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ENTREVISTAS

Marte Lupardo, una artista sin lugar para la tibieza

Es cantante, youtuber, artista multifacética. Una mujer del espectáculo sin medias tintas. “Yo aguanto el maximalismo, la exageración, las chicas enojadas, gritando”, se autodescribe en diálogo con ETER Digital. 

Es miércoles por la tarde y Martina Lupardo llega a las corridas de kinesiología: “Me hice la loca en un show, hice un spin, un paso de baile del estilo Vogue. Me lastimé la rodilla”. Antes de la entrevista, Marte saca a dar una vuelta a su perra Lidia. Sus vecinos son testigos de un look que sobresale por no ser la típica porteña que viste de colores neutros, que se peina con gel y usa un maquillaje natural para no parecer que está maquillada.

Vive en Caballito. Si la ciudad de Buenos Aires es conocida como “La ciudad que nunca duerme”, Marte es la fiel representación de eso. No para. Se destaca con su minifalda de jean, tiene una campera rosa cuyo cuello está rodeado por una tela de peluche blanco con manchas negras, como si fuera el pelaje de un dálmata. Hace un juego perfecto imitando a Cruella De Vil, la villana de 101 dálmatas, con los labios rojos y su pelo bien negro. No dice su edad porque es algo que le enseñó su madre, Patito Browne. Marte creció en teatros, y hoy es toda una mujer (under) del espectáculo.

-Hoy está muy de moda esta estética de la “Sad Girl”, la chica misteriosa, triste. Y flaca y anoréxica. ¿Pensás que hay algo de pose o pensás que habilita hablar de salud mental?

También con las derechas reaccionarias que se vienen. Nos quieren así: tristes, deprimidas, ausentes, flacas, nos quieren desapareciendo. Las “Clean Girls”, el minimalismo, las “Trad Wives”, son todas corrientes que vienen de la mano de las ultraderechas. Son dispositivos de control sobre el cuerpo de las mujeres. Me parece que tiene un fundamento muy político. Por mi parte, yo aguanto el maximalismo, la exageración, las chicas enojadas, gritando. El drama. Me parece una respuesta linda, una contracultura linda.

En el 2018 el feminismo estaba mucho más presente, todos nos vestíamos con colores. ¿Crees que se puede como volver a eso o va a costar?

Yo creo que siempre vuelve de una manera muy escueta, como emparchando algunas cosas, nos ayuda un tiempo y después vuelve la derecha a arrasar con todo. Y los movimientos antifeministas están con todo ahora. Los varones se juntan entre ellos y no hablan, menos van a hablar de su vínculo con las mujeres, y eso es peligrosísimo porque son ellos los que tienen que reparar todo. Son ellos los que nos violentan y nos matan. Hay un pacto muy silencioso entre ellos de no compartir nada.

Marte no solo se expresa artísticamente y con su ropa de todos los días, también lo hace con sus opiniones. Para ella no hay lugar para la tibieza. Lo demuestra en su canal de YouTube.

El formato que utiliza es sentarse frente a cámara con su cuaderno de anotaciones y opinar de diversos temas, siempre con ironía. En el video “¿Por qué a Cordera le va mejor que a mí?”, su estética es parte del mensaje: luce una sombra turquesa intensa, muy similar a la que lleva la actriz Mia Goth en la película Maxxxine, y viste una campera estampada de leopardo.

En un momento, se desabrocha la campera para revelar lo que dice su remera: “Viva Perón”. Con esa remera como excusa, Marte hace un gancho para hablar de la entrevista que el periodista Pedro Rosemblat le hizo al cantante Gustavo Cordera, y sin pelos en la lengua opina: “Podes invitar a un refugiado de Palestina, podes hablar de Palestina, en este momento me parece que todos deberíamos hablar de eso. [Pero no], traes a Cordera a que se victimice, a que algunos pelotudos empaticen”

-Cuando Pedro Rosemblat entrevistó a Cordera hubo un debate sobre volver a explicarle a los hombres cuestiones que creíamos más que escuchadas por parte de ellos ¿Qué pensás de eso?

A los varones no se los educa. No tenemos que educar a varones ni maternarlos, pero sí obligarlos a que hablen entre ellos. Que se comuniquen entre ellos. Es muy difícil, estamos muy solas, realmente muy solas. Yo creo que sí necesitamos de ellos, de buenos aliados, de buenos hombres que nos defiendan. De buenos hombres que hablen por nosotras. Porque los escuchan más a ellos que a nosotras.

-Hace meses, Taylor Swift sacó un disco y la criticaron por no hacer un disco triste, profundo. Hubo un debate: cuando una artista está en su mejor momento personal saca mala música comparado a cuando está triste.

Yo pienso que en general se les exige mucho a las mujeres, sean los géneros que sean. A las compositoras se les exige más: que bailen, que sean lindas, que tengan unos buenos outfits, que no repitan outfits, que se renueven todo el tiempo, que se reinventen. Mientras un chabón puede seguir haciendo lo mismo a lo largo de toda su vida. Creo que ella dio un pequeño volantazo y ya la critican. Si bien ella no es santa de mi devoción, me parece que es muy white, muy blanquita. Es muy gringa, muy americana. Pero me parece que a las mujeres se las critica por muy poquito.

-¿Cómo manejás todas tus facetas? Porque YouTube no es lo mismo que sentarse a componer y grabar, son creatividades distintas.

