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SALIDOS DEL POSTER

SALIDOS DEL POSTER

Los clubes de fans, que parecían haber muerto en los 90’, siguen vivos a pesar del boom de la “era digital” y los encuentros en redes sociales. ¿Cómo funcionan hoy estos grupos que supieron ser un engranaje más en la maquinaria de difusión de la industria discográfica internacional?
Por Agustín  Castelli (@agcastelli), Ignacio Orta (@nacho_orta), Catalina Puppo (@cata_puppo), Lucrecia Raimondi (@LucreRaimondi), Dalmiro Suárez Tobía (@dalmirosuarez) y Jorgelina Vaquero (@jorvaquero)
Las redes sociales modifican muchos aspectos de la vida cotidiana y social. Sin embargo, entre las cosas que sobreviven a la irrupción de la web en la vida cotidiana, se encuentran los clubes de fans. En la actualidad no funcionan sólo como un recuerdo del pasado, sino que todavía realizan sus encuentros de fanáticos, como en las viejas épocas.. Además de los grupos que surgen con la aparición de nuevos artistas, también perduran  los fanáticos de la “vieja escuela”, aquellos de bandas de los ’80 o ’90.
No Doubt, banda de rock californiana formada en 1986, tiene un fans club en Argentina desde 1996 llamado “En Argentina, No Doubt tiene aguante”. “Pasamos muchos años viendo las mismas caras – explica Hernán Toska, uno de sus integrantes – Pero en los últimos años Facebook hizo que nos reencontráramos con viejos fans”. Él tiene 25 años y lleva tatuada en su brazo derecho la cara de Gwen Stefani, líder de No Doubt, y hasta su perra lleva el nombre de la cantante.

Si bien cada club tiene sus características particulares, ya que los estilos de la música pueden ser muy variados, cuentan con muchas cosas en común. De esta forma, “Rudi” Taladriz, creador del club oficial de Metallica en Argentina, “Argentallica”, coincide con Hernan en que las redes sociales, lejos de perjudicar, los ayudan en materia de difusión y comunicación. “Nosotros tenemos 4500 personas en una cuenta de `face´, y 1500 o 2000 en otras dos”, revela el metalero.
Por Facebook se convocan a las 14.00 en el Mc Donalds de Lavalle y Florida, en pleno centro porteño. Antonella viste una remera verde loro y letras blancas que representa al club de fans con las siglas BSBFL (que significan: “Backstreet Boys Fans Live”); avisa al gerente de comida rápida para que autorice el paso de la visita a la reunión. El primer piso está cerrado al público por limpieza, pero a ellas ya las conocen, porque se juntan una vez por mes, entonces no las desalojan como al resto de los clientes. Las fans arman una especie de vip para ellas en una mesa ratona rodeada de sillones
La charla, que empieza formal contando el nacimiento de BSBFL, continúa distendida: esta vez ocho mujeres, con edades de entre 25 y 40 años, toman café o comen hamburguesas entre risas. Las historias con los Backstreet Boys se suceden a medida que explican la razón que las convoca: hablar de ellos como si hubiese una noticia, prepararse para el crucero con la banda en Miami y compartir recuerdos.
Los fans club pueden ser oficiales, como el que maneja “Rudi”, o no oficiales como el de No Doubt. La diferencia es que los primeros están reconocidos por una discográfica, o por el fan club “madre”, que en este caso es el grupo de seguidores de Metallica en San Francisco. El creador de Argentallica asegura que ser reconocidos oficialmente tiene sus ventajas: “Metallica cada 100 personas que asociás te premia con un viaje todo pago, así estuvimos con la banda, y nos firmaron guitarras, parches de batería, remeras, etc.”.
Según publicó el diario “El comercio” en octubre de 2010, la productora inglesa EMI entregaba los carnets que acreditaba a determinado club como el “oficial”. El grupo de fanáticos tenía que realizar un informe semanal o mensual de los eventos que habían hecho para promocionar al cantante. Gracias a esto, los integrantes obtenían beneficios de la compañía para  recibir discos o contactarse con los ídolos. Por su lado, Sony Music adjudicaba a los fans oficiales la tarea de llamar a radios y canales de televisión para que sonaran los temas musicales que vendían. El beneficio consistía en conocer a la banda o cantante cuando ofrecieran un concierto en el país.
Sin embargo, el auge de los clubs de fans se reduce producto del uso, desarrollo y velocidad  que adquieren las redes sociales. Ya no resultan necesarios los grupos y reuniones para la difusión entre fanáticos: un link y un foro hacen de punto de encuentro para quienes desean compartir información sobre sus cantantes favoritos. “Rudi” confirma, en base a su experiencia, que en los ’90 las discográficas lucraban con los fans. “Eso se cortó con la web y los sitios sociales – explica Rudi – Ya no le dan bola a los clubes de fans porque no nos necesitan” Sin embargo, reconoce que aunque Internet les haya facilitado mucho las cosas, “es un medio terrible de difusión” y hoy tienen que utilizarlo porque si no “no existís”.
Sandra, integrante del club “Backsteet Boys ‘Fans Live’”, cuenta que gracias a la organización y las actividades del club pudo ver a quienes son sus intérpretes favoritos desde hace 11 años. “‘¡Saltaste del poster!’, fue lo primero que pensé – Revela Sandra y admite- Te shockea verlos en persona porque te das cuenta que son de carne y hueso”. Diferente es el caso de Rudy, de Metállica, que confesó: “A mí el club me ayudó mucho en mi vida particular, me hizo pertenecer a algo, y a la vez que otros puedan creer y pertenecer a eso es una doble satisfacción”.

Más allá de la irrupción de las redes sociales como una herramienta de difusión y convocatoria, las actividades que realizan los distintos clubes de fans no varían mucho a lo largo de los años. “Hablamos de música, intercambiamos opiniones, nos hacemos amigos, organizamos recitales de bandas tributo, los vamos a ver, y soñamos con tener a No Doubt de nuevo tocando en Argentina”, ejemplifica Hernán sobre el dinamismo del club. Hay otros que van más allá, como el de Metallica, que por ser oficiales cuentan con el apoyo de sponsors, y esto les permite realizar actividades que requieren mayor organización, como viajes al exterior para ver a la banda. “Rudi”  dice que el cambio que se percibe en los fans por el paso del tiempo son las distintas formas de difusión tecnológica, pero reivindica los viejos métodos. “La mayoría piensa que Internet, hoy en día, pudo contra el volante que se reparte en la vía pública para promocionar los eventos. Pero la vieja escuela siempre funcionó y sigue funcionando”.
Ya sean fanáticos de No Doubt, Metallica, los Backstreet Boys o cualquier otro artista, existe un rasgo que no escapa a ningún ferviente seguidor de una banda: las locuras que están dispuestos a hacer por ese amor incondicional que sienten por los artistas. “Rudi”, por ejemplo, fue con 17 años, y sin saber inglés, al festival Woodstock de 1994  para ver a Metallica. Por su parte, Hernán, además de escaparse de su casa a los 12 años para ir al recital de No Doubt en Ferro, hizo otras cosas que solo un apasionado está dispuesto a hacer. “Lo más loco fue poner en la pantalla gigante de la facultad, ante más de 600 personas entre alumnos, profesores y ministros, el video de la canción “It’s my life” para que todo el mundo lo viese, escuche y conociera mi banda. Sí, así le digo yo, mi banda. Me valió una sanción, y casi me echan, ¡pero fui muy feliz!”, se enorgullece el jóven.

La pasión por una banda o un artista va a existir siempre. Los círculos de fans nuclean a todas las personas que comparten un mismo sentimiento y que necesitan encontrarse con otros que sienten lo mismo que ellos. Muchos lo ven casi como una terapia; así lo explica el fundador de Argentallica: “Lo que hacemos nosotros es que la gente pueda aparecer y sacar el fanático que tiene adentro. Hay muchos que por lo visto han reprimido su fanatismo, porque acá puntualmente –en Argentina- no lo entienden”.
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LA VIDA DESPUES DEL ROCK
A principios de los 90, Martín Carro Vila fue bajista de Caballeros de la Quema, uno de los grupos màs populares del “rock chabòn”. Hoy, alejado del rock, trabaja detrás de escena como productor de televisión. Y cuenta còmo fue ser parte de un objeto de culto de los fans.
Por Lucrecia Raimondi (@LucreRaimondi)
“Tocábamos con Los Piojos, por el ´91, en lugares que entraban 70 tipos y no juntàbamos 50”, recuerda Martín Carro Vila, ex bajista de los Caballeros de la Quema, uno de los grupos clave de la movida del rock barrial de aquella dècada. El mùsico, que hoy sigue tocando el contrabajo pero en proyectos de poca difusión, recuerda que en los inicios su banda no tenía un público masivo. Más bien se repetían las mismas caras de recital en recital, y muchos de quienes los seguían eran pibes con un sueño parecido al de ellos, que armaban otras bandas con el objetivo de triunfar. “No habìa club de fans, ni Internet, ni Facebook. En esa època el contacto era la movida de la gente que se juntaba en los shows y nos veían las caras en el escenario”, describe.
También cuenta que los invitaban mucho a tocar en Córdoba y Santa Fe, que les prestaban los equipos,  que nunca cobraban entrada y que se pagaban ellos mismos el pasaje. “Nunca veíamos un mango”, confiesa.
¿Qué dicen los que eran seguidores de Caballeros de la Quema cuando te reconocen?
Un tipo santafesino que vino a Buenos Aires hace poco me ubicó por el apellido donde laburo como productor en la Televisión Abierta y me dijo ´te vi hace 20 años, cuando tenía 14´ en un lugar en el medio de Santa Fe, y yo no me acuerdo haber tocado ahí. Después revisamos la fecha, con el cartel y todo, estaba yo ahí.
¿Cómo reaccionas con esas situaciones?
Recibo contacto de gente que me dice que quiere ser mi amigo porque eran fans de Caballeros, pero no les doy mucha bola, no contesto a los mensajes, no me gusta esa movida.
¿Qué pensás al ver gente que se moviliza fanática por una banda o solista?
Antes nos gustaba “futbolizar” en los recitales. Había gente que se identificaba por otro lado que no era la música, lo que después surgió como la cultura del aguante, el rock chabón. A mí me desilusionó un poco porque estaba todo apoyado por esa compañía DBG que después le puso algo de prensa y un poco empezó a moverse, a vender más. Pero me di cuenta de que querían a Iván Noble como solista.
Iván Noble tiene un perfil de músico muy diferente al tuyo…
Es de otro palo, lo conozco desde los 15 años. La intención de él siempre fue para otro lado, estudiaba actuación y cantaba pero no ensayaba. En el recreo de la escuela venía con entrevistas a periodistas y nosotros lo mirábamos con cara de “¿para qué?”, porque soñábamos con tocar en estadios pero lo que más nos importaba era tocar mejor. La movida de Iván era cien por cien prensa y público. Él es un capo con el marketing

