TANATOPRAXIA: EL PROCEDIMIENTO PARA FRENAR A LA MUERTE


Conservar un cadáver no es tarea fácil. Mediante distintas técnicas, Daniel Carunchio puede eliminar las marcas de una larga enfermedad e incluso restaurar por completo un cuerpo que ha sufrido un accidente o una muerte violenta. El oficio de un tanatólogo consiste en preservar la apariencia natural del difunto para que sus familiares lo puedan despedir tal y como era en su vida cotidiana.

Por Antonella Sottosanto

“La tanatopraxia en sí consiste en la desinfección y en la conservación de un cuerpo”, comenta Daniel Carunchio, director funerario, gerente general de la Cochería Carunchio-Péculo y exsubdirector de la morgue de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Sin embargo, su profesión es mucho más compleja, dando a entender que se puede dividir en dos grandes secciones, por un lado el aspecto funerario y por otro el aspecto médico-legal.

La elaboración del duelo tiene que ver con el aspecto funerario: es la forma en la que el fallecido va a ser presentado a su familia. “Cuando una persona muere se pone morada o cianótica, debido a que la sangre deja de circular, entonces lo que hacemos es eliminar esas marcas para que vuelva a su color natural”, explica Daniel Carunchio. Asimismo, deja en claro que la tanatopraxia es casi como una “cirugía plástica” del cadáver y asegura que lo que más lo reconforta de su trabajo es la restauración de cuerpos que han sufrido un accidente o una muerte violenta para que puedan ser despedidos con el respeto que se merecen.

De esta manera, se detienen los fenómenos naturales de descomposición, más conocidos como fenómenos cadavéricos, por un período de tiempo que es pautado previamente con la familia. “La sangre es lo que se descompone con mayor rapidez, entonces es necesario reemplazar ese fluído por conservantes, colorantes y humectantes para que no se originen malos olores asociados a la putrefacción, ni el derrame de líquidos”, señala Carunchio y pone especial énfasis en la importancia de una adecuada desinfección del cadáver para prevenir el contagio de enfermedades.

En 2006, se presentó un proyecto de ley nacional conocido como “Régimen de Sanidad Mortuoria”, con expediente N° 7070 el cual afirma en su artículo N°10 que “los embalsamamientos y las conservaciones temporales serán realizadas por un técnico debidamente inscripto en el Registro Nacional de Agentes Funerarios y su actuación se deberá ajustar a la normativa vigente debiendo certificar su actuación y responsabilizándose de la misma. Asimismo, el acondicionamiento y las prácticas de restauración con fines estéticos deberán ser efectuadas por personal calificado e informado de las causas de la defunción”.

Esto indica que las conservaciones temporales deberían ser realizadas por un técnico o, dicho de otro modo, por un tanatólogo para que, de esta manera, se cumplan las medidas sanitarias correspondientes. Así, se evitaría la propagación de enfermedades en los velatorios al exhibir un cuerpo que fue correctamente tratado. Sin embargo, este proyecto de ley nunca llegó a aprobarse. “Está recontra cajoneado y ya quedó obsoleto”, manifiesta Daniel Carunchio quien viene luchando desde hace años para que la tanatopraxia se realice de forma obligatoria en el país.

De igual forma, el artículo N°19 hace hincapié en que “podrá autorizarse, a criterio de la autoridad sanitaria local, la exposición del cadáver en lugares públicos siempre que se realicen sobre el cuerpo tareas de conservación, tanatopraxia, que garanticen preservar la salud de los concurrentes”. Conforme a esto, en Europa, todo cuerpo que no haya sido tratado con tanatopraxia debe exhibirse obligatoriamente en un lugar llamado “túmulo”. “Por prevención, colocan al fallecido en una especie de vitrina a 4 grados de temperatura para que los familiares no lo puedan tocar”, comenta Daniel Carunchio.

En cuanto al aspecto médico-legal, esta práctica también permite la conservación de evidencias en aquellos casos en donde hubo dudas sobre la causa de muerte. “Si nosotros hubiésemos conservado el cuerpo de alguna figura pública, hoy se podría hacer una nueva autopsia y seguir estudiándolo órgano a órgano como si fuese el primer día”, explica el tanatólogo y deja en claro que con esta técnica se fijan los tejidos por el período de tiempo que sea necesario para que las piezas anatómicas no lleguen al estadio de descomposición.

“Los cuerpos te cuentan si la persona hizo deporte, si consumió droga, si consumió alcohol, porque todo eso permanece inalterable”, sostiene Daniel Carunchio, mientras se prepara para hablar sobre un caso que lo movilizó de una manera particular: “Hace poco preparamos el cuerpo de una mujer colombiana de 41 años. Había venido a visitar a su hermana y se murió de cáncer, acá en Argentina. Sus familiares tenían muchos problemas con el dinero y con los papeles y yo les dije que no se preocuparan, que lo íbamos a solucionar de alguna forma”.

“Era un cuerpo joven que se encontraba en un estado de descomposición avanzado. Ese día me levanté a las 3 de la mañana para reacondicionarlo y tratar de que quede en buen estado. Después de haberlo restaurado, recién lo pudimos enviar a Colombia para que sus familiares lo recibieran. Una vez que pude comunicarme con ellos, se mostraron sumamente agradecidos y conmocionados al encontrarse con la apariencia habitual de un ser querido que fue tratado con sumo respeto y cuidado”, explica Daniel Carunchio.

“Reconforta saber que uno puede ayudar a la gente. Muchas veces, cuando son extranjeros, se encuentran con que las leyes son distintas, o no conocen a nadie, o con que la plata no tiene el mismo valor”, manifiesta Carunchio y confiesa que tuvo que operarse varias veces por nódulos cancerígenos en las cuerdas vocales, consecuencia del formol que utiliza para la conservación de los cuerpos. “Que la gente tenga una buena elaboración del duelo es lo que más me importa y es lo que me da fuerzas para seguir en este oficio”, finaliza.

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