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Es tiempo de soltar la lengua: sobre la Colectiva Escritoras Patagónicas, Las Guachas y la poesía de Tamara Padrón Abreu
La autora chilena habla de la importancia del lenguaje escrito como ejercicio y medio para la expresión feminista.
“Escribo porque intento, una y otra vez, poder anclar algo propio en el territorio siempre extranjero, siempre inestable del lenguaje. Escribo como un ejercicio de soberanía íntimo, porque en lo profundo deseo que se fracturen los lugares aparentemente seguros”, afirma Tamara Padrón Abreu en su autobiografía publicada en Tilda (o los animales saciados).
Profesora en Letras, coordinadora de talleres, escritora y editora, nació el 19 de noviembre de 1980 en la ciudad de Lima, Perú. Vivió en Buenos Aires y se radicó en San Martín de los Andes. Actualmente es miembro del Centro Editor Municipal, integra el Consejo Editorial de las revistas Surrealidades y Pura pulpa, y forma parte de la Colectiva de Escritoras Patagónicas. Desde esa labor colectiva surgió, en 2019, el proyecto del libro coral de poesía y fotografía titulado Es tiempo de soltar la lengua: poemas despenalizantes. El mismo fue editado en 2020 por Las Guachas, editorial autogestiva feminista con la que recorre la autoría de mujeres de diversos territorios.
Ella es autora, a su vez, de los poemarios: Esquina sin ochava, antología (1999), Andenes (2003), Los días de la selva (2016), Migraciones (2018), y Tilda, publicado en el 2021 por Ediciones de la Grieta.

Irregular y desprolija, porta una estética que fractura lo estándar, que ejerce esa soberanía de lo íntimo. Baja del auto acalorada, desgarbada, pero con la palabra segura, inquietante. Saluda. “Siempre es un todo girar alrededor de la literatura”, dice.
Luego, explica que, para ella, a medida que pasa el tiempo, los acercamientos y las aproximaciones a la literatura van cambiando. Cuando empezó a estudiar Letras tenía la idea de que el lenguaje era una herramienta con la que se podía expresar. Ahora piensa que el lenguaje es una herramienta defectuosa, “nunca termina de decir lo que queremos decir” y, a través del lenguaje no sé si se termina de pensar aquello que realmente uno quiere.
La escritora continúa: “De alguna forma, no podemos pensar por fuera del lenguaje y el lenguaje nos hace trampa; y, particularmente, la poesía le hace trampa al lenguaje. Pienso que, si hay algo verdadero, algo que se aproxima bastante a aquello que somos, es la literatura, particularmente la poesía”.
Mira a través de sus lentes, y el reflejo desdibuja el foco: siempre hay un más allá. “Imagino el lenguaje no como algo estable sino como cuando uno es chica y jugás con el piso: es lava, o agua que se mueve, magma porque también quema”, sigue.
A su vez, ella determina que hay que buscar dentro de uno el lenguaje. Cree que es muy difícil tratar de discernir si lo que uno dice todo el tiempo es “de verdad de uno” o si tiene que ver con “fórmulas que ya están circulando”.
Por tanto, insiste en que “no todo el mundo quiere pensar”. “Pensar y mover cosas adentro tiene un costo. Para que salga algo propio tiene que haber muchísimas cosas: tiene que haber experiencia, pero también tiene que haber literatura. Sin lectura es como balbucear, tenés que escuchar a las demás como para aprender a poner tu palabra también”, comparte.
-Decís “escuchar para poder poner tu palabra”, y esto me lleva a preguntarte sobre lo propio y lo colectivo particularmente en el libro coral “Es tiempo de soltar la lengua”.
–A comienzos del 2019, una editorial de Buenos Aires nos convoca para hacer un libro de fotografía y poesía en torno a la despenalización del aborto con poemas de corte feminista. Y empezamos a darle forma al libro. Pero era muy difícil porque una cosa es militar sobre derechos humanos, y otra cosa es poner en marcha el proceso de la propia escritura, que no sea un panfleto, que haya un cuidado por la palabra. Entonces era difícil porque yo no sé si mi poesía es feminista; yo soy feminista.
Entonces la idea fue invitar también a poetas de otros lugares. Así se empezó a armar la revuelta que de pronto se hizo un tejido inacabable. Pero tuvimos un desacuerdo con la editorial porque nosotras queríamos un libro militante con un precio accesible, que no fuera privativo.
Al final, decidimos fundar Las Guachas, una editorial autogestiva y feminista que armamos junto con otras compañeras. Así, sacamos el libro por la editorial, y fue una edición de la que somos dueñas, y eso permitió que pudiera circular de otra manera.