DANZA BUTOH: EL CUERPO QUE RENACE DE LAS CENIZAS

DANZA BUTOH: EL CUERPO QUE RENACE DE LAS CENIZAS

¿Sabés qué es bailar entre los muertos? Hay cientos de personas en el mundo que sí, gracias a dos japoneses que transformaron el horror de la Segunda Guerra y las bombas atómicas en una danza hoy convertida en fenómeno global. Como suele suceder, este arte tiene un referente argentino entre sus mayores exponentes. Entrá y conocé la historia.
Por Agustina Arredondo (@AgustinaAredo3), Daniela Santillan (@EugeSantillan) y Norman Flores (@normanesnombre)
Un cuerpo vivo y desnudo se contrae en cada movimiento. Los huesos a flor de piel, desplazamientos lentos, casi imperceptibles. La música guía las extremidades, que en cierto momento comienzan a temblar. Las manos tocan la oscuridad con delicadeza, se hacen espacio en el aire para agarrarar una flor invisible, y contemplarla en todo su esplendor. El pecho primero se relaja, luego percibe y por último escupe su verdad: el intérprete se vacía y entrega todo su dolor a los espectadores; la expresión más pura de la danza de la oscuridad, de las tinieblas, el baile con los muertos, conocido como el Butoh.
Con los cuerpos pintados de blanco, los ojos delineados, las bocas maquilladas, casi desnudos y con gestos infantiles y femeninos, o sombríos y terroríficos, Kazuo Ohno y Tatsumi Hijikata crearon el Butoh para sanar las heridas que sufrió Japón tras la Segunda Guerra Mundial. Un argentino, Gustavo Collini Sartor, fue discípulo de Kazuo y aprendió los valores de la danza oriental al convivir día a día con su maestro. Como sus mentores, que transformaron el dolor en arte, él bailó y se filmó en la ex ESMA, centro clandestino de detención de la última dictadura militar, para que la memoria de los desaparecidos no se olvidara jamás.
Cuando se habla del Butoh se dice que las sombras de los vivos bailan al mismo compás que las de los muertos, no sólo con almas conocidas, sino también con las de todo el pueblo. Por lo tanto, es común que alguien que está viendo pueda imaginar que hay dos o más personas bailando, aunque en el escenario sólo se ve a una. A la hora de presentar su obra, el artista se maquilla de blanco. Algunos dicen que es por la tradición del teatro asiático, otros, por la relación que tiene este baile con los cuerpos muertos, y están los que sostienen que el maquillaje se usa para “borrarse” la cara y la piel. Muchos bailan casi sin ropa o desnudos. Las mujeres llegan a pelarse y a arrancarse los dientes para alejarse de la “belleza convencional” que se ve en el arte. La música que suena puede ser oriental, occidental, o simplemente el sonido ambiente; con eso alcanza. Al mismo tiempo que el bailarín está exponiéndose, mostrando su alma, los espectadores se reconocen, indagan cuáles son sus propios límites y prueban si son capaces de reaccionar ante la entrega que hace el artista en escena. Más que de una danza, los cultores del Butoh hablan de grandes movimientos catárticos del cuerpo para limpiarse, “sacarse las dagas de las guerras”, como decía el precursor Kazuo Ohno.
El bailarín Butoh busca convertirse en una imagen, un sentimiento: aquello que visualiza. Por eso nunca hay obras iguales ni intérpretes que desarrollan la danza de la misma forma. Puede realizarse tanto en un teatro como en la calle, en cualquier lugar. En esos minutos de baile, el bailarín puede ser una flor, una piedra, una silla, o una palabra. Salta, se revuelca en el piso, se coloca en posición fetal, se levanta y abre sus brazos como si estuviera en la orilla de un precipicio a punto de caer. Las posiciones del Butoh pueden llamar la atención por lo estrafalario de sus formas. No hay límite de tiempo para este espectáculo, pero es necesario un fuerte poder mental y corporal para conectarse con su interior y con su exterior. El argentino Gustavo Collini Sartor tiene una forma poética de definirlo: “El ‘BU’ es enterrarse con los pies en la tierra, a favor de la gravedad y el ‘TOH’ es ir en contra de la gravedad para alcanzar el cielo”.

ENCUENTROS DE GUERRA: TRES CAMINOS SE UNEN
La Danza Butoh se originó en el Japón de posguerra, entre cuerpos mutilados y una sociedad completamente desesperanzada. Los artistas empezaron a actuar en la calle y en las universiades, hacían happenings y performance para concientizar sobre lo que sentían que el pueblo estaba perdiendo. Buscaban despertar a esos ciudadanos que habían dejado de lado sus raíces. La memoria debía ser recuperada y había que protestar, hablar con el cuerpo. Kazuo Ohno, nacido en 1906, era un profesor rural de educación física y la primera vez que se acercó a la danza fue en 1929, cuando vio un espectáculo de flamenco de Antonia Mercé, “La Argentina”, en el Teatro Teikok (Imperial) de Tokio.

En 1938 fue reclutado para ir a la Guerra del Pacífico (la que dio inicio a la Segunda Guerra Mundial) a combatir en territorio Chino y en Nueva Guinea. Pasó años como prisionero. Luego de que el ejército japonés se rindiera, tras las bombas atómicas de Hiroshima y Nagazaki, Kazuo regresó en un barco a su tierra, mientras veía todo tipo de vejaciones que sufrían sus compañeros en manos de sus enemigos.
Al llegar a su hogar, le explicó a su mujer que de alguna forma tenía que sacar todo lo que había vivido, sentía que tenía que limpiarse, sanarse. Empezó a bailar por las calles vestido de mujer y pintado de blanco. Su hijo, Yoshito, no comprendía lo que le pasaba a su padre y por esa razón le contó a su maestro de teatro, Tarsumi Hijikata, los excéntricos movimientos que empezó a realizar Kazuo después de la guerra. Su profesor pidió conocerlo y al verlo, le explicó a su alumno: “Lo que tu padre hace es danza contemporánea; quiero trabajar con él porque es todo lo que le pido a mis alumnos que sean”. El profesor Tatsumi Hijikata también había tenido una marcada relación con la guerra: su hermana había sido vendida por sus padres para prostituirla. Después de muchos años, decidió ir a buscarla. La encontró antes de que muriera de sífilis. La prostitución de las mujeres japonesas en ese tiempo se había potenciado por la injerencia de las bases americanas. Desde el momento en que Tatsumi vio la tristeza en los ojos de su hermana, empezó su repudio ante los “invasores” occidentales.

El argentino Gustavo Collini Sartor, actor, bailarín, coreógrafo y director, conoció a Kazuo Ohno gracias a la distinguida directora de teatro Ellen Stewart, su madrina artística, quien también le presentó a otro de sus grandes educadores: el director polaco de teatro antropológico Jerzy Grotowski  (Recuadro). En 1986, Gustavo se encontró personalmente por primera vez con Kazuo en la única visita que el bailarín japonés realizó al país. Junto a su hijo Yoshito, vinieron a presentar la obra “Admirando a la Argentina”, un homenaje a Antonia Mercé, quien se había convertido en su musa. Ese espectáculo había sido el primero que montó el ex-prisionero de guerra en 1979, con 70 años edad.
A partir de ese encuentro, Collini Sartor inició su camino con el butoh. Fue el primero en inaugurar un estudio (Mundo Butoh) dedicado exclusivamente a la enseñanza de esta danza en la Argentina. Empezó a dar clases y a montar obras (por ejemplo, El Andrógino). También fusionó la cultura nacional con la japonesa al crear el Tango Butoh: una expresión artística musical con el bandoneonísta de Piazzolla Daniel Binelli, con apoyo de Horacio Ferrer (Presidente de la Academia Nacional de Tango), y la dirección de Susana Torres Molina. Esté no sólo era un show de baile, al mismo tiempo fue una serie de televisión dividida en 15 capítulos. Y en 1995, editó el libro “Kazuo Ohno, El último Bailarín de la danza”.