En YouTube no hay mucha creatividad, me siento y hablo así como estoy hablando con vos, lo que sale; agarro un par de noticias, doy mi punto de vista. Ahora, el proceso creativo de las canciones sí es más interesante para mí. Trabajo mucho de afuera para dentro, pienso en imágenes, me disfrazo. A mí me encanta disfrazarme, es lo que más me gusta en el mundo. Me gusta mucho draguearme, montarme, y ahí van saliendo personajes. Tengo una canción que se llama “La Nube de Goku” y era una época en que me gustaba el animé y esas imágenes. Pero la mezclé con algo argentino también, medio porneta. Pero desde la estética, yo primero pienso el videoclip y después pienso la banda sonora de ese videoclip.

Marte no solo se expresa a través de su vestuario, maquillaje y gestos. No almorzó porque se durmió a las 5 de la mañana y, al despertar, fue directamente a su sesión de kinesiología. Incluso su manera de preparar el mate revelaba su estilo: al poner la pava, comentaba que nunca sabía cuál era la temperatura ideal. Dos minutos más tarde, retiraba la pava y preparaba un mate rebosante de yerba; al cebar, apenas un chorro provocaba que la yerba se desbordara sobre la mesa ratona de vidrio.

Su casa es un reflejo de su personalidad desestructurada. La luz natural que entra del living ilumina un sillón verde oscuro que se ilumina de blanco por los pelos de la perra. Lidia tampoco quiso quedarse atrás y se subió al sillón al momento de charlar con Marte: “Me das calor, bájate que la estrella soy yo”.

-Viniendo de una familia de artistas, dedicarte al arte, ¿fue una decisión o un mandato?

Fue totalmente un mandato. Era algo que naturalmente sabía hacer, lo iba a capitalizar y lo iba a aprovechar. Me pasó eso, como “bueno, sabés bailar, cantar y actuar, bueno, vamos a trabajar de esto”, fue como un trabajo para mí al principio.  Después colapsé y empecé a autogestionar. Empecé a audicionar para castings de comedia musical, para la televisión, empecé a quedar en el mainstream. Un poco por inercia, también porque mis viejos eran 

Con respecto a lo mainstream, ¿cómo fue ese momento que dijiste: “Bueno, me quiero ir de acá”?

El cuerpo me lo pidió. Yo estaba en Telefe, en el programa “Morfi: todos a la mesa”. Primero me habían contratado como comediante. Sucedió una situación muy machista en la que al actor que estaba conmigo le daban un guión, le decían qué hacer, y yo me la tenía que rebuscar, tenía que irrumpir, tenía que hacer algo improvisado, pero también sin pasarme de una línea porque Telefe tiene como una política familiar. No podés tener ni humor ácido ni humor negro. Y yo… O me quedo callada o hago un chiste sobre la muerte de tu madre, ¿entendés?.

– ¿Qué ocurrió?

– Sucedieron un montón de cosas, como por ejemplo, que en un momento yo le dije “nazi” a Carina Zampini en televisión. Imagínate decir eso al lado de Gerardo Rozín, fue fuerte. Como que yo sentí que me iban a echar y ahí me quedé súper reprimida. Había quedado como jarrón, como florero sin poder hacer nada, porque no podía hacer chistes, tampoco me tenía que quedar callada, no sabía, no encontré el gris.

-¿Y cómo siguió?

Yo soy re trash. Soporté ocho meses y ahí me agarró un brote psiquiátrico. Tuve que tomar medicación. Telefe me enfermó. Por eso lo que más se adecúa a mí es la música con autogestión, YouTube y las redes.

Al entrar al perfil de Instagram de Marte Lupardo, una de sus últimas publicaciones revela la estética de su nueva era: Cringe Queen. Está sentada con un champagne en mano, piernas abiertas, calza y tapado animal print, un body azul eléctrico como gimnasta de los años 70. El maquillaje es exagerado, sombra rosa flúo y cejas marcadas como un típico maquillaje de Drag Queen.

– Con respecto a tu nueva era, ¿por qué la elección la palabra “cringe”?

Leí una frase “cringe is the new punk” y me parece que para hacer lo que quieras hacer tenés que pasar un poco por la vergüenza. A mí me pasó que empecé haciendo cosas que daban un poco de cringe, me lo ponían en comentarios: “A mí me da mucho cringe pero no puedo dejar de ver”. Tenés que atravesar esos momentos de vergüenza ajena para encontrarte. Y ahí se me ocurrió como “reina del cringe”. La vergüenza ajena como respuesta también tiene que ver con esto que hablábamos antes. Como que para mí las “Clean Girls” murieron ya. Ahora tiene que venirse toda una época de colores y maximalismo y vergüenza ajena y hacer el ridículo también.

-¿Cómo fue ese proceso creativo, esas imágenes que te vinieron?

Quería hacer algo medio John Waters, quería hacer algo medio ‘80, también Cyndi Lauper, todo lo que es el maximalismo de los 80. Me puse una peluca rubia, medio Amy Winehouse también, como el trash de Amy Winehouse, pero en rubia. Me basé en un video de Nadia Lee Cohen, pero no quedó parecido. Llamé a una señora, a Marce, que es como mi alter ego. Esta cosa de decir que las mujeres grandes dan cringe si se ponen cierta ropa, bueno, resignificar eso. La pusimos en pelotas con las tetas para afuera, una remera que decía “Cringe Queen”, los pelos para arriba como una muñeca, la maquillamos, le hicimos fumar, que no tenga tapujos, que sea totalmente desfachatada. Y eso estuvo muy bueno porque se estigmatiza mucho la vejez. Poner en un video una señora, una vieja cringe, también. Cómo resignificar la palabra vergüenza.

Si tuvieras que definir o describir en tres emojis tu nueva era, lo que se viene de “Cringe Queen”, ¿cuáles elegirías?

La boquita así que se muerde, el sacón de plata, y el emoji que da una pirueta. Pero ese porque me gusta.

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