pablo, quien la entrena desde que comenzó a practicar este deporte y la persona que la dirigirá en los Juegos Olímpicos. “Por un lado, esta bueno que mi técnico sea mi papá. Pero a veces se empiezan a mezclar los sentimientos y la relación que tengo con él. Es difícil de sobrellevar en los malos momentos y mucho más satisfactorio cuando las cosas salen bien. Igualmente, creo que ambos ya estamos acostumbrados a esta doble situación de padre-hija y entrenador-jugadora”, cuenta Churín. Aun así, rescata lo mejor de cada uno de los cinco técnicos que tuvo antes de su padre, especialmente a Alejandro Kolevich, quien la dirigió en inferiores de Universitario de La Plata.

Actualmente, Brenda está en California, Estados Unidos, junto a Villar y al equipo masculino conformado por Mauro Zelayeta y Bautista Amieva. El Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo les dio la oportunidad de viajar hasta allá para entrenarse un mes, aprovechando la gran cantidad de canchas y el clima veraniego que hay en las playas de la costa oeste estadounidense. Ella confía en que toda su preparación se vea reflejada en los Juegos, aunque sabe que para consagrase en la final del 17 de octubre deberá dejar en el camino a potencias como Rusia, España, Holanda o Estados Unidos. Además, admite que sus ídolas son Ana Gallay y Georgina Klug, dupla olímpica en Río 2016, por lo que no sería extraño si su talento y capacidad de superación le permiten vestir la camiseta argentina en Tokio 2020.

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