Al igual que sus maestros, el artista occidental vivió la experiencia de transformar las cenizas de dolor su país a través de su cuerpo. Realizó una filmación en la ex ESMA. La idea fue escrita junto al guionista Gustavo Bellati (El Elegido, Resistiré). El bailarín interpreta a Nicolás, un joven que nació en cautiverio en ese centro clandestino de detención de la última dictadura cívico-militar.

La producción mezcla la actuación en formato ficción con testimonios documentales reales, y forma parte de Orígenes, un proyecto que engloba diferentes disciplinas artísticas como el cine, el baile, la música y las artes marciales. “Este proyecto es bastante amplio, por eso tiene una parte de investigación, de estudio y otra de producción”, explica Collini a la hora de hablar de su gran proyecto, que viene produciendo desde hace cuatro años.

Anteriormente, en 2008, el artista protagonizó un corto llamado “Ciudad Invisible”, donde interpreta a un personaje que baila durante toda la película, y recorre la Ciudad de Buenos Aires integrándola con la estética Butoh.
LAS PALABRAS QUE SE TRANSMITEN DE MAESTRO A MAESTRO
Luego de conocer la historia, el camino que une a cada uno de los referentes de esta danza y de haber compartido esa misma pasión junto a ellos, Gustavo Collini explica: “El Butoh se trata de una estética, no es una moda. Tiene una forma visual distinta a la convencional y no es teatro de texto, es un texto interior”.
Collini cuenta que Kazuo Ohno decía: “Hay que volver al punto cero, al del espermatozoide y el óvulo y descubrir el origen de las emociones; hay que hacerlo desde tu verdad, con tu propia experiencia, hay que renacer de las cenizas atómicas como el ave fénix”. Y lo resume con estas palabras “El Butoh es cómo volver a lo real y a lo sincero de cada uno. Además, cuenta que la danza requiere un estado mental particular, la unión del cuerpo, de los huesos con la mente y con el alma. Nace desde el vacío, ese lugar en donde no se piensa y sólo fluye. Fluye con movimientos lentos, bruscos, tercos o suaves. Fluye con el cuerpo en silencio.
El referente argentino remarca que el aprendizaje no está escrito: “No se lee en los libros, yo lo enseño contagiando al otro mi verdad”. Sobre el tiempo de aprendizaje que le lleva a cada individuo conocerse a sí mismo, Gustavo explica: “Durante los primeros cuatro, cinco años descubren cómo son sus huesos y cómo se expresan, qué les pasa a sus esqueletos cuando están sentados, parados. Una vez que se aprende todo eso, hay que ver qué es lo que quieren hacer. Yo les digo que es preferible no mostrarse antes, más allá de los experimentos que pueden ir haciendo porque el Butoh se tiene que ir gestando”.
Kazuo Ohno, como ya se dijo, empezó a los 70 años, y bailó hasta el momento de su muerte, cuando tenía 103. Collini admite: “Todos pueden bailar, los que tienen experiencia en danzas y los que no; lo podés hacer hasta la edad que quieras”. Por su parte, el hijo de Kazuo, Yoshito, hoy es el máximo exponente del butoh a nivel mundial y con 75 años sigue bailando.

En la actualidad esta disciplina japonesa está extendiéndose cada vez más en el mundo. “Quizás este es un momento en el cual el Butoh pueda unir, eso es lo que a mi más me interesa con la danza”, analiza Collini. De todas formas, remarca que se perdió el rumbo que los grandes maestros trazaron: “Tatsumi se quería matar cuando veía lo que los otros hacían y llamaban Butoh”. El referente argentino tiene miedo que el butoh se reformule y que se quede “sólo una moda, como el sushi” y que de esa manera se pierda su esencia, su historia y su enseñanza.

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“CUESTA ENTENDER EL BUTOH DESDE LO INTELECTUAL, HAY QUE EXPERIMENTARLO”
María Florencia Kais y Luciana Sayanes tienen al mismo maestro, pero una baila desde un sentido terapéutica para lograr la armonía, y la otra, para crecer en su carrera artística.
Por Gonzalo Albornoz (@Gonzalo_alb)
Cuando a alguien le pica el bichito de ser bailarín, el máximo logro al que apuntan es a bailar en el histórico Teatro Colon; pero no todas las danzas que existen son del género clásico o musical ni necesitan cientos de personas sobre el escenario. Sólo una persona puede transmitir con el Butoh sentimientos inexplicables que van desde el asco y el dolor hasta la hermosura del alma del ser humano.
María Florencia Kais tiene 36 años y es alumna de Gustavo Collini, profesor del estudio llamado “Mundo Butoh”. Empezó hace cinco años y se acercó al establecimiento del barrio porteño de Belgrano porque estaba buscando algo diferente. Su primer acercamiento fue a partir de investigaciones por Internet, para entonces le llamó la atención la historia y el origen del Butoh, aquella disciplina hoy se convirtió en su pasión.
Anteriormente, María había estudiado y practicado danzas clásicas y otros tipos de bailes, pero la particular danza japonesa le despertó especial interés. Ella no baila frente al público, jamás pensó en hacerlo. No lo hace en miras de una carrera artística, todo lo contario, María es profesora de inglés y el Butoh la ayuda a conectarse con la gente y consigo misma desde otro lado.
“Es un arte hermoso y muy profundo, pero cuesta entenderlo desde lo intelectual, hay que experimentarlo”, exclama con una sonrisa María, quien además no se considera bailarina ni intérprete, sino una persona que experimenta, estudia budismo y lo toma como una especie de terapia física y al mismo tiempo psíquica. “A mi me encanta que el Butoh logre que el cuerpo cuente la verdad, siempre este tiene algo que decir” afirma.
Luciana Sayanes también es alumna de Gustavo Collini desde hace cuatro años, pero en los últimos meses se alejó del entrenamiento de esta danza para enfocarse más en el canto lírico, su otra pasión. Por mera casualidad o justamente porque está en esa etapa en la que su maestro explica que un alumno ya conoce los huesos y las posturas de su cuerpo, Luciana encuentra “contradicciones” en base a la “ortodoxia” de esta danza. Por ejemplo, el maquillarse de blanco o reposarse siempre en el dolor cuando “más allá de la oscuridad, sea lo que sea que se represente, puede haber brillitos de colores”.
La historia también le gustó a Luciana, porque lo considera como un movimiento de protesta: “El Butoh vino a romper con tabúes y a poner en escena lo que no se quería ver, que era la destrucción”. En cuanto a lo artístico, cuenta que bailar es catártico: “El proceso de cómo se llega a los movimientos es cuando se siente que se llegó al máximo, me desdoblo, me expongo, pongo afuera mi alma… lo interesante es el proceso de construcción y la vuelta final al exponerse”.
Para finalizar, Luciana reconoce que más allá del alejamiento de los últimos meses, quiere volver a bailar porque “siempre hay alguna técnica para seguir aprendiendo”. Y en cuanto a su maestro, al igual que hace María Florencia, siente una “enorme gratitud” hacia Collini por todo lo que le enseñó.
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BUTOH – GROTOWSKI: BÚSQUEDAS PARALELAS
Cuando los cultores de esta disciplina mencionan a Grotowski, hacen referencia al director y pedagogo teatral Polaco que realizó un camino de búsqueda que se emparenta con el Butoh.
Por José De Rosa
La búsqueda del bailarín de Butoh apunta a descubrir su expresividad creativa, basada en técnicas orientales que aportan una fusión entre el pensamiento y el sentimiento, analizando los sentidos. Esta disciplina llamada por muchos “Danza – Teatro” va a lo visceral, a perder el cuerpo externo, apunta a una clara ruptura no solo con la gestualidad del Kabuki (opera japonesa) o el teatro Noh de la época imperial del Japón, sino también desde el cuerpo para traducirlo en emocionalidad.
Jerzy Grotowski fue el teórico del teatro de vanguardia del siglo XX. Su objetivo era lograr “la madurez” del actor que se expresa a través de una tensión elevada al extremo, de una exposición absoluta de su propia intimidad.
Plantea Grotowsky que “el cuerpo se desvanece, se quema, y el espectador sólo contempla una serie de impulsos visibles.” En este sentido, el Butoh busca que el que esté arriba del escenario se vacíe completamente. Que pueda deshacerse de todo lo superficial para así llegar a lo más profundo de sus emociones. Los movimientos que logran deben ser despojados de todo. Ellos quieren llegar a que el alma quede expuesta para que los espectadores puedan “ver” aquello que ellos sienten. Sus sentimientos, de esa forma, se transforman en movimientos. Además muchas veces la danza japonesa apela a la desnudez, al igual que el director polaco.
Grotowski era estudioso de los métodos teatrales más importantes de Europa como la extraversión y la introversión, el entrenamiento biomecánico y otras técnicas corporales Dedica un particular reconocimiento a las técnicas de entrenamiento de teatro oriental, las Ópera de Pekín, el Teatro Kathaali Hindú y el Teatro Noh de Japón. El Butoh también requiere de un entrenamiento físico muy exigente ya que trabajan con el tono muscular hasta el extremo. La búsqueda de lo extracotidiano, el punto exacto de concentración, la utilización de signos que apuntan a eliminar los elementos de la conducta natural, es el elemento esencial de la expresión en el teatro de Grotowski.
En el caso del Butoh, la búsqueda apunta a llegar a la esencia de la persona, a sus orígenes despojándose de todas las “capas” que lo rodean.
Con relación al trabajo del director Polaco, el inglés Peter Brook , uno de los directores más deslumbrantes e influyentes del teatro contemporáneo, dijo: “El Trabajo de Grotowksi lo lleva a penetrar cada vez más profundo en el mundo del actor, hasta el punto en que éste deja de ser actor para convertirse en el hombre esencial. Para ello se requieren todos los elementos dinámicos del drama. De manera tal que se pueda exprimir cada célula del cuerpo para que revele sus secretos”. Lo que persigue el Butoh es que el cuerpo “hable” por sì solo, porque quienes interpretan esta danza entienden que el cuerpo tiene memoria y lo que ellos quieren es traerla de nuevo. Su objetivo es separar el cuerpo de la mente, para que este pueda decir aquello que tiene para contar y antes estaba escondido.
Links de videos
Tatsumi Hijikata, de 1972:
Yoshito Ohno:
Gustavo Collini Sartor y Claudia Lapacó

