ENTREVISTAS
Jimena La Torre: “En el tarot, la IA nunca va a reemplazar la interpretación humana”
La astróloga que marcó presencia en televisión habló de su recorrido, dio su mirada sobre el futuro del esoterismo y también compartió detalles de su vida personal.
Jimena La Torre(57)empezó a estudiar astrología a los 20 años y terminó entre castings televisivos, boliches porteños y festivales donde combinaba shows con lecturas. Hoy, con un recorrido consolidado, la publicación de varios libros y un equipo de trabajo a su lado, defiende la seriedad de la práctica esotérica frente a lo que llama “contenidos sin base” en redes sociales.
—Empezaste en la astrología y terminaste en el tarot. ¿Cómo pasó de ser un interés personal a convertirse en tu profesión?
-Nunca lo decidí. La astrología fue mi primer amor y el tarot apareció después. Al principio lo hacía en cumpleaños o eventos, hasta que un dueño de boliche me pidió que lo hiciera en vivo. Así empecé a combinar shows con las lecturas, hasta que armé un camino profesional. Nada fue planeado, todo se dio naturalmente.
—Hoy abundan jóvenes en TikTok e Instagram que hacen lecturas. ¿Es democratización o banalización de la disciplina?
-Para las leyes esotéricas, uno necesita al menos diez años de estudio y después de los 26 años recién puede comunicar. Lo que veo en redes son contenidos sin base sólida. Puede servir como entretenimiento, pero no reemplaza la formación. La astrología y el tarot existen desde hace miles de años: nada de lo que aparece en redes es realmente nuevo.
—¿Qué pensás sobre quienes consultan a la inteligencia artificial para “tiradas de tarot”?
-Es un riesgo, porque la IA nunca va a reemplazar la interpretación humana. Puede combinar cartas o dar un informe técnico, pero no va a responder qué hacer con tu pareja o tu vida. Esa decisión requiere a alguien formado, que entienda símbolos y procesos. Una máquina nunca va a poseer la intuición ni la guía de alguien con experiencia.
—Tu historia personal está atravesada por pérdidas y conflictos familiares. ¿Cómo te ayudó tu profesión en ese proceso personal?
-La astrología me ayudó muchísimo. Me permitió entender mis vínculos, por ejemplo la relación complicada con mi madre o el modo en que idealice a mi padre… todo eso lo procesé a través de mi carta natal. Me dio herramientas de autoconocimiento y me ayudó a transformar la locura en un trabajo, en una profesión. No es solo estudiar: también hay que vivir.
(Me quedé con ganas de saber por qué era complicada la relación de la madre, qué hacía el padre que lo idealizaba… quedó algo cortito para el que no sabe)
—En tus consultas recibís problemáticas muy diversas y delicadas. ¿Dónde es necesario poner un límite?
-Jamás mezclo mi opinión con las lecturas. El tarot responde a todo: salud, trabajo, amor. Pero no me involucro más allá de lo que muestran las cartas. Si la persona no está lista para cambiar, no sirve que yo le diga qué hacer. Acompaño desde la lectura, nada más.
—En tu carrera acompañaste a otros a desarrollarse. ¿Cómo vivís ese rol de impulsar la profesionalización de una práctica que muchas veces fue vista con prejuicios?
-Tengo un equipo de once personas; contribuí a que más de treinta se registraran como monotributistas y asumieran su vocación con compromiso. No se trata solo de cartas: se trata de construir un camino de vida y enseñar a los demás que pueden ser alguien en este oficio.
—¿Cómo hacés para no agotarte con tantas energías y problemas de los consultantes?
-Tengo mis métodos de limpieza, que enseño en cursos y libros. Uso el doble cuántico, una técnica de visualización y meditación basada en la idea de comunicarse con una versión más elevada o consciente de uno mismo, como forma de conexión; hago baños, rituales sencillos y siempre confío en Dios. Son prácticas que me mantienen equilibrada.
—Después de tantos años de recorrido, ¿qué enseñanza te queda?
-Que nada es casualidad. Nunca busqué ser una referente de lo esotérico ni aparecer en televisión. Simplemente, las cosas llegaron. Y creo que ahí está la clave: confiar, estudiar, prepararse y estar lista cuando la vida te pone en el lugar que te corresponde.
