VIVE GRACIAS A SUS AMIGOS


Ignacio Artime debutó profesionalmente como boxeador a los 29 años, cuando ya llevaba diez como amateur. En su primera pelea profesional quedó en coma por sufrir un edema cerebral luego de perder por nocaut técnico en el tercer round.

Por Sofía Silvera Moreira

Ese día luchaba contra otro debutante, el paraguayo Héctor Bordón Olmedo, en el gimnasio municipal de Berisso. Para Artime, el calvario empezó antes del veredicto de la pelea: “Me sentí mareado, mire al rincón y vi que tiraban la toalla al final del tercer round. Cuando empecé a bajar la escalera se me durmió la pierna izquierda, llegué al vestuario perdiendo el conocimiento”.
Luego del accidentado debut profesional, sus amigos empezaron a pelear con el promotor del evento, Osvaldo Rivero, para que lo trasladaran a un hospital. Estuvo sin asistencia médica hasta que una ambulancia lo trasladó a una sala que quedaba a cinco cuadras del gimnasio municipal de Berisso. No había tomógrafo, ni ningún equipo para realizarle los estudios pertinentes. El médico del estadio que lo atendió, según lo que le contaron después, le dijo: “Denle una ducha que se le pasa”. En realidad, en ese momento Artime estaba sufriendo un edema cerebral. Fue trasladado al Hospital San Martín de La Plata. Allí lo operaron y permaneció cinco días en coma. Tras recuperar la consciencia y gracias a su obra social lo derivaron al Sanatorio Colegiales, donde terminó su recuperación hasta que le dieron el alta.
Recibió tratamiento con un kinesiólogo durante seis meses y al año comenzó a entrenar en Atlanta con su amigo Marcelo Domínguez. “Nacho venía siempre, estaba retorcido, pero tenía fuerza de voluntad, entrenábamos en Ituzaingó y en Atlanta, el profe le daba trabajo de recuperación y así fue saliendo adelante. Le pegaba con una mano a la bolsa y de a poco fue recuperando todo el movimiento. A partir del 2009 se convirtió en mi ayudante y llegó a subirse al ring a hacer guantes, aunque los que subían con él sabían que no le podían pegar en la cabeza”, afirmó Domínguez.
Nacho también cuenta cómo fue su recuperación: “Tuve una hemiparesia (pérdida de movilidad como consecuencia de una lesión cerebral) del lado derecho del cuerpo y empecé a entrenar de vuelta después de eso para sentirme mejor, por lo anímico y motriz. Junto a mis amigos, Marcelo Domínguez, Patricio Pitto, el preparador físico Carlitos Mozone, logré recuperarme el 85% y en dos o tres años me fui recuperando”.
Lo que le salvó la vida fue el apoyo de sus amigos y la prepaga por su trabajo oficial. Nacho sostiene que si fuese por el promotor no hubiese vivido para contarlo. Jorge Salgado, que en 2009 estaba a cargo del Sindicato de Boxeadores Agremiados, fue a verlo al hospital y le dejó una tarjeta para que lo contactara, pero como su obra social se estaba haciendo cargo del tratamiento, Artime no aceptó la ayuda. Para Nacho el máximo responsable fue el promotor, por no haberlo asistido con prisa luego de la pelea; por eso le inició acciones legales a Osvaldo Rivero, que a la vez salpicaron a la Federación. De todos modos, Artime perdió el juicio que había comenzado. El tribunal concluyó que no hubo demora por parte de los organizadores y de los médicos para atender al boxeador después de la pelea y que, de haberlas habido, esa no habría sido la causa de las lesiones. Las camaristas Mabel De los Santos, María Isabel Benavente y Elisa Díaz Vivar afirmaron que Artime decidió subirse al ring voluntariamente y por ese motivo su reclamo no era válido.

“QUEREMOS VISIBILIZAR EL SINDICATO”