Foto y diseño de tapa: Florencia Nobre y Leandro Martin
-¿Puede ser que algunos de los poemas tengan que ver con los discursos generacionales versus un discurso referido a la voluntad, al ejercicio político?
–Sí, cuando nos propusimos encarar desde la escritura, pensamos qué podemos hacer nosotras como poetas. La clandestinidad del aborto no es la única violencia ejercida contra las mujeres: la violencia en los medios, la falta de presencia del Estado, el vaciamiento de políticas de género en su momento, todo tipo de violencia a las que estamos sometidas las mujeres, desde las más chicas hasta quienes han vivido toda una vida víctimas, resilientes, supervivientes.
Se cruzaban un montón de cosas… Como la violencia con respecto a la maternidad, con las frases del tipo “¿qué vas a hacer?”, “te faltan pocos años”, “el reloj biológico”. Entonces, sí, hablamos de un montón de experiencias en una sociedad patriarcal. Somos voluntad y somos deseo.

Presentación de “Nos queda el mundo” de la Colectiva de Escritoras Patagónicas.
***
Desciende a la playa de rocas. Su paso es firme, aunque tambalea al compás de la pollera que flamea. Busca un lugar a escondidas del resto. Se aleja. Se oye un ruido acuoso. Vuelve con el pelo empapado, la ropa húmeda, cierto vapor de lago en la piel, cierta satisfacción, cierta fractura.
***
-En la autobiografía también hablás del deseo, y decís: “En el deseo espero que se fracturen los lugares aparentemente seguros”. Creo que tiene mucho que ver con tu último poemario Tilda (o los animales saciados).
-Varios poemas de Tilda son anteriores a Soltar la lengua, pero con el proyecto colectivo y feminista mandé todo al freezer. En 2021 volví a esos textos, a ordenarlos, a corregirlos; tenerlos guardados me permitió verlos de otro modo. Y tuve la suerte de ganar una beca para la clínica con Malú Urriola.
Empecé a escribir sobre Tilda, una actriz que me fascina. Ella era todo, camaleónica, algo más a nivel del cuerpo, donde el cuerpo va junto con el deseo. Tilda puede ser todo; podemos ser todo lo que queramos. Pura potencia deseante de la animalidad. Puede despojarse de su condición humana. Ser deseo puro; ser excesivamente humana. Esa distancia permite que nos veamos de otra forma. No es un libro homenaje; es una excusa, tomar esta idea, esta obsesión y darle curso, darle rienda.
-En muchos de los poemas pareciera haber cierto deseo de una definición que se va como desplazando hacia la imaginación, hacia el propio deseo, hacia lugares y espacios poco seguros. ¿Puede ser?
-Ojalá. Hay algo donde los recuerdos mienten, donde no estamos seguros de decir, donde decimos y al minuto ya decimos otra cosa, donde lanzás un poema y ya tiene cuatro direcciones. Y todo es poco seguro… Qué distinto sería el mundo si todo tuviera un cartel para todo… Esa seguridad es posible en una ficción. Y esos lugares seguros, el lenguaje no los tiene ni queremos que los tenga. La poesía socava, horada el lenguaje.
***
Con la ropa pegada a su cuerpo, Tamara entra en comunión con el territorio. Militante de una palabra que circula entre lo íntimo y lo colectivo, entre lo propio y lo repetitivo, nos ofrece una búsqueda por alcanzar eso que se desea: “poner algo propio ahí y poder verlo y poder entender” mediante “el lenguaje como una herramienta defectuosa, que nunca termina de decir lo que queremos decir”, como “un territorio siempre extranjero”, donde “se fracturen los lugares aparentemente seguros”, como “Fuga, luz, siluetas”, en una poesía “que socava, que orada el lenguaje mismo”.
“Así de simple” de “Es tiempo de soltar la lengua: poemas despenalizantes”
¿Por qué una mujer llora?
Esta mañana no sabe qué responder
A esa pregunta ni otras similares,
Estudia el reflejo de su rostro en la ventana
Reconoce el gesto perdido de su padre.
Ese día a todos los lugares que fue
Lo hizo caminando sobre su propio pasado.
Siente la porosa fragilidad
De la madera falsa, también
Siente la arena extendiéndose contra el mar.
A veces es posible estar en un sitio
Y al mismo tiempo en otro, intuye.
(…)
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.
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