TODO SOBRE LA MEDIAPARTY 2013 – HACKS/HACKERS BA

Los alumnos de @EscuelaETER, junto al área de Comunicación Digital de la escuela, cubrieron la MediaParty Hacks/Hackers Buenos Aires (HHBA) 2013. Con la participación de casi 900 personas, se llevó a cabo la primera de las tres jornadas del evento anual que reúne programadores, periodistas y diseñadores. Hubo 15 conferencias, funcionó una Media Feria con 20 novedosos proyectos –entre privados y públicos– y se trabajó en 10 workshops.
Por Julia Muriel Dominzain (@juliamdominzain)
Mariano Blejman (@blejman), cofundador de HHBA- inauguró las conferencias en un auditorio que, a las 10 de la mañana, ya estaba repleto y  lanzó “Media Factory”, una aceleradora de empresas de medios. Una de las más destacables oradoras de la jornada fue Jacqui Maher, una periodista de New York Times que expuso sobre novedosas formas narrativas digitales con las que procesar el exceso de información que existe en la web -“infobesity”- y presentarla periodísticamente de un modo amigable, claro y atractivo para el lector.  Otro protagonista fue Andrés Snitcofsky (@ams) quien, a partir de un proyecto que surgió en el primer Hackathón del año, presentó la versión Beta de “cargografías”, una web para rastrear las funciones públicas de los protagonistas de la vida política argentina durante los últimos 30 años.
La Media Feria fue un éxito, ningún stand estaba vacío y a los expositores no les daban las bocas para explicar los proyectos. Estuvo “Agenda Digital”, un foro de especialistas voluntarios que depende de Jefatura de Gabinete del Gobierno Nacional y que trabaja en la innovación digital para políticas públicas. En otra mesa, hubo representantes de “Datos Públicos”, el portal oficial lanzado hace menos de un mes que busca recopilar la mayor cantidad posible de información gubernamental y garantizar a la ciudadanía el derecho al acceso. Muy cerca, estaban los jóvenes de “Chequeado.com”, un sitio que procura confirmar o desestimar las declaraciones que hacen los políticos en los medios masivos de comunicación. También hubo puestos de Acamica, Airtime, Argenwamp, Altavoz (Chile), Década Votada, Mortalidad materna, Concursos transparentes y TN.

Durante la tarde, se trabajó bajo la modalidad workshop. Guillermo Movia (@deimidis), de Fundación Mozilla, coordinó uno sobre creación de sitios Web y edición de videos pensado específicamente para periodistas. Santiago Siri hizo un “análisis político sobre medios sociales” y lanzó “Zentrality”, una aplicación que analiza cuantitativa y cualitativamente twitter. En el workshop “segundas pantallas”, Alfonso Amat (@alfiv) debatió con programadores y periodistas sobre “I am at”, su aplicación que permite la interacción de las audiencias con eventos en vivo. Jacquie Maher, basándose en su experiencia de cobertura de las Olimpíadas 2012, mostró los entretelones, la cocina del trabajo interdisciplinario realizado conjuntamente por periodistas, programadores y diseñadores en Londres.
Algunos de los visitantes ilustres de la MediaParty 2013

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42 KILÓMETROS DE INCLUSIÓN

42 KILÓMETROS DE INCLUSIÓN

El último Maratón de Buenos Aires convocó a más de 9 mil corredores el domingo 13 de octubre. Además de los atletas profesionales y aficionados, cultores del “running” y caminantes de todas las edades, se destacaron varios grupos de personas con capacidades diferentes y atletas especiales. Aquí, las impresiones de algunos de ellos después de la carrera..
Por Luis Raynaud (@kukiraynaud)
En el 490 A.C. un tal Filípides conoció la fama tras recorrer en tiempo récord los 42 kilómetros que separan Atenas de la llanura de Maratón para terminar salvando de una muerte segura a todas las mujeres e hijos de la capital griega tras informar, justo a tiempo, la victoria del ejército helénico sobre la invasión persa. El domingo 13 de octubre, 2503 años después y a algunos miles de kilómetros de la mítica capital griega, se corrió la 29ª edición del Maratón de Buenos Aires en conmemoración a la hazaña de Filípides, con la diferencia de que, en esta ocasión, el esfuerzo fue por la inclusión solidaria.
Como era de esperar, los representantes de Kenia fueron los dueños indiscutidos del podio tras recorrer el trayecto en poco más de dos horas. Pero, claro, no fueron los únicos en destacarse en un evento deportivo tan masivo. En este maratón participaron 9100 corredores, todo un récord al superar por más de mil atletas la convocatoria del 2012. Y en el contexto de este auge del running, se dio la promoción y participación cada vez más activas de asociaciones no gubernamentales de ayuda solidaria, y de fundaciones de apoyo a personas con capacidades diferentes.
“A todos nos sirve esto, a la sociedad le sirve, lo mejor es la integración en todo sentido. La sociedad cuando se integra respira”, cuenta Martín Méndez, representante de la Fundación Ñandú, organizadora del maratón, que trabajó para hacer efectivas las becas (inscripción, indumentaria, comida y traslado) por las que 58 pibes del Club Atlético Madre del Pueblo, ubicado en la villa 1-11-14, pudiera correr la mini-maratón de tres kilómetros. Esta competencia fue una propuesta pensada para los más chicos. En este caso, las edades de los competidores no pasaron los 16 años y la largada fue media hora después de la carrera principal, a las ocho de la mañana.
“Desde los 7 años que corro”, cuenta “Dani” (ahora con 15), mientras muestra a la cámara su medalla de campeón y no puede contener la más brillante sonrisa. “Corrí tranquilo, el segundo venía lejos”, dice, mientras recibe el abrazo de todos sus amigos y el aliento de los profesores que lo ayudan a entrenar todos los días en las instalaciones del Madre del Pueblo..

“Le dimos duro, pero igual él ya venía entrenando antes de arrancar atletismo conmigo. Tiene muchas condiciones, mucha capacidad”, cuenta Francisco, el profesor, quien compone junto a otros seis colegas el equipo de entrenamiento que trabaja en el club a diario dándoles a los chicos la posibilidad de practicar deportes como fútbol, atletismo, natación y hockey. “La fundación nos banca desde muchos lugares. En lo económico, indumentaria. Posibilitó que pudieran correr los chicos inscribiéndolos, dándoles las remeras y facilitándoles también el transporte”, expresó el profesor.

La Fundación Ñandú actúa desde la premisa de que el deporte es una herramienta con gran capacidad de cambio social y gestiona en consecuencia desde todas sus dependencias buscando brindar apoyo en áreas estratégicas para promover el atletismo en general, y así contribuir con la transformación de la sociedad en un espacio mejor para todos: “Hay una sociedad muy difícil ahí, eso lo hace complicado, mucho sacrificio. Son chicos que tienen un alto grado de riesgo por otro tipo de problemas, sociales, que no son precisamente salir a correr. Yo creo que el deporte es fundamental, es clave en este tipo de cuestiones”, afirmó el representante de Ñandú, destacando la importancia del accionar de su equipo de trabajo para el futuro de los chicos en la villa.

La carrera recorrió varios de los lugares más significativos de la ciudad como el Obelisco, Plaza de Mayo, la Casa Rosada, el Cabildo, el barrio de La Boca, Puerto Madero, la reserva natural y la zona norte por los barrios de Retiro, Recoleta, Belgrano y Palermo. En la llegada pudieron verse los rostros de los competidores exhaustos que, recibiendo el aliento del público presente en las tribunas sacaron el último esfuerzo para recorrer los últimos 300 metros y completar la carrera. Este fue el caso de Francisco Sanclemente Buga, un atleta discapacitado colombiano que corrió en silla de ruedas su primer maratón y consiguió un histórico quinto puesto en esta categoría. “Arranqué la carrera a ritmo. Veía pasar varios atletas pero eso no me desalentó. Entrené duramente cuatro meses para preparar mi estrategia y no la abandoné”, cuenta Francisco mientras se hidrata, después de llegar.

