“El juego olímpico es el mayor sueño de cualquier deportista”

Ana Gallay, jugadora de Beach Vóley, habló con ETER Digital sobre el crecimiento del deporte, su experiencia en Londres 2012 y Río 2016 y su preparación de cara a Tokio 2021.

Ana Gallay es una de las principales referentes del Beach Vóley femenino en nuestro país. Participó en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y Río 2016 y en los Panamericanos de Toronto 2015, donde ganó el oro; y en Lima 2019, la medalla de plata y ahora se prepara para la cita en Tokio a sus 35 años. En sus primeros pasos como profesional, formó la mejor dupla de su carrera con Virginia Zonta al convertirse en las primeras representantes argentinas de esta disciplina en el máximo circuito. Luego de alcanzar el puesto 11 en el ranking mundial con Georgina Klug, Fernanda Pereyra, con quién compite actualmente, apareció en su camino cuando pensaba ponerle fin a su carrera.

La histórica jugadora, que tuvo sus inicios en Nogoyá, Entre Ríos- su lugar de nacimiento- comentó que era una apasionada por el deporte y que jugaba al vóley desde chica como algo más bien  de diversión. Durante su adolescencia, recorría unos 120 kilómetros para practicarlo en un club de Aldea Brasilera (localidad de la provincia de Entre Ríos), al que asistía todos los fines de semana.

Una vez finalizados sus estudios secundarios, se mudó a Gualeguay para dedicarse al profesorado de Educación Física, donde tomó un trabajo en una escuela en el medio del campo. Para llegar al lugar, viajaba unos 70 kilómetros  a las 6:30 de la mañana en moto por calles de tierra. Además, participa de un proyecto de reciclaje junto a la Fundación Arco Iris de Villa Gesell en el que se crean ecoladrillos, a base de plástico desechado, con el objetivo de construir baños y especializarse como un programa integrador para chicos con discapacidad.

Si bien el Beach Vóley no es una actividad popular en el país, la práctica de muchos jóvenes, principalmente en los Juegos Olímpicos de la Juventud, fue vital para su crecimiento. La creación del ENARD, como sostén para los deportes amateurs, permitió la incorporación de entrenadores, preparadores físicos y centros de entrenamientos en balnearios privados, pero la infraestructura seguía en deuda. “Para que crezca el Beach Vóley acá, se necesitan canchas. Estaría bueno que en algún momento se plantee hacerlas, tanto en la Costa Atlántica como en Entre Ríos o en un montón de lugares. Hoy se ven mucho en los polideportivos, pero en la playa me llama la atención que no haya”, dijo Ana Gallay, entre risas. Además, remarcó la importancia del aumento de canchas para explotar estos recursos: “Lo que pasa es que si vos armás una cancha, siempre va a haber gente. Esa la forma de que crezca el deporte”.

—¿Los deportistas te reconocen como una de las pioneras del beach volley?

En el Beach Vóley, como mujer, sí porque con Virgi (Zonta) fuimos la primera dupla que fue a un Juego Olímpico, con Geo (Klug) conseguimos la clasificación por circuito mundial, donde quedamos como 11 del mundo. En realidad he sido yo con otras compañeras y logramos la medalla de oro en los Juegos Panamericanos. Con Fer (Pereyra) logramos la medalla de plata. Creo que soy una referente de las chicas, en varones ya desde hace muchos años, desde que se creó el deporte, siempre hubo jugadores buenos como Martín Conde y Mariano Baracetti. En ese momento, capaz que no se conocía mucho el deporte, pero había argentinos que jugaban y en el 2012 aparecieron las mujeres para ir a un Juego Olímpico.

A modo de comparación de sus experiencias en los Juegos Olímpicos 2012 y 2016, aseguró que la clasificación se vivió de la misma manera en ambas, pero  en Londres sólo pensaba en tener esa experiencia con Virginia Zonta al ser consciente de no haber competido en el circuito internacional y que eso suponía ir con “arco y flecha” a una guerra; mientras que en Río, junto con Georgina Klug, sí lo hizo y  sacó el boleto con el mejor nivel durante cuatro años. Sin embargo, los nervios la traicionaron y por ende realizó un mal torneo.

El 2020 fue un año muy complicado para los atletas olímpicos, dado que debían reducir los espacios en sus casas para entrenar con vistas a la cita olímpica de Tokio, que se postergó para 2021 por la situación sanitaria. El encierro por la pandemia del COVID-19 la obligó a adueñarse de los pasillos de su edificio y golpear la pelota contra la pared para no perder el ritmo. Después de 85 días, retomó sus entrenamientos en el balneario y puso los pies sobre la arena para hacer lo que más le gusta junto a su compañera de equipo Fernanda Pereyra.

—¿Qué se sintió volver a la arena después de casi tres meses encerrada en los pasillos del edificio?