Por Luciana Condomi

Desde hace cuatro años, el sindicato Boxeadores Argentinos Agremiados, dirigido por Jorge Salgado, Roberto Galindez y la ayuda de ATE Pensiones está a cargo de los pugilistas.
Saúl Peralta es boxeador, en junio perdió su última pelea por nocaut y fue internado en el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (HECA) en estado de coma, con un traumatismo craneal y un hematoma subdural. Luego de su recuperación y, a partir de estudios, le detectaron desprendimiento de retina en ambos ojos. Mientras desde Boxeadores Argentinos Agremiados le tramitan una pensión en Reconquista, su lugar de residencia, desde ATE le ofrecen el traslado a Buenos Aires y alojamiento necesario para atenderse en el Hospital Santa Lucía y tener una segunda opinión sobre su diagnóstico.
En 2009, Ignacio Artime tuvo su primera y única pelea profesional y quedó en coma. El promotor del evento no se hizo cargo de la asistencia necesaria, ni de acompañar al boxeador en su proceso de recuperación. “Cualquier boxeador debería tener una ART (Aseguradora de Riesgos de Trabajo) pagada por el promotor del evento. Eso debería ser parte de los gastos de la promoción de la pelea”, afirma Artime, ya recuperado pero lejos de volver a calzarse los guantes. Sin embargo, desde el sindicato aseguran que los promotores se niegan a firmar el convenio colectivo de trabajo.
El compromiso de Agremiados con los boxeadores, aseguran, está en crecimiento. En el caso de Marcelo Domínguez, ex boxeador, la ayuda es para su lugar de trabajo, Atlanta Boxing Club. “Por lo que veo se están moviendo, le dieron pensiones a muchachos que no tenían ni donde vivir, le han alquilado casas, van mejorando. Conmigo colaboraron en muchos eventos en Atlanta, aportan en ese sentido. Yo tengo la mejor con ellos y comparado a lo que era antes se ve que ahora se están haciendo cosas”, comenta el excampeón mundial crucero de Consejo Mundial de Boxeo (CMB).
Boxeadores Argentinos Agremiados existe desde 1974, cuentan que como una idea del General Juan Domingo Perón. Desde los 80 hasta 2013 fue manejado por Jorge Fernández, ex boxeador. Durante esos años el sindicato tuvo poco movimiento y los boxeadores se resistían a afiliarse. En la obra social figuraban 11.000 afiliados, pero ninguno era boxeador (dato de la Asociación Civil Defensa del Boxeador Argentino -ADeBoAr-).
En 2013 la dirigencia del Sindicato la tomaron Salgado y Roberto Galíndez, director técnico de boxeo y hermano de Víctor, exbicampeón mundial mediopesado. El rol del Sindicato cambió. Los boxeadores retirados con problemas económicos empezaron a recibir pensiones y desde allí partieron materiales de entrenamiento, como guantes, bolsas y sogas, para diversos gimnasios alrededor del país.
Los recursos para generar estos insumos provienen principalmente de un porcentaje que aportan los boxeadores afiliados, de empresas auspiciantes y de ATE Pensiones.
En el caso de ATE, el vínculo se afianzó a través de la participación del delegado general, Wálter Pignataro: “La unión se da por mi fanatismo al boxeo y por el trabajo que venimos haciendo socialmente en la dirección general de pensiones, en la que trabajo hace 23 años. Independientemente de esto represento el gremio de trabajadores del estado”. El trámite de las pensiones es libre y gratuito. “Generalmente ayudamos a los boxeadores retirados, yo voy personalmente a buscarlos. Cuando nos enteramos de alguno lo vamos a ver”. Las primeras pensiones fueron otorgadas a boxeadores como Ramón Abeldaño, José Félix Uziga y Andrés Selpa.
Asimismo, el delegado denunció que en estos últimos años se bajaron muchas de las pensiones otorgadas: “Durante el gobierno anterior se daban de 10.000 a 12.000 pensiones por mes, entre boxeadores y artistas. Conseguíamos ayuda económica, prótesis y medicamentos. Ahora prácticamente no hay nada, hoy es muy difícil trabajar con cuestiones sociales”.
Los boxeadores en actividad, ya sean amateur o profesionales, pueden recibir ayuda del sindicato siempre y cuando estén afiliados. “El boxeador, cuando paga el monotributo, tiene la obra social”, comentó Pignataro. El conflicto se da porque el convenio colectivo está pensado para aquellos que tengan un trabajo en relación de dependencia, que no sería el caso de los boxeadores. “Es muy difícil que el boxeador entienda que para recibir ayuda tiene que ayudar primero aportando al sindicato. Aunque ahora no ganan lo que ganaban antes. Galíndez, que fue campeón del mundo, aportaba al sindicato, pero era otra época”, agregó después.
“Lo más importante que queremos hacer es visibilizar el sindicato, ahora ya saben todos qué hacemos y quiénes somos”, expresó el delegado. El sindicato se encuentra en el barrio de Monserrat, en Perón 1515, 7° piso, pero Pignataro se encargó de ofrecerles oficinas en el edificio de ATE, en Hipólito Irigoyen 1447, 10° piso, para que puedan trabajar allí en conjunto.
En la actualidad, según cuenta Galíndez, proveen asistencia a distintos gimnasios de Argentina, por ejemplo: Héctor Velazco en Villa Gesell, Juan Manuel Corradi en Mendoza, en Ramos Mejía le aportan insumos a chicos que están en la cárcel, a la Federación de Box, al campeonato de La Liga, colaboran con el maestro Andrés Puente, con Huracán, entre otros.

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