Completó la carrera 2 horas y 43 minutos con el número 1806 pegado en su remera. “Después del kilómetro 30 aumenté la velocidad hasta que llegué atrás del quinto y el sexto, me mantuve a rueda dos kilómetros y, faltando seis, de nuevo cambié el ritmo para llegar solo en la quinta posición”, afirma Sanclemente, y, visiblemente emocionado tras recibir un beso de su novia agradeció emotivamente a todo su equipo de trabajo y familiares por la gran carrera que realizó.
Cien metros antes de la llegada también pasó algo de lo más singular. A medida que iban llegando los competidores se pudo ver cómo una fila compuesta por unos 30 chicos con diferentes discapacidades intelectuales avanzaban por un costado ante las miradas de todos en el público. Eran los pibes de la Fundación Bacciagalupo, que se dedica a la promoción del deporte en niños y jóvenes con discapacidad intelectual como herramienta para lograr una mayor integración en la sociedad, mejorar su calidad de vida y potenciar su desarrollo psicofísico.

La Fundación participó con el plan “Corro x 2”, una iniciativa solidaria para recolectar fondos, mediante la cual un corredor podía inscribirse y correr los últimos 100 metros de la carrera en dupla con uno de los chicos. La emoción fue muy grande y valió la ovación del público a cada pareja que cruzó la meta.

Tampoco se quedó atrás Roberto Cárcamo, el primer atleta asistido que completa los 42 kilómetros. El ex campeón argentino, Oscar “El Indio” Cortínez, fue quien empujo la silla de Roberto durante todo el trayecto, que completaron en 3 horas y 22 minutos.
Cárcamos tiene 50 años y sufre una parálisis cerebral que afecta su aparato locomotor y lo obliga a estar en una silla especial, con asiento ergométrico y ruedas de ciclismo. Forma parte de la Fundación para el Atletismo Asistido, que cuenta con más de 20 atletas que se entrenan duramente en clases de psicomotricidad y equinoterapia. La llegada a la meta de la dupla despertó un gran entusiasmo en todo el público presente, que se fundió todo en un solo grito de aliento y felicitación.
La pasión por el running se encuentra en pleno auge en nuestro país, cada vez son más los que eligen salir a “sentir el viento en la cara” y deciden ir por el cambio. En la carrera no hay diferencias, todos son corredores. El objetivo es llegar y se ayuda con aliento y consejos a todo el que lo necesite. Porque no existe lo imposible y el esfuerzo hace a la inclusión, sumando la solidaridad a los valores de la competencia.
 
 
 
 

“MASTURBÉ A MÁS DE 10 MIL HOMBRES”

“MASTURBÉ A MÁS DE 10 MIL HOMBRES”

La fundadora de la Escuela de sexo PK , Paula Kullock, cuenta cómo llegó a ser una experta y qué conocimientos les traslada a sus alumnos. “Lo más importante de mi trabajo es saber escuchar”, asegura.
Por Carolina Villagra, @Carovfc_eter
En la antigüedad, para los griegos, Afrodita era la diosa de la pasión y la lujuria. En su nombre, hombres y mujeres mantenían relaciones sexuales como muestra de adoración. Actualmente, en el siglo XXI, la gente tiene sexo por placer y se anima a buscar nuevas formas de encontrarse a si misma y con su pareja.
Con ese cambio de concepción nacieron todo tipo de nuevas propuestas. Una de ellas es PK, la primer escuela de sexo de Buenos Aires. Su fundadora y asesora en juegos eróticos, Paula Kullock, enseña desde hace ocho años prácticas sexuales, de seducción y autosatisfacción. Todo empezó en los masajes “con final feliz”: “Trabajé diez años masajeando a hombres y masturbé a más de 10 mil, en eso sí que soy una profesional cien por ciento”, relata la especialista. Su experiencia se basa en haber trabajado en los más famosos lugares de Buenos Aires, donde le tocó atender todo tipo de personas: “Jóvenes, lindos, famosos, de 18 hasta 104 años”, cuenta la profesora.

Si hay algo que sobra en su escuela son inquietudes y ganas de aprender a gozar. Los intereses de los alumnos, la mayoría mujeres, parecen definidos según la edad:  las mujeres más chicas, de 18 a 20, suelen ir para saber cómo sentarse arriba de un muchacho, practicar sexo oral y volverse más audaces en la cama. Las de 30 son las que perdieron la intimidad con su pareja por los hijos e intentan reavivar la chispa. En cambio, las más grandes y las que se separaron recientemente, buscan tantear el mercado o saber de qué manera mantener a su amante. Las etapas de la vida son lo que las diferencia pero todas quieren ser expertas en el arte sexual.
En PK hay una oferta variada de actividades. Clases individuales, grupales, para hombres y para mujeres (masajes eróticos, descontracturantes y técnicas de seducción), charlas y juegos eróticos en despedidas de soltera, cumpleaños, y de vez en cuando, clases de masturbación femenina. Por la demanda, Paola abrirá un curso de autosatisfacción para mujeres. “Va a ser un grupo de masturbación en vivo. Venimos todas y todas nos masturbamos, es un trabajo de guía”, adelanta la profesora.
Una de los primeros deseos que tenía Paola era aprender striptease para ampliar la oferta en su escuela. Si bien costó conseguir alguien que le enseñara, finalmente un alumno taxi boy le recomendó a su esposa. “Las rutinas que enseño están hechas por una profesional. Los programas están adaptados para que cualquiera pueda hacerlos. Yo tengo el primer CD de Latinoamérica de rutinas de baile erótico”, afirma Kullock.
Angie (35) se define como una alumna eterna de PK: “Tomé clases personales de striptease y de masaje erótico. Pao te dice el ‘cómo’ de una forma que es accesible para una,  porque yo no sabía por dónde empezar  y ella te lo baja muy bien a la realidad. Te dan ganas de seguir aprendiendo, es un vicio”, confiesa.  A fines del año pasado asistió a estos dos cursos: “Primero lo hacés como te sale, pero después te sentís una diosa. Mi novio está súper fascinado y me pidió que le avise cuándo es el próximo taller para hombres, así va él también y disfrutamos los dos”, cuenta Angie.
Pero en la escuela no todo pasa por lo físico. Hay muchas mujeres que van porque vivieron historias que las pusieron en conflicto con el sexo: “Estoy tratando a dos mujeres particulares. Una es una chica muy linda, que tiene un problema en la boca, entonces nunca había dado un beso. Es una chica de mi edad, unos 40 años. Ella había tenido sexo dos veces en su vida porque le daba mucha vergüenza y como ahora se sometió a un tratamiento para curarse, está aprendiendo, se divierte y la pasa muy bien”, relata la profesora.
Por otro lado está la historia de una mujer que sufrió un abuso: “Después de esa experiencia traumática, cuando se animó a tener un novio, tuvo sexo por única vez y quedó embarazada. Desde ahí, estuvo nueve años sin tener relaciones. Hoy  volvió a tener sexo con alguien que la ama y la cuida, entonces quiere charlar y aprender sobre el tema. El otro día decía que no sabía moverse arriba, que no sabe chuparla. De eso se trata, que de si tenés ganas, puedas hacerlo”, cuenta Paola.

Pero no todos es acción. La experta en sexo destaca que “lo más importante es saber escuchar atentamente”. Aclara que no es psicóloga –ni quiere serlo- pero trabaja a la par de terapeutas. Cuando una persona bajo tratamiento se acerca a la escuela, recomienda que le pregunte al profesional  si puede asistir. “Soy muy exigente con ese tema”.
Kullock se define como la más “jolgoriosa” de las expertas en la materia y también como muy profesional. “Mis saberes vienen de los libros de sexo y leo permanentemente, soy fanática de Anne Hooper (la terapeuta sexual británica, pionera en grupos de mujeres para tratar problemas a la hora de mantener relaciones)”, cuenta. Si bien sus primeros conocimientos los obtuvo leyendo, hace ocho años que atiende gente: “Aprendí mucho escuchando y viviendo, pero yo me nutro de las historias de los demás, me encanta escuchar, me hace bien, me divierte”, finaliza.
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Los huecos del placer
Por Martina Bondone @MarBondo
Mientras que algunos eligen asesorarse para hacer de sus relaciones sexuales un momento de perfección, otros se inclinan por las experiencias improvisadas. Sexo anónimo, sin verse, sin tocarse, sin conocerse. Esa es la propuesta de los Glory Hole, la última tendencia llegada desde Europa directamente a los principales bares gay del microcentro porteño. Tal como lo indica su nombre son agujeros hechos a la altura de la pelvis en paredes hechas de paneles (principalmente en baños y cabinas de video).
Alfredo, encargado de ZOOM Buenos Aires (Uriburu 1018), explica que la modalidad del Glory Hole no se paga aparte, el precio de entrada incluye todas las instalaciones del bar. Además al estar abierto las 24 horas es imposible medir cuánta gente los utiliza realmente. “No siempre es completamente anónimo. Algunos se espían mientras miran videos y pactan algo en el momento, también se arreglan encuentros entre escorts y taxi boys con clientes”.