—Al principio, en los primeros 20 días era como si mi cuerpo necesitara descanso. No es lo mismo entrenar ahí que hacerlo en la cancha. Después ya fue una locura, no sabía qué hacer. La cuarentena la hice perfecta, no salía a ningún lado. Cuando volvimos a la arena, la verdad que parecía como si nunca hubiéramos dejado de entrenar. Lo que me pasó es que tenía tanta desesperación por jugar que mi cabeza iba de una manera; y las articulaciones, de otra. A la tercera semana de volver, con una pelota tonta me luxo el hombro y por eso me tuve que operar, no podía jugar así porque tenía mucho dolor. La experiencia de entrenar en los pasillos no fue la mejor, pero físicamente volvimos bien a la cancha.

En los últimos días, Ana Gallay y Fernanda Pereyra vencieron 2-0 con parciales de 21-10 y 21-11 a la dupla venezolana Julennis Regalado/Daniela González, se quedaron con la Continental Cup, en Paraguay, y lograron el pasaje a los Juegos Olímpicos de Tokio. De esta manera, el Beach Voley representará a la Argentina por tercera vez en su historia.

LA ÚLTIMA DEL PROFE

¨No puedo poner en palabras lo que representa Diego en mi vida, porque no las hay. Un sólo hecho vale más que mil palabras. Es mucho más lo que siento que lo que puedo decir¨, expresó Fernando Signorini en la última entrevista que dio cuando Maradona aún estaba vivo y su fallecimiento era impensado.

Por Stephano Toussaint e Iván de Franco

La nota fue precisamente dos días antes de la muerte de Diego Armando Maradona, en una conversación con alumnos de la carrera de periodismo deportivo de ETER. La frase de Signorini fue dicha cuando el desenlace de “El 10” era inesperado; sin embargo, hoy es algo que se repite en las bocas de millones de personas en todo el mundo que comparten la sensación y el dolor por la partida del astro del fútbol.

Fernando Signorini acompañó a Maradona como preparador físico durante su carrera futbolística y también en su etapa como entrenador de la Selección Argentina. En diálogo con ETER resaltó el estrecho vínculo que sostuvieron a lo largo de los años y la huella que el jugador dejó en él.

Signorini y “Pelusa” –como llamaban a Diego Armando en Villa Fiorito- se conocieron el 28 junio de 1983 en las afueras del Camp Nou, en la previa del duelo decisivo de la Copa de la Liga entre el Real Madrid y el Barcelona. ¨¿Viste Diego? La primera vez que llegás temprano y está cerrado, después dicen que al que madruga Dios lo ayuda¨. Ese fue el primer saludo del “profe” a Diego, quien llegaba al entrenamiento y se encontraba con las instalaciones cerradas. La situación los acercó y se encontraron también en una sonrisa.

El preparador físico estaba en Catalunya, en un viaje por el viejo continente para observar a los equipos europeos de primer nivel. Había sido autorizado por el director técnico del Barcelona, Cesar Luis Menotti, para presenciar los entrenamientos del equipo. Luego de ese primer encuentro, la relación se estrechó y un hecho fortuito los unió en un glorioso camino a la cima del fútbol mundial.

¨El 24 de septiembre [de 1983] Goikoetxea tuvo la ‘fantástica’ idea de romperle el tobillo. Digo ‘fantástica’ porque ese fue el inicio de todo. Comencé a ayudarlo como un amigo que estaba cerca y un día me propuso la descabellada idea de que trabajara con él como su preparador personal, algo que no existía en ese momento y que lo inventó él. Yo fui el privilegiado que estaba en el momento oportuno y en el lugar justo¨, contó Signorini, quien preparó de forma personalizada a Maradona para los mundiales de 1986, 1990 y 1994. Años después, se sumó al cuerpo técnico del seleccionado argentino que Diego lideró entre 2008 y 2010.  

El último adiós a D10S

Diego Armando Maradona falleció a sus 60 años, este miércoles 25 de noviembre, al descompensarse y sufrir una insuficiencia cardíaca aguda en la residencia que habitaba en el barrio San Andrés de la zona de Tigre, en el norte del Gran Buenos Aires.

Personalidades de todo el mundo inundaron las redes sociales para expresar sus condolencias luego de conocerse la noticia. Miles de personas se reunieron en los diferentes lugares en donde Diego emocionó con la pelota en sus pies, desde Villa Fiorito hasta Nápoles para rendirle homenaje a uno de los mejores futbolistas de la historia.

Anoche se despidieron sus familiares más cercanos entre ellos su ex esposa, Claudia Villafañe, y las dos hijas que ambos tuvieron juntos: Dalma y Gianinna. El presidente de la Nación, Alberto Fernández, confirmó que el velatorio se realizará en la Casa Rosada, desde hoy y se prolongará por 48 horas, además decretó tres días de duelo nacional.

Se espera que alrededor de un millón de personas asista para darle el último adiós a Maradona.

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