Ignacio Ibarra es uno de los nueve Leoncitos que intentarán emular a los mayores y subir a lo más alto del podio olímpico. El volante de Ducilo es uno de los cracks por técnica y convicción.

Por Matias Vuillermoz

Oriundo de Quilmes, provincia de Buenos Aires. Allí nació, se crió y finalizó sus estudios.  Al poco tiempo de haber finalizado el último año del secundario, Ignacio Ibarra recuerda al Instituto  Inmaculada Concepción, ubicado en la Avenida Mitre al 600, con una sonrisa en su rostro. El joven de 18 años,  se desempeña como volante por la derecha y se caracteriza por tener una gran calidad técnica individual.  Juega en el Club Ducilo de Berazategui, en la Quinta división y a veces, compite con la Primera.
Uno de sus hobbies preferidos es jugar al fútbol con sus amigos del barrio y de la vida. Nacho no solo calza el palo y va detrás de la pelota blanca, sino que también, cuando puede, corre detrás de la número 5. En tiempos de relajación, alejado del hockey, decide juntarse con los sus seres queridos y compartir gratos momentos, aunque eso no siempre es posible y lo hace para salir un poco de la rutina diaria. Actualmente no estudia ninguna carrera, aunque con una mueca de duda, deja entrever que quizás a futuro surja la posibilidad de comenzar algo.
Matías Paredes es su referente. Tiene más de 300 partidos internacionales en su haber y eso a Nacho lo conmueve. “Es único. Apunto a ser como él”, expresó sin pensarlo.
Entre Paredes e Ibarra, hay algo en común. Pese a doblarlo en edad, el experimentado se formó en el Club Atlético Ducilo de Berazategui y nació en zonas aledañas a Quilmes.
En los Juegos Olímpicos de la Juventud, los jugadores se tendrán que adaptar a una nueva modalidad: Hockey 5. La misma consta de 5 jugadores en cancha y 4 suplentes, con dos tiempos de diez minutos y un intervalo de dos minutos entre cada periodo.  Para Nacho no fue difícil, aunque aclara: “Fue algo nuevo para nosotros. Muy interesante. Algo completamente distinto a lo que conocíamos, pero nos adaptamos rápido una vez que entendimos el concepto”.
Javier Braña es el entrenador y formador de estos chicos que van en busca de un sueño.  La relación Ibarra–DT es muy buena, según afirma el volante de la Selección juvenil.
Su llegada a la Selección se dio en febrero de 2017, cuando lo seleccionaron para estar en el “Campus Buenos Aires 2018” rumbo a los YOG. A lo largo de su corta y reciente carrera, el chico fue apoyado indiscutidamente por sus familiares. Nunca le negaron la posibilidad de jugar, siempre lo acompañaron y tampoco le soltaron la mano. Pero no todo es color de rosas. La idea de ser jugador profesional de Hockey surgió cuando cumplió 13 años. En aquel entonces, lo mandaron al Seleccionado de Buenos Aires. De ahí en más, Nacho se enfocó en seguir adelante, principalmente quedando en el Sub 14, luego en el Sub 16  para después terminar en el Sub 18. Allí empezó a darle prioridad al deporte y dejó de lado diferentes cuestiones típicas de un adolescente. Al empezar la carrera tan joven, se perdió otras cosas. Cumpleaños, juntadas con amigos y su familia. Ésta última organizaba eventos de cumpleaños, reuniones y Nacho no siempre podía participar, ya sea por algún entrenamiento o por diversas cuestiones referidas al hockey.
Actualmente, cree que todo aquello que alguna vez padeció, puede dar sus frutos en pocos días si es tenido en cuenta, y es convocado para estar entre los nueve jugadores que dentro de poco irán por la gloria en los Juegos Olímpicos de la Juventud.

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