En ningún lugar del certificado de habilitación del bar figura que en el establecimiento se mantienen relaciones sexuales, pero sí se respeta el espacio de un metro cuadrado por persona por cuestiones de seguridad. De todas formas según Alfredo no hay curiosidad alguna porque la gente que va este tipo de lugares sabe con qué se va encontrar: “Mi opinión sobre esta práctica es totalmente negativa. Creo que van personas de baja autoestima, que solo buscan satisfacer una necesidad de manera fácil y sin compromiso con el otro o por el morbo de estar con un desconocido a través de una pared”.
Para la psicóloga María del Mar Giuntini la aparición de estas prácticas sexuales es propia den una época que se caracteriza por una total “libertad” a la hora de tener relaciones, pero eso no implica necesariamente mayor intimidad. “Hay un rol predominante de la fantasía que bordea al otro a quien no toco, a quien no veo y no conozco – expone la profesional – Hay un retorno a la satisfacción con objetos parciales, con partes del otro y de uno mismo. Una especie de sexualidad recortada en la que los encuentros son desafectivizados y desubjetivizados”.

FÚTBOL REGISTRADO

FÚTBOL REGISTRADO

Primer paso para la profesionalización del fútbol amateur. La C será la primera categoría en profesionalizarse. Forma parte del proyecto que pretende extenderse a los deportistas de las divisionales más bajas. Les permitirá acceder a una obra social, tener aportes jubilatorios y seguridad laboral.
Por Nadir Cannolo (@Cano_arg); María Dellavalle (@PiniDellavalle); Víctor Doat (@VictorDoat); Natalia Konradi (@NatalyKonrad); Julieta Mosqueira (@J_Mosqueira)
A partir de enero de 2014, los clubes de la Primera C del fútbol argentino deberán registrar los contratos de sus respectivos planteles profesionales. El proyecto fue tratado entre Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA), la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y los máximos dirigentes de la divisional. “Luego del receso de verano y cuando los torneos se reanuden, los equipos de la C deberán, obligatoriamente, registrar los contratos de todos los jugadores”, afirma el titular de FAA, Sergio Marchi.
La profesionalización implica que los deportistas que militan en la cuarta categoría del fútbol local contarán con todos los derechos laborales que un trabajador en blanco posee, como aportes jubilatorios y cobertura médica.
El proyecto comenzó a hablarse por lo bajo en los pasillos de la AFA hace aproximadamente cuatro años, pero tomó fuerza en los últimos dos meses a raíz del fallecimiento del jugador de Laferrere, Héctor Sanabria, en un encuentro que su equipo disputaba ante Lamadrid. “Cuando se fue Héctor, comenzó a hacerse un debate más profundo. Los jugadores reconocen que se hacen estudios mínimos. Además, hay que aclarar que la C es fútbol y obviamente es un deporte de alto rendimiento”, argumenta Damián Trillini, periodista del ascenso para TyC Sports.
La situación contractual de los futbolistas de la C es diferente a las categorías superiores: el arreglo económico corre por cuenta de la buena voluntad de la dirigencia de los clubes. Muchas veces, el pago figura como viáticos, lo que implica, entre otras cosas, que no tienen cobertura médica. “El registro de los contratos es algo que los jugadores pedían; les va a dar no sólo un contrato, sino seguridad laboral, una obra social, un sustento”, afirma Trillini.
No todos los clubes cuentan con un departamento médico instalado en sus instituciones y, muchas veces, sus jugadores no son sometidos a los exámenes correspondientes para chequear si pueden practicar un deporte de alto rendimiento.  “La idea que tenemos es, por intermedio de AFA, una pensión médica a los jugadores, pero hoy no estamos en condiciones. La idea es estirarlo para principio del año que viene”, asegura Edgardo Guerrero, presidente de la Primera C y del club Talleres de Remedios de Escalada.
Además, los clubes que integran esta categoría no cuentan con el ingreso económico que perciben las divisiones superiores, por ejemplo, las televisaciones, que atraen patrocinadores; el aporte del Estado; capitales privados, entre otros.  Al respecto, Guerrero remarca: “Ojalá se federalice la televisación, porque ver la publicidad de los clubes da la posibilidad de venderlas más caras y además genera mayor repercusión.”
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Entrenamiento doble turno
El ingreso económico que tiene un jugador de la C no le permite vivir sólo del fútbol. Por eso, para llegar a fin de mes deben complementar los entrenamientos con un trabajo adicional. Guillermo Bogado juega de delantero en el club Luján, entrena tres horas diarias de lunes a viernes y, finalizada la práctica, es operario en la fábrica de su padre.  “Muchas veces regulamos en el trabajo para poder entrenar y llegar lo mejor posible a los partidos”, afirmó Bogado, y aclara: “La mayoría de los jugadores tenemos otro trabajo porque la C no paga tan bien como para vivir sólo de esto”.
Además enfatiza en la importancia de tener un sueldo en blanco: “Yo creo que se va a poder. Hoy todos los arreglos son de palabra y profesionalizar la categoría va a ser mucho más serio para la C y para los que jugamos.”
También, a raíz de la muerte de Sanabria, Bogado puso en jaque los exámenes médicos de la categoría: “Juego desde los 17 años y ahí fui a que me hicieran los exámenes en AFA para el apto físico. Pasado eso, rara vez me sometieron a exámenes. Dos veces nomás, y tengo 31 años actualmente.”
Por su lado, Gerardo Gómez tiene 22 años y juega de defensor lateral derecho en club Club Dálmine, que integra desde que tiene cinco años. Si bien ahora su club juega en la B Metropolitana, cuando aún no habían ascendido de categoría debía mantener múltiples trabajos. “Aparte de fútbol, mientras estaba en la C, me la rebuscaba: trabajé en escuelita de fútbol, repartía revistas de Cablevisión y fui ayudante en colonias de verano. Además, estudié durante dos años el profesorado de educación física”.
Y no era el único que lo hacía: sus compañeros también debían buscar formas alternativas para generar ingresos. “Algunos de mis compañeros también trabajaban porque el sueldo en la C no era como para poder vivir solamente con eso”, se sincera. Sin embargo, cuando ascendieron de categoría, sólo él siguió teniendo un trabajo paralelo. “Hoy en día, en la B metropolitana, sigo con la escuelita, pero mis compañeros sí se dedican sólo al futbol, porque ya es profesional”, concluye.
 

 
Primera B Nacional
Primera B Metropolitana
Primera C

Profesionalizado


No

Servicio Médico


No

Contratos
En blanco
En blanco
En negro

Entrenamientos
Intensivos
Intensivos
Amateur

Televisación


No

 
 
 
 

 

LA CALLE DE LOS LLORONES

LA CALLE DE LOS LLORONES

Así se autodenominan algunos comerciantes de la calle Murillo, que supo ser cuna de la venta de ropa de cuero.  En la última década esta zona de Villa Crespo ha perdido la popularidad que logró durante la convertibilidad. Hoy es visitada por turistas que buscan  regatear precios y pretenden que les tomen el dólar al valor del blue.
Por Aimé Malén Olivera (@Malenolivera), Ezequiel Cozza (@EzeCozza), Natalia López, Macara Vargas (@Vargasmacarena1), Guillermina Roca y Teff Bryner
La calle Murillo, en Villa Crespo, fue durante muchos años la elegida por los turistas a la hora de comprar camperas de cuero. Sin embargo, a partir de una remodelación llevada a cabo por el gobierno de la Ciudad  en el microcentro, quedó relegada por la lujosa calle Florida.
Susana Muñiz hace 20 años es vendedora en un negocio de camperas de cuero ubicada en la esquina de Acevedo y Murillo, a la que califica como “la calle de los llorones”. Aunque la situación actual del dólar alto favorezca a los turistas europeos,  la crisis económica del viejo continente disminuyó las posibilidades de viajar de españoles e italianos, quienes eran considerados los principales compradores. Sentada detrás del mostrador, en medio de un local ocupado tan solo por camperas costosas, Susana cuenta desesperanzada que  “cuando un peso valía un dólar se vendía bien, y ahora la gente espera que le aceptes el dólar a $ 9 y el oficial está a $ 5,20, no nos conviene”.
Por otra parte, el crecimiento económico de los países latinoamericanos permitió que éstos se conviertan en los nuevos protagonistas del tour de compras en la Ciudad de Buenos Aires. Los brasileros son habitues en la ciudad y, además, son quienes más regatean los precios. “Más o menos cinco negocios cerraron en los últimos tres años. Además disminuyó el número de vendedores por local. Antes, como mínimo, había cinco personas atendiendo, y hoy solamente se contratan a tres por local como máximo. Bajaron las ventas en un 40%”, cuenta Eduardo Figueroa, dueño de un negocio de la zona.

Los negocios de ropa de cuero se extienden desde Acevedo hasta Scalabrini Ortiz, y aunque la especialidad son las camperas también se pueden encontrar carteras, sillones y botas. Candelaria Gamboa hace ya cinco años que es vendedora en el barrio, y comenta que “ahora se venden más las carteras y los bolsos que las camperas. Vienen buscando algo más económico”. El rango de precios de carteras van desde los $ 1.300 hasta los $ 2.550. “Por ahí vienen por una campera, pero por el precio, se van con una carterita nada más”, dice Gamboa.
Las calles  y veredas de Murillo se encuentran rotas y hasta en algunos sectores los focos de luz están dañados, tal vez ésta sea la mayor diferencia con la calle Florida. Hace un año el Ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño llevó a cabo obras que remodelaron y cambiaron por completo su estética, como son la refacción de veredas, la iluminación LED y un nuevo sistema de desagüe pluvial.
Giselle Sotelo trabaja sobre la calle Florida, en la marca TEX, hace seis años: “Siempre la peatonal -por lo menos desde que trabajo acá- fue más cara que otras zonas, pero es más pintoresca y más céntrica también. Lindamos con muchos hoteles y es una zona de paso, eso nos beneficia”, afirma.

