TORRE DE LA BOCA


Es una de las 23 jugadoras que tiene contrato, vino de Formosa a ganarse un lugar en el equipo titular de Boca Juniors. Vive la vida de una persona mayor y está en plena adolescencia. Sus días se pasan entre colegio y entrenamientos. Para muchos tiene “suerte” para ella es constancia y no bajar los brazos.

La jueza Fortunato daba el pitazo final, Las Gladiadoras habían vencido 7 a 1 a Rosario Central frente a una tribuna explotada. La expresión de felicidad en la cara de la Torre (así la apodaron sus compañeras) era imposible de ocultar, había entrado en la historia del primer torneo semiprofesional de fútbol femenino. Luego del pase de Gabriela Chávez, Estefi controló la pelota y se la clavó en el ángulo a Camila Roma. Gol y a la planilla. La chica de Formosa ya escribía su primera página en el club de la ribera.

Con 16 años el objetivo era salir de su tierra natal. Allí en Formosa no quedaban desafíos por cumplir. Destacada entre sus compañeras y siendo parte de la selección argentina menor, quería venir a Buenos Aires. La primera opción, gracias a Lucho González (jugador de fútsal surgido en AAAJ, que también jugó en el Xeneize), fue Argentinos Juniors. Se hospedó con la mamá de él, pero la relación no fue buena y optó por cambiar de aire.

Se entrenaba tres veces por semana e iba al colegio a la tarde, a veces llegaba a las doce o una de la madrugada a su casa. Jugaba siempre y sentía el desgaste físico de ser la figurita que debía sacar adelante al equipo. Se parecía a lo que había dejado atrás y ya no le agradaba. Su vínculo con el “Bicho” de la Paternal no terminó de la mejor manera. Como no quiso quedarse a formar parte del equipo de 11, porque ya tenía la propuesta de Boca, la dirigencia no cumplió con el acuerdo de darle el viático mensual. Ni a ella, ni a la familia que la hospedaba.

“Estela me ama”, dice mientras esboza una sonrisa de oreja a oreja. Ella y el “Chino” son un matrimonio uruguayo que le abrieron las puertas de su casa a la “Torre”. La tratan como una hija más. Hasta le dejaron la casa sola para ella, al poco tiempo de conocerla, porque tuvieron que irse a Uruguay a hacer unos trámites. “Se hicieron querer en meses de conocerlos”.

Las mañanas son como las de cualquier adolescente. Se levanta a las 6:30, desayuna y 7:10 se toma el 135 para ir al colegio en Caballito. Una menos diez sale y se toma el 53 hasta La Boca. Ahí, Estefi, llega corriendo al comedor de la pensión de Boca Juniors y almuerza con el resto de sus compañeras. Aunque algunas veces no llega a tiempo para servirse y lo hace alguna de las chicas por ella, y otras “para no molestar”, directamente no almuerza.  Cruza Arzobispo Espinosa e ingresa en el Complejo Pedro Pompilio para cambiarse y entrenar dos horas y media. Termina, se baña y se va hasta la Av. Regimiento de Patricios a tomar el 24 que la deja en la Paternal, no sin antes pasar a retirar la vianda que les da el club para que cenen. A las 21: 30 se acuesta y finaliza su día.

En Boca hay varias jugadoras que vienen del interior. En el libro de pases de junio además de ella se sumó Dulce Tórtolo. La arquera cordobesa se transformó en su confidente más cercana y es con quien más tiempo comparte.

La selección argentina es otro capítulo en su corta vida. Fue dirigida por Diego Guacci y por Carlos Borrello, se hizo varias amigas y “aprendió mucho de sí misma”. Jugó Sudamericanos, la convocaron a la selección mayor, pero no quiso ir. Ella le entrega el 100% a Boca, club con el cual tiene contrato y al que quiere darle el máximo.

Estar lejos de casa pega duro, aunque eso no la venció y sigue luchando por su sueño. “Hoy no dejes de hacer lo que te gusta”, es una frase que usa siempre que siente que no puede continuar. Dios es su máximo apoyo: va a misa y trata de no caer en la vorágine de lo que es el día a día.

Es un tiempo invertido para algo grande, “Estuvo en los momentos lindos y feos, es un vínculo que no se puede romper”, eso es el fútbol para ella. Sueña con ir a Estados Unidos a jugar. Le gusta el fútbol del exterior, mira videos en YouTube y piensa que algún día tocará ese suelo. Aunque su mayor preocupación, ahora, es lo que le espera cuando vuelva a Formosa, el plantel fue licenciado por algunos días y allá tiene asignada una agenda cargada de actividades, además del entrenamiento que les dio el “profe” Esteban Pizzi. Espera sentarse a la mesa y no ser “Estefi la jugadora de Boca”, si no, que la llamen por ese apodo que le gusta tanto (no se nombra) y hace que sea una más.

El 6 de octubre, en la Cancha Auxiliar 1, Estefanía Palomar ingresaba en el segundo en lugar de Fanny Rodríguez (esa que venía de hacerle tres goles a River en La Bombonera), sin saber que a los 45’ iba a saltar, besar el escudo de su camiseta y fundirse en un abrazo con cada una de sus compañeras porque había convertido su primer gol como Gladiadora.

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