UN VIAJE CON EL CHE


Hace 10 años, el periodista Martín Sánchez tuvo un sueño que cualquier guevarista anhelaría: meterse en la cabeza de Ernesto “Che” Guevara y soñar el sueño de su última noche antes de morir, en 1967, hace 50 años. A raíz de eso escribió la novela “Sueños tardíos con el Che”.

Por Camila Acosta Vargas (@Camila_Acosta87) y Nicolás Marino

“Soy guevarista, no militante”, se define Martín Sánchez, de barba blanca y una impronta que lo caracteriza. Editor de las revistas “La Perinola” y “Al Margen”, está casado y  es padre de dos hijas a quienes les contagió la pasión por Ernesto “Che” Guevara.

Una noche de 2008, Sánchez pensó que iba a ser una más, como la de todos los días, pero en esas horas su cabeza viajó hasta la del Che para lograr soñar lo que estaba soñando, lo que lo inspiró a escribir una novela.

Viajó a Cuba cuatro veces y la última fue invitado para participar del festival artístico internacional “La Romería de Olvin” en 2011, y presentó “Sueños tardíos con el Che”, su ficción. “Un sueño así, no podía dejarlo suelto”, expresó el periodista.

-¿Por qué hiciste una novela ficcionada del Che y no una biografía?

-Soñé que soñaba la última noche del Che. Yo me metía en su sueño y él me recibía. Escuchaba el diálogo que tenía con la maestra que lo trasladó antes de que lo mataran. Él repasaba su vida y a partir de ahí desarrollé todo. Hay muchas cosas autobiográficas. Yo invento una máquina para poder contar lo que soñé.

Para escribir la novela, Sánchez confiesa que al despertar se dijo: “Esto lo tengo que escribir. Anoté todo lo que me acordaba y me esforcé. Los sueños son los inspiradores de grandes obras. Fue tan fuerte el sueño que lo guardé”.

-¿Qué pasó el día anterior para que soñaras con el Che?

-Desde hacía un tiempo mi hija menor venía mirando muchos videos de él. Además hace poco había terminado de leer un libro sobre él; creo que me leí todos. Esto ocurrió en octubre del 2007, cuando faltaban unos días para cumplirse un nuevo aniversario de su muerte.

Pisó Cuba por primera vez a principio de los noventa y fue movilizante. Se dirigió a una librería para cubanos (existen dos tipos: una para residentes con precios más accesibles y otra para turistas). Agarró un libro uno titulado “Ernestito”, se puso a hojearlo y encontró una foto de su tía y su papá. Su abuelo era amigo del padre de Guevara. La relación había surgido en Pergamino, donde los Guevaras tenían campos. “No sabía nada, me enteré por la foto”, remarcó Sánchez.

-¿Te sentís identificado con el Che?

-Sí, totalmente. Más allá de los errores que cometió, él siempre lo hizo con un sentimiento romántico. Se entregó por los demás. Dejó todo por la necesidad de la gente pero tuvo que dejar Cuba por la transa del régimen cubano con el imperio. Quería una revolución para que todos seamos iguales. Es tan romántico e idealista que no especulaba nada. El Che quería hacer la revolución en Argentina. Acá tenía el corazón.

-¿Tuviste algún encuentro con sus familiares?

-Mis hijas fueron en el 2011 a Cuba. Estuvieron en el centro guevarista, les pedí que llevaran algunos ejemplares de “Sueños tardíos con el Che”; ahí las recibió un hombre y era el hijo del Che; lo leyó y le gustó mucho. Me hizo llegar el mensaje de que era una versión muy original.

-¿Cuánto tiempo demoraste en escribir la novela?

-La escribí en tres meses, son inspiraciones que salen. Muchos dicen que se quedaron con ganas de leer más. Varias editoriales me han ofrecido hacer una segunda versión. El contenido me gustó, podría haber sido más larga. Tuvo una muy buena acogida entre los lectores.

Martín Sánchez recuerda al Che con la frase de que nada es imposible: “Si vos ponés un cajón arriba del otro llegás a la luna, siempre y cuando lo hagas con cuidado para no caerte”.

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