CUANDO LAS REDES SOCIALES SE VUELVEN UN EXCESO


Las redes sociales han transformado la forma en la que nos comunicamos, han exaltado nuestras histerias, nuestro voyeurismo y nuestras carencias.

Por Verónica Daleira (@verodalef)

La navegación por internet expresa una nueva modalidad de vincularse. Actualmente asistimos a un cambio de paradigma en el que hay una resignificación de conceptos claves. Las nuevas tecnologías provocan alteraciones y cambios de hábitos que traen diversas patologías mentales, como aumento en los niveles de ansiedad, adicción y “miedo a perderse de algo”

En ese sentido, el psicólogo Marcelo Borsa, especialista en adicción, expresa que al generarse tanta dependencia a las redes sociales llega un punto en el que esta adicción ocupa el 100 por ciento de la vida de de los jóvenes, y cuando pasa algo negativo en las redes sociales, como no tener los suficientes likes en una publicación, empiezan a generarse síntomas depresivos. Se evidencia que los jóvenes que pasan más de dos horas al día en redes como Facebook, Twitter o Instagram tienen más probabilidades de reportar mala salud mental: presencia de angustia psicológica (síntomas de ansiedad y depresión), pérdida de sueño, problemas de autoestima, ‘ciberbullying’ o acoso en las redes y síndrome de ‘fear of missing out’ (miedo a perderse de algo).

“Obvio que si me saco una foto es para publicarla, si no, no tiene sentido”, comenta Agustina, de 22 años, cajera de Mc Donalds. Se ofrece voluntariamente a responder sobre el tema a la salida de un largo día laboral. También advierte que se saca muchas fotos hasta que hay una que le guste y después le pone varios filtros. Entre ellos hay algunos que modifican completamente la imagen. Desde afinar el rostro y cambiar ciertas facciones hasta agregarle diferentes tonalidades.

“Si no estás en las redes, no existís”, explica Ailen, de 20 años. Estudia administración de empresas y trabaja en el Mc Café de Callao. Cuenta que le dedica entre 3 y 4 horas por día a las redes sociales, pero que está todo el tiempo conectada, menos cuando está en horario de trabajo. También afirma que es común que se despierte a la noche a chequear las notificaciones.

En este sentido la percepción de sí mismo y la construcción de autoestima también se ven deteriorados por el uso constante de redes sociales como Instagram y Snapchat. En la adolescencia siempre es muy importante el tema de la imagen corporal, pues es uno de los factores que hace más vulnerable este periodo por todos los cambios físicos y emocionales que se presentan. Las fotos que se publican que tienen que ver con la exhibición del cuerpo, como por ejemplo fotos en malla o producciones de fotos altamente filtradas demuestran que la persona que las publica intenta ganar aceptación de la comunidad y recurren en una preocupación excesiva por la imagen. Esto va generando una preocupación constante y da lugar a sensación de vacío o de una falsedad y frivolidad significativa en la que se intenta agradar al otro, satisfaciendo las demandas de las redes y se crea una apariencia falsa para “gustar” y ser aceptado en la comunidad virtual.

Así mismo, Borsa manifestó que hay un fenómeno psicológico conocido como “saliencia”, que denomina así a las ganas de llamar la atención y enterarse de todo rápidamente, es una señal de un comportamiento impulsivo en los jóvenes que si dejan de estar conectados, empiezan a deprimirse por la sensación de estar perdiéndose de algo y además agrega que esto es muy común en los jóvenes adictos a las redes sociales, que desarrollan comportamientos depresivos al no estar conectados constantemente. A su vez desarrollan más adicción a internet y a las redes, son las personas que tienen menos habilidades sociales, las más tímidas y encuentran en estas plataformas un lugar seguro.

El boom que ha sufrido internet y la telefonía móvil en los últimos años (con 2.271 millones de usuarios en Facebook y 1.000 millones de usuarios en Instagram según el estudio realizada por las empresas We are Social y Hootsuite) ha traído grandes cambios en la sociedad. Se puede conversar con un familiar en el extranjero y además verse a través de una cámara, o tener acceso a las noticias del mundo instantáneamente. Pero hay cosas que si no se manejan de forma adecuada en relación con estos fenómenos puede traer riesgos para la salud mental.

La dependencia a las redes sociales afecta a alrededor del 5 por ciento de esta población mundial y, de acuerdo con estudios, se han vuelto más adictivas que los cigarrillos y el alcohol. Un reporte reciente de la Royal Society for Public Health (RSPH) del Reino Unido revela que Instagram y Snapchat son las redes sociales que más afectan el bienestar de sus usuarios.

La vida pasa por las redes sociales y la juntada con amigos, los encuentros en boliches o las vacaciones deben ser publicadas o si no lo hacen pareciera que esos momentos no existen en la nueva lógica. Ver a los amigos constantemente de vacaciones o disfrutar de las noches puede hacer que los jóvenes experimenten una actitud de comparación y desesperación. Estos sentimientos alimentan en ellos la búsqueda del perfeccionismo, mediante la sobre edición de las fotografías y videos que se publican en estas plataformas con el objetivo de agradar y comparar sus vidas con las de otros.

La popularidad es hoy un valor altamente positivo para los jóvenes, indicó una encuesta realizada en 2010, en Argentina por el Ministerio de Educación, realizada entre 3500 alumnos de diferentes colegios secundarios. Por eso es fácil entender la actitud tan generalizada de exhibir la cantidad de amigos que tienen en la red. Ese gesto expone con claridad que el anonimato y la intimidad ceden ante el deseo de la fama.

Las recomendaciones de Borsa van directamente hacia los padres, que deben establecer límites a sus hijos frente al uso de celular e internet.

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