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Cuando la pasión se apaga: Victoria Marín y los desafíos del fútbol femenino en Jujuy
El fútbol, la familia y el periodismo siempre la atravesaron. Pero su propia experiencia, sumada a una realidad que la golpeó de lleno, hizo que de a poco se diluyera ese amor.
El fútbol la envuelve tanto que, apenas uno entra a su casa, lo primero que ve son cuadros antiguos de Lionel Messi y Diego Armando Maradona colgados en las paredes. Siempre hay una camiseta dando vueltas en su departamento, reafirmando ese amor por el deporte que la marcó desde chica.
Mientras preparábamos la entrevista, la felicidad de Victoria Marín era enorme: pocas horas antes, su primo —un referente para ella en el fútbol y en sus inicios como jugadora— había logrado meter a la Selección de Bolivia en el repechaje rumbo al Mundial 2026. Se trata de Maximiliano Alonso, preparador físico e integrante del cuerpo técnico que está haciendo historia en las Eliminatorias Sudamericanas.
Podría parecer una obviedad que su retiro de la Liga Jujeña haya sido con alegría y convicción, pero la coyuntura y las lesiones hicieron que esa historia, la que siempre soñó con un final feliz, quedara truncada y con un inevitable sabor a poco.
-Para entender un poco esta pasión. ¿Cómo nació el amor por el fútbol? ¿Quién te contagió ese fanatismo?
-Recuerdo a mi primo Maxi. Él jugaba desde chico y era mi compañero de los domingos. Siempre que nos juntábamos en familia, él era el que tenía la pelota. Yo lo veía y me metía a jugar con él y sus amigos. Nunca había otra mujer, la única era yo. Además, a mi abuelo le encantaba ver fútbol, a mi papá también, así que era el deporte que siempre se veía los fines de semana en nuestras casas.
-¿Cuándo sentiste que se encendió esa chispa para arrancar a jugar al fútbol? ¿Pasó algo puntual o a qué se debe?
-Sí, hubo un momento clave. Cuando me mudé al barrio Los Perales sabía que en la esquina de mi casa había una cancha, pero nunca veía chicas, era más que nada fútbol masculino. En ese momento me encontré con un profesor, que después terminó siendo amigo mío, y me contó que iba a abrir una escuelita para mujeres. Yo tenía entre 14 y 15 años. No lo dudé ni dos segundos y me metí. Ahí fueron mis primeros pasos en el fútbol amateur.

-Y en ese momento, ¿qué te motivó a sumarte a un equipo femenino de fútbol?
-Me llamaba la atención la coordinación que había que tener de la cabeza a los pies y, sobre todo, el grito del gol. Ese festejo grupal, esa algarabía que se vive en ese instante. Me preguntaba: “¿Cómo será vivirlo? ¿Cómo será ese momento?”. Después, cuando probé el fútbol, la verdad es que me costó; fue uno de los deportes que más me costó. Yo había hecho tenis, handball, gimnasia artística, pero el fútbol me resultaba muy difícil.
-¿Por qué creés que te costó?
-Primero, me di cuenta de que había que trabajar mucho para lograr un pase bien hecho, un buen cabezazo o simplemente para llevar la pelota en los pies sin que se escape. Yo nunca dejé de entrenar, pero en todo ese tiempo pasé por etapas de estudio, trabajo y entrenamientos.
Ahora que vivo sola es otra responsabilidad. Con los años las cosas se van complicando bastante, sobre todo siendo mujer. Hay muchas que tienen hijos y hacen dos trabajos por día. El trabajo también lo dificulta, porque los partidos y los entrenamientos suelen coincidir con los horarios laborales. Y cuando no entrenás, se nota el triple en la cancha.
-Y todo ese desgaste, el día a día, perderte partidos por trabajar… ¿Creés que fue llevándote a desenamorarte del fútbol?
-Sí, principalmente se me fue perdiendo la pasión por jugar. Antes sentía que era un motorcito para mí salir del trabajo, tomarme un taxi e ir corriendo a entrenar. Pero terminó siendo una obligación: cumplir con un equipo porque le correspondía a mis compañeras y a mi técnico.
En lo personal, siento que sí, que con el paso del tiempo las cosas cambiaron. Eso que pensé aquel día en el que entré a una cancha por primera vez y toqué la pelota, se fue apagando. La pasión se fue cayendo de a poco. Lamentablemente, uno nunca quiere llegar al momento de decir “ya no siento lo mismo” por un deporte que ama, pero pasa.
Hoy el fútbol queda solo como un deporte que me dio mucho, pero también me quitó. Las dos lesiones más grandes en mi vida fueron a causa del fútbol. Una de ellas, incluso, por el mal estado de una cancha. También duele no poder jugar con normalidad en un lugar que, en teoría, debería estar en condiciones para que a nadie le pase nada.

-Justamente hablando de tus lesiones y de canchas en mal estado, ¿cómo acompaña la Liga Jujeña a las mujeres dentro del fútbol? ¿Se sienten contenidas?
-La Liga hace mucho tiempo que viene bastante deteriorada, no solo en el femenino, sino también en toda la infraestructura en general. Nunca sentimos que hubiera una verdadera escucha. No hay baños en las canchas, hay pocas habilitadas y las pocas que hay no están en condiciones, tienen pozos.
Creo que hay muchos factores que hacen que las chicas no tomen a la Liga Jujeña en serio. A medida que vas creciendo, vas encontrando todas estas cosas que, al fin y al cabo, te sacan las ganas de jugar y de disfrutar el fútbol.
-Sos periodista y también vivís desde otro lado el fútbol y la realidad que se vive en la Liga Jujeña. Si pudieras decir qué podría cambiar la Liga para que no se alejen las chicas de las canchas, ¿qué sería?
-Haría un listado extenso. Pero es necesario que en los clubes haya entrenamientos integrales, mejorar la infraestructura y generar espacios de gimnasio para trabajar la fuerza. La mujer no entrena mucha fuerza, y eso hace que haya más lesiones. También sería importante contar con un espacio de coaching o un psicólogo deportivo que esté siempre presente en el equipo. Tener una cancha en condiciones, un baño donde cambiarse y acceso a hidratación son tres cosas que no pueden faltar en este deporte, junto con una buena gestión.
-Y como profesional, ¿qué te parece que falta hacer para que sea más visible el fútbol femenino en Jujuy?
–Hay mucho potencial en Jujuy, mucho potencial en el fútbol femenino. Solo hace falta involucrarse en el deporte y en la gestión. Desde el periodismo, también creo que es fundamental apoyar a cada una de las mujeres que quiere entrar en este deporte tan lindo, que lamentablemente requiere un esfuerzo extra, pero que en algún momento puede servir para otras personas.
Estoy segura de que, con más visibilidad y responsabilidad de las autoridades, los frutos van a llegar; y el resultado se va a ver en las chicas jugando en las canchas y no haciendo otra cosa o abandonando.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.
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