“VENDÍ MI CASA PARA PODER VIAJAR A JAPÓN EN LA FINAL DEL 2003”


Él estaba allí, en la platea media frente a los palcos de la Bombonera. Gritaba, puteaba y alentaba como lo ha hecho desde 1970, año en que su padre lo hizo socio de Boca con solo 10 años. Se encontraba solo. Festejó el 1-0 de Darío Benedetto con muchas fuerzas. Su cara explotó de alegría, su voz se quebrantó y se abrazó con un plateista que, al parecer, conocía desde hace tiempo. Sabía que esa victoria frente a Newell´s a 6 fechas del final del Torneo le daría al “Xeneize” un gran respiro luego de haber perdido el clásico y que lo dejaría un paso más cerca del título.

Esteban Romero, el “Loco”, como lo llaman, dialogó con Eter Digital y contó lo que ha dejado para acompañar a Boca: su casa, su auto y hasta su amor. “Mi novia de aquel momento me dijo que si vendía mi casa me dejaría, pero no podía perderme la final contra el Milan en Japón”.

-¿Tenés familia?
-Tengo un hermano, una hermana, mi vieja y una nueva novia (risas). Mi viejo falleció en 2001, por eso estoy solo hoy acá. A Gime (su novia actual) no le gusta el fútbol, pero tuvo que aprender a convivir con ello.

-¿Cuántas veces viajaste para ver a Boca?
-¿Viajar para ver a Boca? Mil veces. Mi papá me llevó desde chico a todos lados. Es el día de hoy que con 57 años lo sigo haciendo, aunque no juguemos Copa. Mirá, hasta que se suspendieron los partidos con público visitante estuve en muchas provincias: Mendoza, San Juan, Tucumán, Jujuy, y así puedo seguir. Sin dudas, los más lindos recuerdos fueron en Japón, en 2000 contra el Real Madrid y en 2003 contra el Milan.

-¿Cómo podés calificar esa experiencia de haber vendido tu casa y que tu novia te dejara sólo para seguir a Boca?
-Te digo la verdad, fue una época difícil. Yo viajé en 2000 con mi viejo a Japón y fue algo muy emotivo, una sensación única. Al año siguiente falleció. Pasé momentos muy malos y tristes. Me agarró el corralito en 2001 y me echaron del trabajo. En 2002 me puse de novio y en 2003 Boca ganó la Libertadores. Había conseguido trabajo pero no me alcanzaba para viajar a Japón. Sentía que tenía que hacer algo, no solo por mí, sino también por mi viejo. Quería hacerlo presente en ese partido contra el Milan. Lo único que tenía era mi casa. No se me ocurrió otra cosa que venderla y viajar. Paula (su ex novia) amenazó con dejarme porque creía que era una decisión muy inmadura, no creyó que pudiera llegar tan lejos. Pero no me entendía. Así fue que viajé, y valió la pena. Cuando volví, viví en lo de Gonza, un gran amigo que me bancó y al cual le debo mucho.

-¿Cómo fue tu vida de allí en adelante?
-De allí en adelante me repuse, conseguí trabajo, conocí al amor de mi vida (Gimena) y me pude mudar con ella a un departamento ubicado en Parque Chacabuco, en el que vivo actualmente. Si tengo que decir la verdad, hoy lo pienso y lo que hice hace 14 años fue una verdadera locura. No pensé con claridad. ¿Si me arrepiento? Ni loco. Hoy lo digo porque pude salir adelante, pero esa fue la demencia más grande que hice en toda mi vida.

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