En contraste con el constante flujo de gente tan característico de la zona céntrica y de los atareados vendedores de los locales que la componen, la falta de actividad de los negocios ubicados en Villa Crespo es notoria. Es común observar a los empleados de los comercios de Murillo jugando con sus teléfonos celulares o charlando entre ellos mientras, rodeados por lujosas camperas de cuero, intentan que se les pasen las horas.
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El paseo es a Murillo 666
Sin lugar a dudas, el negocio más emblemático y conocido de la calle Murillo, en Villa Crespo, que concentra la compra y venta de artículos de cuero es Murillo 666. Esto no se debe únicamente a que este local es el más popular de este rubro, sino que además sus condiciones edilicias lo hacen merecedor de esta fama: apenas uno llega a la intersección de las calles Murillo y Acevedo, la mirada se ve obligada a dirigirse a la marquesina luminosa que indica la numeración del comercio. El frente del negocio es el más llamativo y grande de toda la cuadra. En la entrada principal, tras cruzarse con el personal de seguridad, hay una bifurcación: a la izquierda, hay unas escaleras que conducen directamente a las oficinas comerciales que se encuentran en el primer piso; mientras que a la derecha un escritorio con una recepcionista dan la bienvenida al local de venta al público.
El local, amplio, luminoso, con el blanco como color predominante tanto en paredes como estantes y bien organizado, está dividido en dos sectores: por una parte, se encuentran las prendas de ropa y al fondo se abre un nuevo espacio que exhibe los sillones, recubrimientos de cuero para muebles y demás artículos de living. En ambas divisiones hay una muy buena presentación: las vidrieras y estanterías están organizadas de una manera muy atractiva, los percheros de ropa están alternados con estantes que exponen accesorios (tales como cinturones, billeteras y carteras) y las telas que recubren a los sillones se despliegan de una manera muy elegante.

Por lo general, la mayoría de los clientes que entran a mirar los productos se dirigen directamente al perchero central –y el único que no se encuentra contra la pared-, en el cual se pueden apreciar las camperas discontinuas. Sus precios comienzan en los $1100 y los descuentos que se hacen sobre los montos a pagar originalmente son del 40%. Lo más sobresaliente es que a pesar de la baja de las ventas de la calle donde está ubicado el local, Murillo 666 continúa manteniendo su nivel de clientes y comprando grandes espacios de publicidad en los diarios más importantes del país.

ANDRESITO, EL ÚLTIMO HÉROE GUARANÍ

ANDRESITO, EL ÚLTIMO HÉROE GUARANÍ

Dirigió el “Ejército de los Pueblos Libres” junto a José Artigas. Encabezó la primera reforma agraria de lationamérica y fue gobernador de Corrientes durante un mes, pero la historia oficial lo borró. Hoy, luego de un documental, su figura emerge.
Por Lautaro Reck (@iisarolando)
El Litoral no es sólo tierra de yerba mate, caminos colorados y de vegetación abundante. Por más que el andar de sus pobladores sea calmo, se esconde tras esa manta una historia de lucha revolucionaria oculta por los constructores de la historia oficial y reconstruida por el relato informal de la población. Ahí yace el recuerdo de la figura mítica de Andrés Guacurarí.
“Andresito”, como se hizo conocer, era morocho y guaraní, una de esas mezclas que las oligarquías de todos los tiempos despreciaron, persiguieron y aniquilaron. Y durante las luchas por la independencia latinoamericana, en el momento en el que San Martín diseñaba el cruce de los Andes, Andrés conducía al ejército de “los pueblos libres”, junto a su padrino, José Gervacio Artigas.
No es menor la mención del Caudillo de la ex Banda Oriental. Fueron sus ideas las que convirtieron al General Guaraní en el mítico personaje que hoy es representado por una estatua de seis metros de alto en la Costanera de Posadas, Misiones. En Corrientes, su ciudad, no hay nada que lo recuerde.
Según la perspectiva del historiador César Ricciardino, en la etapa de fundación de la Argentina existen dos líneas históricas. La primera comprende la Revolución de Mayo de 1810, la declaración de Independencia de 1816 y la “constitución liberal” de 1819, y una segunda que se encuentra la declaración de Independencia de 1815 por la Liga de los Pueblos Libres y una propuesta de “construcción social de oportunidades”.
El Congreso de los “Pueblos Libres” fue la idea central del General José Artigas, que posibilitaba la inclusión de todos los habitantes de la región sudamericana. En él participaron originarios, gauchos, europeos y hasta mestizos, y se propusieron construir un territorio en donde la esclavitud y la servidumbre no existiera, en donde cada pueblo fuera libre. “La idea más democrática y popular de esta parte del mundo”, según escribe en un artículo el historiador Felipe Pigna.

Como General a cargo de las Provincias de Corrientes y Misiones, se enfrentó en batallas con sables y armas a las potencias europeas y al poder conservador de la Junta de Mayo. Batalló a fuerza de ideas revolucionarias y liberales a las elites provinciales.
Revolucionario, de carácter fuerte, y amigo del consenso, “Andresito Artigas”, como lo recuerdan los caciques guaraníes, fue el primer gobernador latinoamericano en declarar la reforma agraria. “Que los más infelices sean los más privilegiados”, sostuvo en sus memorias, que todavía no fueron fechadas.
“Fue gobernador de Corrientes por un mes, y no existe en la ciudad ni siquiera una placa, un monumento, nada en su honor”, cuenta Camilo Gómez Montero, director del documental “Buscando al Comandante Andresito” (Ver Del mito al cine). “Su figura sigue estando latente en la población del Litoral, pero no en los libros con los que aprenden los chicos en la escuela”, agrega el realizador del film que se presentó en el salón de los pasos perdidos en el Congreso Nacional.
La historia de este personaje mitad ficción, mitad  mortal, fue corta, ya que al mes de haber sido declarado Gobernador de Corrientes cayó preso del ejército brasilero y encerrado por 10 años en la prisión de Río de Janeiro. Pero nadie pudo borrar el recuerdo en la gente de su tierra. Por eso, hoy sus hazañas son contadas en los fogones de las comunidades guaraníes. Esos relatos que en medio de la marginalidad, la pobreza y el olvido, hacen sentir a sus integrantes una pizca de esperanza, de saber que en algún momento de la larga noche de los 500 años de la dominación europea los guaraníes sintieron el aire fresco de la libertad.
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Del mito al cine
El documental “Buscando al comandante Andresito”, que reconstruye la vida de un personaje olvidado, se reestrenará el 30 de Noviembre durante el transcurso de la “Noche de las Provincias” en la Ciudad de Buenos Aires.
Declarado de interés por el Congreso de la Nación, y partícipe invitado en el festival internacional de la UNASUR, la película recorre la historia política de un guerrero Guaraní que participó activamente en la lucha de José de Artigas y comandó a su ejército en la búsqueda de la independencia de los “pueblos libres”.
El documental, conducido por Víctor Heredia, trata de poner en jaque una nueva etapa del revisionismo histórico: las hazañas de la “liga de los Pueblos Libres”.
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Los hombres del General  
Junto a la figura del Comandante del ejército de los pueblos libres, emergen dos hombres trascendentales que acompañaron su lucha: la del gaucho entrerriano Manuel Miño y la del franciscano y cura de la iglesia de la antigua ciudad de Mandisoví (actualmente Federación, Entre Ríos) Fray José Leonardo Acevedo.
El primero, gaucho y amigo personal de Andresito, fue el encargado de recuperar la Ciudad de Candelaria a manos del ejército paraguayo. Esta batalla, recordada como uno de los enfrentamientos militares estratégicos más importantes de la “liga de los pueblos libres”, que le valió a Andresito la gobernación de Corrientes y Misiones.
La otra figura, quizás más trascendental aún que el comandante Miño, fue la del cura Fray José Leonardo Acevedo, quien acompañó desde 1815 a Guacurarí sirviéndolo como capellán de sus tropas y secretario. Cura gaucho, dejando más de una vez la Biblia de lado para empuñar las armas, se destacó en la recuperación de Candelaria junto al comandante Miño. Lo interesante de este pintoresco personaje no radica únicamente en su conjunción entre la Fe y la Guerra, sino que los historiadores “hegemónicos” no lo recuerdan por su enrolamiento en las filas de Artigas, sino como el Cardenal de la Capital Entrerriana de Urquiza.

Acevedo, además de ser capellán de tropas y secretario de Andresito, fue su más cercano consejero. Tal es así que cuando el ejército portugués tomó prisionero a Andrés Guacurarí y lo llevó a la cárcel de Río de Janeiro, el mismo cura pidió ser encerrado junto a su capitán.
Luego de ser liberados, cada uno tomó su propio camino. Guacurarí, se estima, volvió a territorio guaraní, en tanto que el cura retornó a Entre Ríos, donde se radicó. Con la aparición en la escena política de Urquiza fue propuesto para ocupar el cargo de obispo de Paraná. En 1858 fallece en Paraná, y con él toda historia escrita acerca de las hazañas del ejército de los pueblos libres.

LA GENERACIÓN BORRADA

LA GENERACIÓN BORRADA

Cómo la política barrió con el seleccionado argentino de básquetbol que había ganado el mundial de 1950; 35 jugadores fueron suspendidos de por vida y todo el semillero fue afectado
Por Nicolas Levy @NicoLevyRenaud), Belén Macías (@BelnMacias), Juan Manrique (Pablo de Paris @pablodeparis), Martín Squeri (@MartinSqueri)
Ricardo González mira el papel en sus manos. Lee y relee su nombre en tinta negra, que aparece bajo el membrete de la Comisión Investigadora 49. La citación para el 27 del corriente mes de enero de 1956 no le trae pensamientos gratos. Con el gobierno militar en el poder, ese pedazo de papel no puede significar nada bueno.
Ya pasaron cinco años desde que sostuvo en sus manos la Copa del Mundo de Básquet, desde que, como capitán, agradeció “a todo el pueblo argentino” en un Luna Park repleto. Hace unos instantes, su cabeza se entretenía con el sueño de la gloria olímpica en los Juegos Olímlipicos, en la ciudad australiana de Melbourne. Pero ese pedazo de papel se lo hace olvidar por un momento. En unos días sabrá que lo que queda de su carrera, junto con el resto de la élite del deporte, será borrado.
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La Generación Dorada, liderada por Manu Ginóbili, Andrés Nocioni y compañía, obtuvo en 2002 el segundo puesto en el Mundial de Indianápolis. Más de cincuenta años antes, en 1950, el primer campeonato del mundo quedaba en manos de la Argentina, con González como capitán y con Oscar Furlong como figura. Después de derrotar a todos sus rivales, incluido al poderoso equipo estadounidense, se consagraron simultáneamente como el primer campeón del mundo y, sin saberlo ni quererlo, en el equipo insignia del peronismo. Pero el reconocimiento que recibieron los dirigidos por Rubén Magnano contrasta con el recuerdo que quedó de aquella camada de pioneros.
Juan Domingo Perón sabía de la importancia del deporte como producto de exportación y manejo de masas, y ya tenía varios deportistas bajo su ala: Juan Manuel Fangio en automovilismo, Mary Terán de Weiss en tenis, y Pascual Pérez en boxeo, entre otros. Pero no contaba con un conjunto nacional que pudiera representar sus ideales, y la talentosa generación de básquet fue su apuesta.
Ése fue el comienzo del fin. Cinco años más tarde, la Revolución Libertadora derrocaría al presidente democrático e instauraría un régimen militar que buscaría eliminar todo recuerdo y referencia al líder justicialista.
Todo esto terminaría en una tragedia bastante paradójica: después de ser citados por la mencionada Comisión Investigadora, 35 basquetbolistas serían penados de por vida con el pretexto de haber recibido dinero y bienes en un deporte reglado por el amateurismo. La paradoja es doble: el apoyo económico se había circunscripto sólo a un permiso de importación de un automóvil y, como si fuera poco, la mayoría de los jugadores alcanzados por esta recompensa no sentían lealtad alguna por el ex presidente. “Dentro de nuestro equipo eran casi todos anti peronistas”, dice Ignacio Poletti, el más jóven del plantel. “A Furlong, Perón le había sacado la empresa que tenía y le había pagado dos pesos con cincuenta”.
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Ricardo González se mira las manos, arrugadas por el paso del tiempo. En algún lado queda la bronca y la impotencia que sintió en el momento en el que cortaron su carrera y la de sus compañeros. “Nosotros íbamos a los Juegos en Melbourne; para mí, para Furlong, y para todos los que estábamos en ese equipo, hubiese sido un espaldarazo brutal”, cuenta, sin dejar de mirarse las manos. “En los Panamericanos del ‘55 habíamos salido primeros, a Estados Unidos se le ganó dos veces en el ‘53, en ese año Argentina salió campeón mundial universitario. También había nadadores como (Héctor) Domínguez Nimo, (Alberto) Nicolao, campeones mundiales en ciclismo, esgrimistas. Dejaron a oscuras al deporte”.
La voz de Oscar Furlong en el teléfono afina el eje del que hablaba su compañero: “En el mundo el amateurismo del básquet era cosa del pasado. Menos acá, parece”, dice el escolta. “Lo que pasó es que había un grupo de dirigentes que se hacían los amateuristas para mostrarse como opositores a Perón y conservar sus puestos en la Confederación”, agrega.
Esos mismos dirigentes que habían acompañado a la delegación en sus viajes interprovinciales e internacionales fueron los que los echarían a la hoguera. En 2009, Ricardo González fue homenajeado por la Federación Internacional de Basquet Asociado (FIBA) al ser introducido en el Hall de la Fama, en Madrid. Pero su orgullo y felicidad se vieron empañados por la siguiente distinción: bajo su nombre figuraba el de Luis Martín, uno de los tantos responsables del fin de su carrera. A pesar de que la Confederación Argentina de Básquetbol (CABB) se opuso a su nominación, la FIBA hizo caso omiso a los reclamos. “No me gustó figurar con él. Martín fue uno de los que levantó la mano y dijo ‘sí, hay que sancionarlos.’”, dice hoy González, en la comodidad de su amado club Palermo. “Él pudo haberse ido con nosotros, pero decidió quedarse. Y cuando llegó el momento para sostenerse en la Confederación, aprobó la sanción”.
Para Emilio Gutiérrez, sociólogo y autor de “Basquetbol argentino. 1956, donde habita el olvido”, las razones que dieron para esta decisión fueron excusas: “El amateurismo fue el argumento usado para acabar con la mejor generación y el mejor equipo del siglo XX, aunque estuviera en desuso.” Poletti acota: “Éste fue el único país del mundo en el que los dirigentes que suspendieron a jugadores por profesionalismo fueron los mismos que antes lo habían avalado”.
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Ricardo González entra a la cancha del Club Palermo para ver a un grupo de adolescentes jugando al deporte que a él le negaron hace 57 años. “¿Sabés qué es lo peor? No es que nos hayan borrado a nosotros, o a otros deportistas del momento. Es el golpe para el semillero. Sin figuras se hizo imposible que a los chicos les interesara el deporte”.
En 1967, la pena fue levantada para 23 de los 35 sancionados. Los otros 12, jugadores de Racing Club al momento del castigo, nunca fueron redimidos. El dato es casi una anécdota, porque de cualquier manera, para ese entonces el grupo ya había pasado la edad de retiro y no pisaría las canchas de nuevo. Furlong agrega: “La sanción sacó a una camada entera. El básquet nunca terminó de recuperarse”. González volvería a jugar en la categoría para veteranos, pero su tiempo bajo el reflector había quedado atrás hace tiempo. “Al básquet le tomó más de treinta años empezar la recuperación, gracias al impulso de la Liga Nacional de León Najnudel, pero todavía no tenemos nada asegurado.”
Aunque esa recuperación tardó, a su tiempo se plasmó en un puñado de nombres que, en el comienzo del siglo XXI, elevaron a la Argentina a los primeros lugares del deporte. Pero la Generación Dorada ya empieza a contar sus últimos días y la renovación de talentos aún se ve lejana. Intentar vislumbrar el futuro de un equipo nacional a largo plazo es, como lo demostró la Comisión Investigadora número 49 hace 57 años, una tarea imposible.
Los que quedan de la Generación Borrada, diezmados en espiritualmente por intereses políticos hace casi seis décadas y físicamente hasta el día de hoy por el inexorable avance del tiempo, siguen adelante como pueden. Sin olvidar la oscuridad que quisieron y lograron imponerles. Pero sabiendo que la llama que encendieron no pudo ser apagada, y que su luz, tarde o temprano, volvería a ser vista.

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Las basquetbolistas del General
Susana Abad, María Izal y Casilda Triacavilli eran integrantes del equipo de básquet de la Unión de Estudiantes Secundarios peronistas (UES, que dentro tenía basquetbolistas como Ricardo Alix y Miguel Ballicora) dirigido por el profesor Jorge Canavesi, entrenador del seleccionado masculino campeón en 1950. El técnico ya se había distanciado de la selección antes de la suspensión del ‘56. “En el Panamericano del ‘55 ni apareció, porque estaba armando lo que era la UES Trotters, una especie de Globetrotters pero con mujeres, que entrenaba directamente en la quinta de Olivos”, explica el sociólogo Emilio Gutiérrez. “Luego de una derrota lo llamaron. Le dijeron: ‘Los equipos del General no pueden perder’ y le elevaron un sumario. Lo mandaron al exilio, tuvo que arreglar las cosas y se fue a la Patagonia”.
“El COA siempre había sido manejado por gente de la clase alta, eran autárquicos, hacían lo que querían, pero Perón metió la Comisión Argentina de Deportes (CAD-COA) y al mando puso a su amigo Fernando Huergo, esgrimista, y como director a Rodolfo Valenzuela, presidente de la Corte Suprema”. Una vez derrocado el peronismo, el informe final de la Comisión de Investigación número 49 sugirió inhabilitar a las tres jugadoras, que figuraban allí por haber cometido la ‘inadmisible irregularidad’ de haber aceptado la disminución de categoría (habían jugado en primera y pasaron a jugar en tercera para la UES gracias a un permiso extraordinario concedido por el Dr. Valenzuela) una vez que el libro de pases había cerrado, y no por el hecho mismo de haber participado en ese programa deportivo.